La prisión de Alcatraz: 55 años sin infierno

Lastrada por su pésima fama, achacoso estado y elevados costes de mantenimiento, la prisión de Alcatraz, en la bahía de San Francisco (Estados Unidos) fue clausurada en marzo de 1963. La cárcel más famosa del mundo cumple este año 55 desde su cierre.

Por RODRIGO PADILLA

El cielo estaba cubierto y soplaba un aire húmedo y frío. El perfil de las colinas se dibujaba borroso al otro lado de la bahía, con el Golden Gate y el skyline de San Francisco a sus espaldas. Los 27 reclusos salieron por la puerta principal en fila, con las manos esposadas y grilletes en los pies. Sobre los hombros, un grueso chaquetón azul, cortesía de la Marina. Cuando el último de la hilera, un contrabandista llamado Frank Weatherman, cruzó el umbral camino del embarcadero, la gruesa puerta se cerró con un eco de metal que retumbó en las galerías desiertas y las celdas vacías. Después, el silencio cayó sobre Alcatraz, la penitenciaría a la que los presos se referían como Hellcatraz.

Aquel infierno en la tierra comenzó siendo una ciudadela defensiva, levantada a mediados del siglo XIX en una isla frente a la entrada de la bahía. El Departamento Federal de Prisiones adquirió las instalaciones años después para transformarlas en una cárcel de alta seguridad, pensada para los delincuentes más problemáticos y para aquellos especialmente dados a fugarse.

El lugar parecía el más idóneo: una roca rodeada de aguas siempre frías, en medio de fuertes corrientes y a menudo envuelta en niebla. Allí se construyó un edificio de tres pisos dividido en cuatro bloques, con un patio al aire libre enmarcado por muros que solo dejaban ver el cielo, y se instalaron las medidas de seguridad más modernas del momento. En sus 29 años en servicio solo se produjeron 14 intentos de fuga, algunos espectaculares, presuntamente ninguno con éxito.

Entre los 1.576 hombres que pasaron por Alcatraz desde su apertura en 1934 figuran muchos de los criminales más famosos de Estados Unidos, como Al Capone, George Ametralladora Kelly o Alvin Creepy Karpis.

A pesar de la mala fama que se labró entre los reclusos por la dureza del trato y lo inhóspito de su emplazamiento, y las quejas de parte de la sociedad, que abogaba por un sistema carcelario más orientado a la rehabilitación de los presos, los motivos que llevaron a decretar su cierre fueron económicos: la humedad y la sal causaban estragos en las instalaciones, y los costes de mantenimiento eran extremadamente altos. Hoy, Alcatraz es un museo, y 1,4 millones de turistas visitan cada año un lugar que sigue manteniendo un aire siniestro.