Cómo gastar un millón de euros en St. Barth

Para fundirse una cantidad de dinero de siete cifras en este paraíso caribeño no hay que correr mucho. Por algo St. Barth es el refugio de las estrellas de Hollywood y de los oligarcas rusos. Viajamos a la isla donde el exceso es la norma.

Por Sergio Muñoz

Seguro que la has visto en Instagram. Es el paraíso de aguas turquesas, arena blanca y colinas selváticas donde Leonardo DiCaprio vapeaba rodeado de modelos, Beyoncé saltaba las olas y Bella Hadid degustaba un helado en una de sus pintorescas calles. Es la isla de St. Barth, el Valhalla donde los dioses de la fama y el dinero se refugian del mundanal ruido. Exclusiva y cosmopolita, es poco probable que la factura por una estancia en este territorio francés baje de las siete cifras.

St. Barth, situada en las Antillas Francesas, es como un pedazo de la Costa Azul trasladada al Caribe. Sus casi 9.000 habitantes, descendientes de normandos y bretones, son blancos y viven en casas de estilo europeo. Fue Cristóbal Colón quien descubrió esta pequeña isla de solo 21 km2 en su segundo viaje a América en 1493 y la bautizó con el santo de su hermano Bartolomé. Los franceses llegaron en el siglo XVII, aunque por un tiempo fue colonia sueca. De hecho, su capital, Gustavia, debe su nombre al rey Gustavo III de Suecia.


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A TODO LUJO

Le Barthélemy Hotel & Spa, inaugurado en octubre de 2016, ha sido el último establecimiento en llegar a St. Barth.


Los primeros moradores tuvieron que vérselas con una geografía volcánica y un clima cálido de 27 ºC de media todo el año. En 1956, el magnate David Rockefeller –fallecido el mes pasado a los 101 años– decidió convertirla en un edén exclusivo para ricos… y así se mantiene. No es difícil ver a Mick Jagger tostándose al sol en la playa de Anse de Grande Saline, un arenal escondido tras unas salinas abandonadas considerada una de las mejores playas del mundo. El cantante Jimmy Buffet descansa en su casa de St. Barth en verano y es propietario del restaurante Cheeseburger in Paradise, bautizado como uno de sus éxitos. John Legend o Paul McCartney, a dúo con The Killers, han amenizado fiestas privadas en el Nikki Beach Club, el local de moda de St. Barth. Harrison Ford, Stella McCartney, Mariah Carey o Marc Jacobs también han sucumbido a los encantos de St. Barth.¿Cómo gastar un millón de euros en St. Barth? 10Desde la piscina del Hotel Villa Marie se divisa toda la Bahía des Flamants.

 

Aquí no hay ni rastro de turismo masivo. La isla cuenta con poco más de 20 hoteles, todos de lujo, y exclusivas villas. Uno de los establecimientos más conocidos es el Eden Rock Hotel, ubicado sobre un promontorio rocoso unido a la playa por un istmo de arena. Pasar una noche en tan idílico lugar cuesta hasta 4.500 euros. Su restaurante, Rock Bar, lleva el sello del chef Jean-Georges Vongerichten, alma máter del local de tres estrellas Michelin Jean Georges de Nueva York. Inaugurado hace solo unos meses, Le Barthélemy Hotel & Spa cuenta solo con 46 habitaciones. La Ocean Lux Suite, con piscina privada, está a 2.000 euros la noche.

¿Prefieres mayor privacidad? Alquila alguna de las villas con vistas al mar. El precio está a la altura del lugar. Wimco Villas, uno de los real estate más exclusivos de St. Barth, ofrece alojamientos como Villa Camp David, con ocho habitaciones a solo unos metros de la arena de la playa de St. Jean, por 160.000 euros la semana.


¿Cómo gastar un millón de euros en St. Barth? 9UN PARAÍSO PARA EL BUCEO

En los fondos marinos de St. Barth hay langostas, tortugas marinas o tiburones nodriza. En la imagen, el conservador Turenne Laplace.


Para ir de tiendas, por supuesto, no sirve la calderilla. Le Carre d’Or, un centro comercial de lujo junto al puerto de Gustavia, cuenta con una buena colección de boutiques libres de impuestos. Prada, Hermès, Cartier, Versace, Fendi, Chopard, Dolce & Gabbana… Están todas las grandes.

El oligarca es otra de las especies que habitan St. Barth, y gusta de surcar sus aguas con yates inmensos, bien visibles en el puerto de Gustavia. La embarcación Eclipse, de 168 m de eslora –el segundo yate más grande del mundo–, propiedad del magnate ruso del acero Roman Abramovich, está atracado en St. Barth. Su precio nunca fue revelado, pero se calcula que sería de unos 500 millones de euros. Bernard Arnault, propietario de Louis Vuitton; Leslie Wexner –dueño de Victoria’s Secret y Abercrombie & Fitch– o Laurene Powell Jobs, viuda de Steve Jobs, también se tuestan en las cubiertas de sus yates al sol de St. Barth. ¿Quieres imitarlos? Alquilar un yate aquí cuesta hasta un millón de euros por semana. Quizá nuestro presupuesto de siete cifras se queda muy corto.

Fotografías: Eric Martin / Figaro Photo