No solo el poder unía a Napoleón, Churchill o el zar Alejandro I. Tenían otra cosa en común: todos lucían un Breguet. O varios. Eran los mejores y más famosos clientes de este relojero parisino. Y su relación iba más allá de la común entre un artesano y un comprador.

Por Beatriz Roldán

Abraham Breguet no fue solo el padre de la relojería moderna, también fue uno de los personajes más célebres del París del siglo XVIII. A él acudían hombres ilustres, emperadores, reyes y nobles de todo el mundo para hacerle sus encargos. Y hasta los más afamados escritores le citaban en sus obras: el ruso Aleksander Pushkin incluyó en su novela Eugenio Oneguin referencias a sus relojes  y Honoré de Balzac los enalteció en muchas  de sus novelas.

El relojero de la ‘jet set’ 2Breguet abrió su taller de relojería en Île de la Cité en 1775. Su primera clienta y admiradora fue la reina María Antonieta, quien adquiría sus creaciones para uso personal y, de paso,  les daba publicidad en la Corte. Agradecido, Breguet diseñó para ella el reloj Nº 1160, conocido como María Antonieta, que reunía todas las complicaciones conocidas hasta entonces. La reina no llegó a verlo, pues se acabó en 1827, 34 años después de su muerte, pero  el reloj pasó a la historia como el más complicado jamás realizado. La pieza fue robada en 1983 en un museo de Jerusalén y, aunque reapareció en 2007, Nicolas G. Hayek, fundador del grupo Swatch, propuso en 2004 hacer una réplica exacta del original. Se concluyó cuatro años más tarde, de modo que ahora existen dos ejemplares.

Napoleón fue otro incondicional. En 1798, días antes de marchar a Egipto, compró el reloj de carruaje Nº 178, que incluía la función de repetición de cuartos. Y Caroline Murat, su hermana, encargó a Breguet 34 piezas entre 1808 y 1814, una de ellas el primer reloj de pulsera de la historia.

El relojero de la ‘jet set’ 4El éxito llevó a Breguet hasta Rusia, a pesar de la prohibición impuesta por el zar Alejandro I a la entrada de productos franceses a causa de las políticas napoleónicas. Pero ya se sabe que quien hace la ley hace la trampa, y el monarca ruso no tuvo reparo en visitar de forma anónima su taller parisino para encargar el Classique Réveil du Tzar, un modelo con despertador y segundo huso horario.

La casa también ha contado entre su clientela con compositores como Rossini, con políticos como Winston Churchill, que acudía regularmente a la Casa Breguet para el mantenimiento de su reloj, el Nº 765, y hasta con nobles españoles, como los Duques de Fernán Núñez o la familia de los Duques del Infantado. Una muestra más de que la calidad siempre   acaba saltando las fronteras.