Trader, ‘ultradeportista’, coach… Sus tatuajes y su imagen poco convencional le dieron a conocer, y hoy es una celebridad. Hablamos con Josef Ajram en exclusiva en Código Único de sus ‘haters’, de moda, de sus próximos retos y de las nueve fiestas que va a celebrar en 2018 pro sus 40 años.

Por JUAN VILÁ

Dice que tiene las cosas muy claras y hablando con él, esa es la sensación que transmite. Piensa y responde deprisa. La velocidad marca su vida. Compra acciones para venderlas el mismo día, participa en pruebas de ‘ironman’, colecciona deportivos, escribe libros, imparte cursos y conferencias… No tiene un segundo que perder. Está a punto de cumplir los 40 y reconoce que siente vértigo ante lo rápido que pasa el tiempo. ¿Su solución? Acelerar aún más.

– Código Único: ¿Qué quería ser de pequeño?
– Josef Ajram: Quería dedicarme a la bolsa.

– CÚ: ¿Nunca quiso ser astronauta o bombero?
No. Desde que tengo uso de razón lo veía bastante claro. Me fascinaba la variabilidad de los números, el que un día algo valga 10 y al siguiente 10,20.

– CÚ: ¿Y cómo le ha ido 2017?
– JA: 
2017 tiene dos caras. Para el trader, el que busca operaciones en el corto plazo, ha ido bien. Pero para el inversor ha sido un año difícil, porque ha estado lleno de incertidumbres, especialmente el último semestre por el conflicto catalán.

– CÚ: ¿Sirve de algo la intuición a la hora de invertir?
– JA: 
La bolsa es estadística pura. Nos regimos por unos patrones y, en mi caso, por una metodología que creé hace años. Eso te da unas probabilidades de éxito. En caso de que no salga bien, asumes la pérdida y vuelves a jugar. Es un ensayo-error constante.

– CÚ: O sea, que el factor suerte no existe…
– JA: 
Es un factor muy residual. Puedes tener buena o mala suerte en un dos o un cinco por ciento de las ocasiones.

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Josef Ajram lleva traje azul y corbata, de Fendi;  y camisa blanca, de Bonser, todo para Jofré. El reloj es un Tag Heuer Carrera Calibre 1887, un cronógrafo inspirado en las carreras de motor, de la mítica familia Carrera, creada por Jack Heuer.


 

– CÚ: Creo que le molesta cuando le llaman especulador.
– JA: 
Me molesta cuando tiene connotación negativa, porque parece que los de la bolsa somos los únicos que queremos que nos vaya bien. Pero no me molesta si es con buena fe y en el sentido de alguien que quiere tener la mayor rentabilidad con los menores recursos y en el menor tiempo posible.

– CÚ: ¿El dinero es una droga?
– JA: 
Si no lo sabes controlar, sí. Por eso creo que debe existir un aprendizaje. Si no lo has heredado, que es el caso de la mayoría, empiezas sin dinero, vas ganando, malgastas mucho y luego te das cuenta de que el dinero no es tan importante. Todas estas fases hay que vivirlas.

– CÚ: Dicen que para vivir de la bolsa hace falta un colchón económico muy grande.
– JA: 
No, yo empecé con unos 6.000 euros.

– CÚ: Le criticaron cuando contó que había ganado mucho dinero con el 11-S.
– JA: 
Yo hice mi trabajo. Un médico, y mi padre es pediatra, cobra cuando cura a un paciente. Si no hubiera niños que se ponen malos, no ganaría dinero. Yo intento aprovechar episodios de volatilidad, positivos o negativos. Ese día ocurrió una desgracia, pero yo no la provoqué. Nuestro trabajo es intentar aprovechar esos episodios extraordinarios para nuestros clientes, como ese día, el Brexit, la elección de Trump o lo que pase en España el 22 de diciembre después de las elecciones de Cataluña.


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Jersey de cuello vuelto, de Scalpers; y pantalón de lana, de PT01, para Santa Eulalia. Reloj Tag Heuer Monaco, con el clásico logotipo vintage Heuer.


 

– CÚ: Para usted esos días son un chollo.
– JA: 
Si salen bien, sí. Pero pueden salir mal y perder mucho. Las cosas no siempre se comportan como esperas.

– CÚ: ¿Ganó mucho el 11-S?
– JA: 
Lo del 11-S fue más un titular que la realidad. No está ni entre los 50 o 70 mejores días de mi vida. Pero resultó importante porque yo era muy joven. El día más rentable de mi carrera fue el 24 de junio de 2016, el del Brexit.

