El 5 de septiembre de 1972, en la ciudad alemana de Múnich, un grupo de terroristas palestinos mantuvo al mundo en vilo durante 19 interminables horas. Hasta la fecha, es la gran tragedia olímpica de la historia. La recordamos en Código Único.

Por: RODRIGO PADILLA Fotos: Getty Images

Parecía un grupo de atletas de vuelta a la Villa Olímpica tras una escapada nocturna por las cervecerías de la ciudad. A nadie le extrañó que intentaran saltar la valla que rodeaba el complejo; no eran los primeros que hacían lo mismo. Algunos miembros del equipo estadounidense, que también volvían de una noche de diversión, les ayudaron a encaramarse a la valla y pasar al otro lado sus bolsas de deporte.

Una vez dentro, los supuestos atletas se dirigieron al bloque de la delegación israelí. Abrieron sus bolsas, sacaron Kaláshnikovs y granadas de mano y entraron en el primer apartamento. Moshé Weinberg, del equipo de lucha, oyó ruidos extraños y se levantó para ver qué pasaba. Fue él quien dio la voz de alarma antes de caer abatido junto con otro compañero. Nueve deportistas israelíes consiguieron escapar, nueve más quedaron dentro. Comenzaba así un secuestro que solo podía acabar mal. Y pasaría a la historia como la mayor tragedia olímpica jamás ocurrida, hasta la fecha.

Los ocho terroristas del grupo Septiembre Negro, creado por la Organización para la Liberación de Palestina un par de años antes, exigieron la liberación de 234 presos árabes internados en cárceles israelíes. El Gobierno de Tel Aviv rechazó toda negociación. Golda Meir, la primera ministra, sabía que una cesión alentaría nuevas acciones terroristas en un conflicto cada vez más enquistado. La opción del intento de rescate era la única que estaba sobre la mesa. Las autoridades alemanas siguieron negociando mientras planeaban una operación para la que su policía no estaba preparada.


Munich 1972: tragedia olímpica

UN 5 DE SEPTIEMBRE DE HACE 45 AÑOS

A las 4.40 horas del 5 de septiembre de 1972, un grupo de terroristas palestinos asalta la sede de la delegación israelí en la Villa Olímpica. A las 11.30 horas, Israel rechaza negociar; a las 15.30 horas, se suspenden los Juegos; a las 18 horas, los secuestradores aceptan volar a Egipto; a las 22 horas, llegan al aeropuerto; a la medianoche, todo termina en un baño de sangre.


 

El desenlace no pudo ser peor. Ante la negativa israelí al canje, los terroristas aceptaron volar a Egipto junto con sus rehenes, para lo que fueron trasladados hasta el aeropuerto en dos helicópteros. Una vez allí, no tardaron en darse cuenta de que les habían tendido una trampa. El chapucero intento de rescate terminó a medianoche entre disparos y explosiones de granadas.

En la tragedia olímpica murieron 5 terroristas, los 9 atletas israelíes y un policía alemán. A la mañana siguiente se celebró una ceremonia de homenaje y los Juegos Olímpicos, que habían sido suspendidos pese a las reticencias iniciales del COI, continuaron entre unas medidas de seguridad reforzadas. Múnich había querido organizar unas Olimpiadas amables para borrar el recuerdo marcado por la impronta nazi de Berlín 1936, pero la cruel realidad tiñó de sangre el sueño olímpico de la hermosa capital bávara.