El triángulo mágico de Asturias: Gijón, Avilés y Oviedo

Las tres grandes ciudades asturianas –Oviedo, Gijón y Avilés– se han deshecho del pasado más herrumbroso y han apostado por un futuro basado en la renovación y la regeneración. Vanguardia, cultura y tradición dibujan un paisaje urbano que suele pasar desapercibido y que merece la pena descubrir.

Por RODRIGO PADILLA

A veces, la naturaleza puede ser muy injusta. Levanta cordilleras afiladas frente al mar y cubre sus laderas de prados y bosques. Labra valles atravesados por ríos impetuosos y recorta un litoral de arenales y acantilados y de brisas y galernas. Crea un entorno espectacular y lo riega con las dosis exactas de sol y lluvia para que muchos pongan en duda que el Jardín del Edén estuviera a orillas del Éufrates y no a orillas del Cantábrico, en esta Asturias de pueblos pesqueros y aldeas de montaña, de osos y pequeñas iglesias románicas, de hórreos y sidra y buen comer y mejor dormir.

El protagonismo se lo quedan nombres como Llanes, Cudillero, Luarca o Ribadesella, y no dejan ver más allá. Porque junto a la Asturias rural hay otra Asturias igualmente atractiva, la urbana, representada por tres ciudades que forman un triángulo invertido con la base apoyada en el mar y el corazón tierra adentro: Avilés, Gijón y Oviedo, la capital del Principado.

Las tres ciudades han estado durante mucho tiempo relegadas a un segundo plano por la exuberancia de la naturaleza asturiana y la belleza de sus pueblos, pero también por una pujanza industrial caduca que dejó una imagen oscura y sucia de Avilés y Gijón y un aire de provincianismo aletargado flotando sobre Oviedo, la Vetusta que Clarín recreó en La Regenta.

Pero todo eso ha cambiado. Las tres ciudades han lavado sus fachadas y sus calles adoquinadas, han recuperado lo mejor de su pasado mirando al futuro y, lo que es más importante, han sabido ganarse a sus habitantes recuperando esa calidad de vida que solo puede darse en Asturias. Qué envidia.