– CÚ: ¿Cómo lleva ser tan odiado en las redes sociales?
– JA: 
No, yo no soy odiado. Tengo 1,6 millones de seguidores en Facebook, Twitter e Instagram, y he estudiado que solo el 5% me odian. Eso son muchos en términos absolutos, porque hay 80.000 tíos esperando a que haga algo mal, pero no me siento odiado. Si me odiara tanta gente, no vendería 300.000 libros, no llenaría pabellones o salas de conferencias, y no sería portada de Código Único.

– CÚ: En el fondo, ese odio es una forma de reconocimiento.
– JA: 
Hombre, preferiría no ser odiado…

– CÚ: Pero es inevitable si tiene tanta repercusión.
– JA: 
Es inevitable, sobre todo cuando te posicionas respecto a determinados temas. Yo estoy totalmente en contra de la independencia de Cataluña, con lo que ya hay dos millones de personas propensos a odiarme, además me dedico a la bolsa, voy con una estética muy especial que algunos de mi negocio no entienden… Y así podríamos seguir.


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Abrigo, de Lanvin; jersey, de Berlutti; y pantalón, de PT01, todo para Santa Eulalia.


 

– CÚ: ¿Y no se ha planteado dejar las redes?
– JA: 
No, no, no. Para mí es una maravilla tener un altavoz de comunicación gratuita.

– CÚ: ¿Se siente cómodo con la fama?
– JA: 
No me considero famoso. Soy conocido, como mucho, y me siento muy agradecido. Que la gente invierta tiempo y dinero en algo relacionado conmigo merece mi agradecimiento y mi sorpresa porque, además, es algo que nunca he buscado. Nunca he querido ser famoso, salir en la tele ni nada de esto. Siempre he estado en mi burbuja financiera y han ido pasando cosas.

– CÚ: Alguna vez ha dicho que los medios se fijaron en usted por los tatuajes.
– JA: 
Sí, porque es lo que te hace único. Hay bastante gente que se dedica a la bolsa o que hace deporte extremo. Pero personas que se dedican a las dos cosas no hay tantos. Y con las manos tatuadas solo hay uno. Eso te gustará más o menos, pero comunicativamente es muy identificable.

– CÚ: Al margen de los tatuajes, ¿le da mucha importancia a la imagen?
– JA: 
Me ayuda mucho mi mujer. Yo soy un poco desastre. A ella le encanta la moda y me ha enseñado que, casi sin esfuerzo, puedo ir igual de cómodo y mostrar una imagen mejor.

– CÚ: ¿Cuál es su prenda básica?
– JA: 
En invierno, la chaqueta de cuero. A mí la ropa me da igual, pero me gusta comprarme lo que yo llamo ‘piezas’. Tengo una cazadora de Philipp Plein que es ‘mí prenda’. Me encanta.

– CÚ: ¿Y alguna que no le guste nada?
– JA: 
La ropa interior [risas]. Hace 20 años que no uso calzoncillos. Solo me los he puesto para la sesión de fotos…

– CÚ: ¿Alguna marca fetiche?
– JA: 
Gucci, sobre todo después del cambio, que ha sido espectacular.

– CÚ: Usted es embajador e imagen de Tag Heuer. ¿Qué tipo de relojes le gustan?
– JA: 
Aunque es un poco contradictorio con mi imagen, me gustan los clásicos. Por ejemplo, el TAG Heuer Monaco, que tiene un estilo a lo Steve McQueen, es cuadrado, robusto…

– CÚ: ¿Le gustan los cronógrafos?
– JA: 
No especialmente. Lo que me gusta de un reloj es que cumpla su función: que de la hora y exprese mi personalidad.

– CÚ: ¿Cuántas horas entrena al día?
– JA: 
Depende de la época. Ahora estoy fuera de temporada y dedico entre 90 y 150 minutos. En temporada alta, de tres a cinco horas.

– CÚ: ¿Qué tipo de entrenamiento hace?
– JA: 
Ahora, un poco de todo: gimnasio, corro, bicicleta… En temporada, el 90% es bici.


 

«Hace 20 años que no uso calzoncillos. Solo me los he puesto para estas fotos.»


– CÚ: ¿Y cuántas horas dedica a trabajar?
– JA: 
Las menos posibles [risas], porque tengo un buen equipo en el que puedo delegar. Unas cuatro al día. Eso sí, el precio de estar tan poco en la oficina es vivir pegado al teléfono, porque puede pasar cualquier cosa y hay una serie de decisiones que solo puedo tomar yo.

– CÚ: ¿Nunca se ha planteado en serio dedicarse al deporte profesional?
– JA: 
No, porque para ser deportista de élite hay que dedicarse exclusivamente a eso: entrenar, descansar y nada más. Y yo tengo claro que mi prioridad es la bolsa.

– CÚ: ¿Lo importante es ganar o lograr el reto que se ha marcado?
– JA: 
Para mí, lo importante es plantearme un proyecto, luego la disciplina del entreno y para acabar, disfrutar al máximo de la prueba. A partir de ahí, me doy al cien por cien e intento quedar lo mejor posible. Y si hay gente que me gana, la felicito.

