El Teatro del Liceu cumple 170 años

Desde su apertura en 1847, el Liceu de Barcelona ha asistido en primera fila a todos los cambios de la sociedad catalana.

POR RODRIGO PADILLA

El público que se arremolinaba aquella tarde a las puertas del flamante edificio era tan variopinto como el programa de la función inaugural, que incluía una sinfonía de Joan Melcior Gomis; el drama Don Fernando el de Antequera, del dramaturgo Ventura de la Vega; una danza andaluza del músico Josep Jurch y una cantata en italiano de Joan Cortada y Marià Obios titulada Regio Imene. Miembros de la alta burguesía, damas elegantes, emprendedores y abogados de renombre, pero también funcionarios, comerciantes y pueblo llano acudían entusiasmados al teatro con mayor aforo de Europa. Barcelona, veían ellos, por fin tenía un escenario a la altura de su nueva pujanza industrial y, sobre todo, creado a la medida de sus promotores, muy diferentes de esa aristocracia tan del Antiguo Régimen que les miraba por encima del hombro desde el vetusto Teatro de la Santa Creu.

El Liceu, más que un teatroPocos podían imaginar que la Sociedad Dramática de Aficionados iba a llegar tan lejos. Creada diez años antes por Manuel Gibert, comandante local de la Milicia Nacional, su objetivo inicial era bastante modesto: montar funciones de teatro como forma de obtener fondos para renovar los uniformes. El éxito de la iniciativa fue inmediato en una ciudad en plena expansión y ávida de entretenimiento. A los pocos meses sumó el canto, especialmente la ópera italiana, que apasionaba a todos los públicos, y pasó a denominarse Liceo Filarmónico Dramático Barcelonés. La sede original, el antiguo convento de Montsió, enseguida se quedó pequeña y se apostó por la construcción de un nuevo edificio en plena Rambla, sufragado por la venta de acciones entre la burguesía. Había nacido la Sociedad del Gran Teatre del Liceu, encargada de la gestión hasta la entrada de las instituciones públicas en 1980.

Este primer edificio, obra del arquitecto Miquel Garriga i Roca, fue ampliado tras quedar prácticamente destruido en el incendio de 1861, aunque se salvaron sus elementos más característicos: la fachada, la escalinata principal y el elegante Salón de los Espejos, conservados también tras la reconstrucción que siguió a un segundo incendio, este ya en 1994. En muy poco tiempo el Liceu se convirtió en centro de la vida social y política catalana. Desde las localidades de pie del gallinero o desde los lujosos palcos de mármol y caoba de la nueva oligarquía, la sociedad barcelonesa asistió a las mejores óperas y a los vaivenes de una época especialmente agitada. Los ecos de una memoria que encabalga ya tres siglos resuenan en este edificio asomado a la Rambla, la arteria por donde fluye la energía que da vida a la siempre vibrante ciudad de los prodigios.

Fotos: Almy/Herms y D.R.


El Liceu, más que un teatro 6Hace 170 años…

La tarde del 4 de abril de 1847 abría sus puertas el Gran Teatre del Liceu, en su época el teatro de ópera con mayor aforo de Europa. El programa de aquel día incluía varias piezas de música, danza y teatro. La primera representación de ópera no llegaría hasta el día 17: Anna Bolena, de Gaetano Donizetti. A esta seguirían otras muchas, que consagraron al Liceu como uno de los grandes escenarios del continente.

El Liceu, más que un teatro 5Manuel Gibert i Sans (1795-1873)

Militar y abogado, fue clave en la Barcelona del siglo XIX: presidente del ferrocarril de Mataró, capitán de la Milicia Nacional, gobernador civil, pionero del Ensanche e impulsor del primer Liceu, al que vio arder en 1861 (en la imagen).