Paris-Roubaix: Las fotos más espectaculares del Infierno del Norte

La París-Roubaix es la clásica ciclista más exigente y, también, la más atractiva del mundo. Por eso se le llama el ‘Infierno del Norte’, que se recorre cada segundo domingo de abril.

Por CÓDIGO ÚNICO / ISMAEL PÉREZ

El segundo domingo de abril es una fecha clave para el ciclismo. Ese día, desde 1896, se celebra una de las clásicas más antiguas del mundo y la más dura, la París-Roubaix. Aparte de por su longitud (260 km), el ‘infierno del Norte’ se caracteriza por sus 50 kilómetros de pavés en los últimos dos tercios de la ruta. El tramo más temido son los 2.400 metros de la Trouée d’Arenberg, una pista traqueteante y resbaladiza como el hielo. «Esta carrera es una estupidez. Te esfuerzas como un animal, tienes que orinarte encima y acabas cubierto de fango. Es una mierda», dijo de ella Theo De Rooij en 1985 nada más bajarse de la bici. Pero cuando le volvieron a preguntar, el ciclista no lo dudó: «Sí, la París-Roubaix es, sin duda, la carrera más bella del mundo».

A la Paris-Roubaix se la considera uno de los 5 grandes ‘monumentos’ del ciclismo, es decir, las carreras de un día más importantes, más allá de las grandes carreras como el Giro d’Italia, el Tour de Francia o la Vuelta a España. Y es el tercero que se disputa, tras la Milán-San Remo, en marzo y el Tour de Flandes, el primer domingo de abril, y antes de la Lieja-Bastogne-Lieja (el cuarto domingo del mes) y del Giro de Lombardía, que cierra el calendario a principios de octubre.

Los belgas y los franceses han sido los mejores históricamente sobre los adoquines, mientras que España, una potencia de este deporte, nunca ha conseguido el triunfo. Solo Juan Antonio Flecha, un loco apasionado de esta prueba tan peculiar, una ‘rara avis’ en el ciclismo español, estuvo cerca de entrar victorioso en el velódromo de Roubaix, al ser tercero en dos ocasiones.

Tampoco parece que la edición de este 2018 vaya a ser el año donde cambie la tradición. Los favoritos son los adoquineros, ciclistas que saben soportar el rebote del pavés como el holandés Nikki Terpstra, reciente ganador en el Tour de Flandes, de similares características, el belga Greg Van Avermaet y el checo Zdenek Stybar, los dos primeros del año pasado, el alemán John Degenkolb o el popular eslovaco Peter Sagan.