Alta tecnología y joyería convergen en el complementos con más estilo que un hombre puede lucir, el reloj. Pero hay que saber cómo llevarlo y elegir el modelo adecuado para cada muñeca y cada ocasión. Para eso, nada mejor que diseccionar su anatomía, su historia y sus códigos.

POR JOSÉ LUIS DÍAZ GARDE

Si hay una joya por excelencia para el hombre, esa es el reloj. Aquí nos podemos permitir el uso de materiales como el oro y el platino sin ningún temor a llamar la atención por nuestra elección. Pueden ser más grandes o pequeños (la tendencia dice que vamos a empezar a ver cómo se reduce el tamaño de las cajas), más deportivos o más elegantes, digitales o analógicos… Pero, aunque muchos prefieren ahora el teléfono móvil, todos hemos tenido alguna vez un reloj sin ser conscientes del poder que puede tener este complemento a la hora de definir nuestra personalidad frente a los otros.
Aunque algunos afirman que no debería llevarse nunca con esmoquin esta prenda es para las noches de fiesta, donde lo que menos importa es la hora, lo cierto es que como la joya que es, muchos deciden lucirlo cuando más se engalanan.

Es además uno de los regalos más comunes cuando hablamos de enfatizar una etapa en la vida de un hombre terminar el colegio, licenciarse, la petición de mano…

Si pensamos en James Bond, en su muñeca siempre veremos un Omega. Mario Conde marcó un antes y un después con su Hublot, que hizo que la marca se vendiera como churros en nuestro país. Y de todos es conocida la afición del rey emérito, Don Juan Carlos I, por coleccionar los modelos de Audemars Piguet. Incluso Albert Rivera tuvo su gran momento tras un debate en el que lucía un llamativo modelo naranja de la firma Swatch. Está claro que los hombres nos fijamos en los detalles y muchas veces la vista se nos va hacia la muñeca.

Eso sí, esto no quiere decir que sea un terreno que controlemos. Y es que la relojería no es nada fácil. Basta abrir una pequeña puerta de este mundo para descubrir detrás de ella todo un universo que pocos serán los que consigan abarcar. Y es que los relojes son como el tiempo, infinitos. Pero siempre podemos tener una serie de nociones básicas. Son estas.

1. La correa… ¿y qué más?
Hay elementos que no necesitan una aclaración (una correa por ejemplo) pero sí otros. Así, si hablamos de la caja nos referiremos a la cubierta del reloj, dentro de la cual está el bisel (anillo exterior), la esfera (zona donde están los números y las agujas) y la corona (pieza que nos ayuda a controlar el interior del reloj).

2. ¿Desde cuándo va en la muñeca?
En el siglo XIX ya existían modelos de muñeca de mujer, pero se popularizaron tras la Primera Guerra Mundial. El hombre necesitó verlo en los primeros pilotos para incluirlo en su indumentaria. Uno de los primeros modelos es el que en 1904 encarga el piloto brasileño Alberto Santos Dumont a su amigo Louis Cartier. Desde entonces el Santos es todo un símbolo.

3. ¿Por qué lo llevamos en la izquierda?
La costumbre marca que el reloj se lleve en la muñeca izquierda. El origen de esta tradición está en el siglo XIX, cuando los relojes de bolsillo se solían colocar en el bolsillo izquierdo, se sujetaban con esa mano y así se podían manipular fácilmente con la derecha. Al ponerse de moda los de pulsera, los pilotos también prefieron prenderlos en ese mismo lado.

4. ¿Japón o Suiza?
No mucha gente es consciente de la crisis que sufrió la relojería suiza en los 70, cuando casi estuvo a punto de desaparecer. Fue Japón quien provocó una revolución en la tecnología y en el precio presentando los modelos de cuarzo. Esta situación casi desesperada sembró el germen para que pocos años después apareciera la firma Swatch con su revolucionario modelo de negocio que resultó ser el salvavidas de la industria suiza.

5. ¿De cuarzo o mecánico?
Los relojes se dividen en dos tipos de ‘movimientos’: de cuarzo y mecánicos. Los de cuarzo son los que funcionan a través de una pila o batería. Los mecánicos se subdividen a su vez en dos subgrupos: los automáticos (emplean el movimiento de la mano para cargarse de energía) y los de cuerda, que deben su energía al movimiento que tenemos que hacer con la corona prácticamente a diario. Si bien es cierto que los primeros son más exactos, los segundos son los relojes más apreciados.

6. ¿Cuáles son las big five?
Si hablamos de safaris, nos referiremos al león, al búfalo, al elefante, al leopardo y al rinoceronte; pero si de lo que tratamos es de relojería, en ese caso estaremos hablando de las cinco grandes manufacturas suizas: Audemars Piguet, Breguet, Jaeger-LeCoultre, Patek Philippe y Vacheron Constantin. Se han convertido en el gran símbolo de esta tradición suiza por sus grandes complicaciones que han hecho historia en uno de los campos más apasionantes de los accesorios.

7. ¿Qué es una ‘complicación’?
Es curioso cómo algo tan difícil de realizar puede ser tan fácil de explicar. Una complicación es, como su propio nombre indica, algo muy complicado. Son los movimientos que añaden al reloj funciones más allá de la hora, minutos y segundos. Verdaderas obras de arte en miniatura (el reto es conseguir lo máximo en el mínimo espacio) que pueden tardar en realizarse incluso un año. Las más clásicas son: repetidor, tourbillon, cronógrafo, calendario, fases de la luna y reserva de energía. Para que un reloj sea considerado de gran complicación tiene que tener al menos tres. El reloj más ‘complicado’ del mundo es el Franck Muller Aeternitas Mega 4, con 36 complicaciones. Su precio, más 2,5 millones de euros.

8. ¿Qué es el valle relojero?
El oeste de Suiza es donde se concentran las regiones relojeras. Fue allí donde en los siglos XVII y XVIII se creó esta industria nacida en pequeños talleres de los ganaderos que durante los meses de frío se concentraban en desarrollar y perfeccionar los movimientos que luego vendían en verano. El Valle de Joux, junto con el vecino cantón de Neuchâtel, tiene el honor de ser quizás la enseña más famosa al acoger entre sus montañas las sedes del Big Five (Audemars Piquet, Breguet, Jaeger-LeCoultre, Patek Philippe y Vacheron Constantin).