– CÚ: ¿Cómo recuerda su primera maratón?
– JA: 
Fue en Barcelona, en 2002, y fue durísima. Sufrí muchísimo, lloré y empecé a descubrir un dolor que no había experimentado nunca. Fue terrible y, al acabar, maravilloso.

– CÚ: ¿Cuál ha sido el último?
– JA: 
El de Nueva York del año pasado.

– CÚ: Y poco que ver con el primero, ¿no?
– JA: 
Nada que ver. En el primero sufrí para no arrastrarme; ahora también sufro, pero para ir rápido. Ya conozco mi cuerpo, sé qué debo comer, qué debo beber… Se disfruta más.

– CÚ: ¿En qué tiempo está?
– JA: 
Mi mejor marca son 2.55.

– CÚ: ¿Qué prueba recuerda como más dura?
– JA: 
El recuerdo más heavy es de hace 11 años, cuando estuve por primera vez en el Maratón des Sables: 230 kilómetros por el desierto en seis días en autosuficiencia. Una locura.

– CÚ: El deporte extremo, tal como lo cuenta, es puro masoquismo…
– JA: 
Lo parece, pero…  Bueno sí, parece masoquista y lo es [risas]. Esto no es deporte-salud, es deporte-destrucción.

– CÚ: ¿Tanto como destrucción?
– JA: Sí, sí, total. Es destrucción la semana de la carrera. Lo que pasa es que antes haces muchos días de construcción: te cuidas, comes, duermes… Y luego te revientas.

– CÚ: ¿Cuál es su próximo reto deportivo?
– JA: 
Mi primera gran competición de 2018 será en la carrera de bicicleta de montaña más importante del mundo, la Cape Epic, en  Sudáfrica. Iré con mi amigo Carlos Coloma.

– CÚ: ¿Qué pruebas tiene aún pendientes?
– JA: 
He hecho las que quería. No hay un Everest que aún tenga pendiente.

– CÚ: Y a nivel personal, ¿qué retos tiene?
– JA: 
Ser el mejor padre posible de una niña de ocho años a la que, al estar separado, no puedo ver cada día. El reto es que ella algún día piense que ha tenido un buen padre.

– CÚ: Una de sus inversiones fallidas fue comprar la bicicleta de Lance Amstrong…
– JA: 
Sí. Fallida porque después del escándalo del doping ya no vale nada [risas].

– CÚ: ¿Cuál es la pregunta que más le hacen cuando imparte sus cursos de bolsa y sus conferencias?
– JA: 
En las conferencias, a la gente le interesa cómo gestiono el tiempo. El resumen viene a ser ocho horas para mí, ocho horas para trabajar y ocho para dormir. Y en los cursos de bolsa quieren conocer mi método y cómo gestiono las emociones: cómo no dejarse llevar por la euforia ni el pesimismo.

– CÚ: ¿Qué le ha costado más digerir: el éxito o el fracaso?
– JA: 
Lo que más me ha costado es entender que el éxito no existe. Crees que es un fin, que es algo que tienes que alcanzar y luego, cuando lo consigues, te das cuenta de que no es lo que te habían contado.

– CÚ: Otra de sus pasiones son los coches.
– JA: 
No es otra. Es ‘la’ pasión.

– CÚ: ¿Qué coches tiene?
– JA: 
El principal, el que uso para llevar las bicis y demás, es un Hyundai Tucson, y luego tengo mis inversiones, porque literalmente los considero así: un Lamborghini Diablo SuperVeloce y un Mercedes McLaren SLR.


 

El deporte extremo parece masoquista… ¡y lo es! A este nivel no es salud, es destrucción.


– CÚ: ¿Y tiene algún coche soñado?
– JA: 
Un Pagani, por artesanal, por potente, por bello… Pero es complicado [risas].

– CÚ: En 2018 cumple 40 años. ¿Le impone?
– JA: 
Pensaba que no, que la crisis de los 40 era un mito, pero sí [risas]. El tiempo de los 30 a los 40 ha pasado muy rápido. Lo he aprovechado, pero da mucho vértigo.

– CÚ: ¿Asustado?
– JA: 
Sobre todo desde que tuve a mi hija. Ha sido exponencial: las cosas han ido a una velocidad que no imaginaba. Así que de los 40 a los 50 habrá que pisar a fondo.

– CÚ: ¿Y cómo va a celebrarlo?
– JA: 
Voy a hacer nueve fiestas, una cada mes, como si fuera un embarazo. Empezaré en abril y acabaré en fin de año. Aún no las tengo pensadas, iré improvisando, pero seguro que se me ocurren cosas [risas].