Maldivas, buceo entre tiburones y mantas raya

Sumergirse en las playas vírgenes del Océano Índico, recibir masajes sobre la arena de un atolón o cenar con tu pareja en una isla desierta. No todas las opciones para disfrutar de diciembre pasan por tomar pato, atragantarse con las uvas y cantar villancicos. El crucero Four Seasons Explorer oferta una experiencia de lujo en Maldivas en la que la Navidad también puede ser blanca, pero solo por el color de la arena.

POR VÍCTOR GODED

Al sol –pleno y ardiente– le gusta verse durante horas reflejado en el agua, que le recibe con una temperatura agradable. La suave brisa acompaña la escena, como un técnico de iluminación en un plató de rodaje. Por debajo del nivel cero danza en perfecta sintonía un ecosistema marino singular y dispar bajo una imaginaria composición de Tchaikovski. La única revolución que altera la cadencia es el oleaje, que con su suave bamboleo agita con cariño el proscenio donde se mueven de manera sosegada los peces, tortugas y delfines, con las coloridas anémonas como atrezzo.

A más de 8.500 kilómetros no se escuchan las campanadas de la Puerta del Sol ni los cláxones en los atascos en la medianoche. Tampoco incordian las largas colas que se forman para comprar. Ni siquiera molestan los villancicos que se repiten por otras latitudes más frías. Es Navidad en cualquier parte del mundo occidental. También en las Maldivas. Pero, navideño o no, esto es un paraíso. Y qué mejor que flotar sobre él.


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TERRITORIO OCULTO

Más de mil atolones forman Maldivas. Sus fondos están entre los mejores lugares del planeta para el buceo. En el atolón de Felidhu en la imagen, entre los corales negros, habitan desde tortugas y tiburones a mantas raya.


Four Seasons Explorer es una experiencia íntima. Para 22 huéspedes concretamente. Un resort flotante con garantía de lujo y confort. Un cuadro de acuarela sobre el Índico. La odisea puede durar tres, cinco o siete noches, según las apetencias del consumidor. Durante ese tiempo se enardecen los sentidos con chapuzones en playas desiertas  y paradas en algunas comunidades rurales donde la cadena tiene otros complejos, como el Kuda Huraa –en una isla privada de exuberantes jardines tropicales- y el Landaa Giraavaru, un refugio virgen en el atolón de Baa, declarado Patrimonio de la Humanidad.

La exclusividad pone su punto y aparte en la propia embarcación. Diez camarotes espaciosos de 20 metros cuadrados donde la luz solar forma parte de la decoración gracias a un ventanal que ocupa todo el lateral. En la estancia se impone la relación directa entre el hombre y el mar. Tampoco dan la espalda a la modernidad tecnológica: aire acondicionado, cuarto de baño con bañera y ducha, un cómodo sofá, televisor con pantalla plana y fruta fresca para alhajar las papilas gustativas. El súmmun de la elegancia la firma la incomparable suite, de 45 metros cuadrados, con vista panorámica  al océano y una cama king size.

La única suite tiene vistas panorámicas al Océano Índico

Las zonas comunes no pierden la compostura. Dos bares, una sala de estar, una biblioteca y un emplazamiento señero para adorar al astro rey. Todo, sintetizado en 39 metros de eslora y tres cubiertas.

El servicio es de aúpa. La tripulación la forman 23 miembros, lo que se llama una atención personalizada. Elaborados menús con flexibilidad de cambio según el momento, limpieza de habitaciones dos veces al día… Nada queda al azar. Eso sí, la excepcionalidad son las actividades.


 

Maldivas, buceo entre tiburones y mantas raya 1CENA DE BIENVENIDA

Como un acto de apertura, la primera noche se sirve la cena con el capitán. Todos los huéspedes se sientan juntos en torno a una mesa que él preside.


 

Es el coliseo de los buceadores. Si esto fuera una religión, cada ‘peregrino’ tendría que probarlo al menos una vez en la vida. El entorno posibilita mezclarse con mantas raya, tiburones, ballenas, delfines, tortugas y otras especies acuáticas con instructores especializados para explorar thilas, vírgenes arrecifes de coral y restos de naufragios. Las inmersiones se completan con las explicaciones de un biólogo residente, que comparte con los turistas su conocimiento sobre las criaturas marinas locales. Que nadie se asuste, no todo es sumergirse con bombonas de oxígeno. El crucero ofrece planes alternativos para quienes aman la inmensidad pero prefieren respirar por sí mismos: snorkel, esquí acuático, wakeboard, windsurf, kayak, pesca…Maldivas, buceo entre tiburones y mantas raya 7Maldivas, situado de media a 2,3 metros sobre el niver del mar, es el país más bajo del mundo. Eso hace que sus playas sean paradisíacas, pero también supone una amenaza por la lenta pero inexorable subida del nivel de las aguas marinas.

 

Por supuesto, unas vacaciones deben incluir prácticas de relajación. En la cubierta del barco hay una zona dedicada al spa, donde se ofrecen terapias naturales inspiradas en los principios curativos antiguos de Asia. Los tratamientos disponibles incluyen masajes indios a base de hierbas o una envoltura hidratante y refrescante. Por si fuera poco, el restaurante dispone de un imponente jacuzzi.

El servicio incluye masaje particular en un atolón

Se contemplan también propuestas premium que no tienen réplica en ningún otro lugar del planeta: barbacoas nocturnas en una isla desierta con el cielo estrellado de fondo, embarcarse en un dhoni –el típico catamarán de la zona– para realizar descensos submarinos o ser el protagonista de un masaje sobre la fina arena blanca de uno de los atolones de las Maldivas.

Disfrutar la Navidad de otra manera es posible. Y no tiene por qué ser oscura ni helada. Ni abigarrada ni consumista. Eso sí, para encontrarla hay que irse al otro lado del planeta, al Índico de las Maldivas.