Recorrer los históricos castillos escoceses al volante de un Morgan Rodaste 4/4 es la manera más elegante y estilos de empaparse de la historias y las leyendas de la tierra de William Wallace o Gerard Butler. Un coche mítico para un destino no menos mítico. ¡Arrancando motores!

POR JEAN-LOUIS TREMBLAIS 

«El esplendor del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva. la belleza de la velocidad […]. Un automóvil rugiente que parece que corre sobre la metralla es más bello que la Victoria de Samotracia».

En 1909, Filippo Tommaso Marinetti publicaba su Manifiesto del Futurismo en Le Figaro. Ese mismo año, al otro lado del canal de la Mancha, el británico Harry Morgan, que probablemente no había leído ni una línea del escritor italiano, iba a hacer realidad ese sueño al abrir su taller en Malvern (Worcestershire). Primero fabricando unos simples triciclos motorizados, hasta que en 1936 Morgan lanza su el Roadster 4/4, un elegante, estiloso y eficaz cabriolet biplaza que pasó de inmediato a ser el prototipo del vehículo british. Ochenta años depués, y aún en Malvern, los herederos de Morgan siguen ensamblando a mano y por encargo ese modelo. Y es, cómo no, es el vehículo que hemos elegido para recorrer los casillos de Escocia.

Quedamos con Alex Stewart en Dollar, no lejos de Edimburgo. Alex es un apasionado del motor que alquila vehículos clásicos por días o semanas. El Morgan Roadster 4/4 que nos ofrece es de 1984. cinco velocidades, motor de 1.800 cc y de un rojo cegador. Unas pocas lecciones y ponemos rumbo al noroeste, a la región de Angus.

Como primera etapa hemos puesto el ojo en el castillo de Glamis por su temible reputación. es el primero del país en la lista de castillos encantados. Entramos en él por un majestuoso camino que acaba entre las estatuas de Jacobo VI y Carlos I. se trata de un castillo en forma de L, plagado de almenas y torrecillas, construido en el siglo XVII por la familia Bowes-Lyon, condes de Strathmore y Kinghorne. Su guía nos confirma la presencia de dos fantasmas. «Hay un hombre y una mujer; la señora de gris de la capilla, que ya han visto cuatro de nuestros empleados, y el jugador de naipes de la cripta, al que hay personas que han escuchado insultar y gritar». No es nuestro caso. Otro lugar muy apreciado de Glamis es el Duncan Hall, donde William Shakespeare sitúa el asesinato del rey Duncan en Macbeth. Una falsedad, pues dicho regicidio sucedió en el castillo de Elgin, siglos antes de que se construyese el de Glamis. Pero el lugar sí que ha alojado a personalidades reales. la reina madre (1900-2002), bautizada como Elisabeth Bowes-Lyon, pasó aquí su infancia, y fue el lugar de nacimiento la princesa Margarita (1930-2002).

Otros fantasmas, los de la Historia, nos esperan algo más lejos, en el castillo de Dunnottar. De esta fortaleza medieval instalada en la cima de una roca basáltica azotada por el viento y el mar del Norte no quedan más que ruinas. Y las almas de los que aquí murieron. En 1297, William Wallace, el héroe nacional escocés (a quien Mel Gibson interpreta en Braveheart), quemó viva aquí a toda una guarnición inglesa. Aquí también, en 1685, 167 covenants, presbiterianos militantes y anticatólicos, fueron encerrados y torturados por desviacionismo. Considerado inexpugnable, el castillo albergó las joyas de la corona de Escocia, que hoy se encuentran en Edimburgo, en la época de Cromwell y de la guerra civil, antes de ser arrasado por los ingleses en 1715 durante los levantamientos jacobitas. Dunnottar resume por sí solo las convulsiones político-religiosas y las aspiraciones nacionalistas de Escocia.

Pero Escocia, consulta mediante, sigue siendo británica. Y de ello se alegran, evidentemente, los Windsor, propietarios del castillo de Balmoral. Para llegar a él hay que viajar a lo largo del río Dee y pasar el macizo de los Grampianos. El castillo lo compró la reina Victoria en 1852 por 30.000 libras y lo mandó reconstruir en estilo escocés baronial. Y aunque la familia real pasa aquí tres meses cada verano, las posibilidades de cruzarse con su Muy Graciosa Majestad son mínimas, pues la parte abierta al público es mínima e Isabel II está bajo la vigilancia permanente de 120 soldados de élite y agentes del MI5.

El siguiente destino es un castillo menos glamuroso pero con más encanto, que se encuentra injustamente lejos de las rutas más transitadas. En pleno corazón de los montes Grampianos, Craigievar es el decorado de un cuento de hadas. En origen era una tower house medieval, una suerte de torreón mejorado concebido para la defensa y no para el prestigio. En 1610, su nuevo propietario, William Forbes, mercader de la Hansa, lo transformó en un palacete añadiendo gárgolas y miradores a la fachada. Pero se esmeró, sobre todo, con el diseño interior. techos de estuco y molduras, querubines y serafines y citas en latín. A pesar de haber estado abandonado durante una temporada, se abrió al público en 2010 bajo los auspicios del príncipe Carlos. Pero todavía no cuenta con luz eléctrica. aún en 2016 la iluminación se realiza con velas, lo que le da todo el aspecto de estar congelado en el tiempo.

No es el caso de Ballindalloch, junto al río Avon, a las puertas del valle del Spey (patria del whisky y de las principales destilerías). Un espléndido dominio que dirige Guy Macpherson-Grant, quien vive en un ala del edificio con su mujer y sus tres hijas. Este resuelto hombre de negocios pone en el castillo todo su empeño. Lejos de confiar únicamente en el turismo, saca todo el partido del potencial de los lugares, diversificando sus actividades dentro de una única finca. agricultura, silvicultura, cría de vacas angus, pesca, caza, golf… Recientemente, ha inaugurado una destilería de whisky cuyas primeras cosechas ya están envejeciéndose.

Cuando se deja atrás Ballindalloch camino de las Highlands, el paisaje se vuelve menos bucólico y más salvaje. Tras atravesar varios firths (estuarios, en gaélico) y dejar atrás Inversness empiezan a distinguirse las plataformas petroleríferas del litoral del mar del Norte. Pero cuando aparece el castillo de Dunnrobin («el más francés de los castillos escoceses», como dicen los folletos) la sorpresa aumenta. Desde el siglo XIII pertenece a los condes y duques de Sutherland, y debe su aspecto actual a Charles Barry, el arquitecto del Palacio de Westminster, que lo amplió en 1850. La influencia francesa es notable. escaleras monumentales, mobiliario estilo Luis XV, hasta el jardín, inspirado en Versalles y André Le Nôtre. Pero hay otra influencia que hace de la zona un vergel, la de la corriente del Golfo, que proporciona un microclima único.

La arteria NC500 (North Coast 500 Miles), poco trillada por los turistas, es un regalo para la vista. Nosotros la tomaremos durante un tramo, para volver a bajar hacia el oeste. Se trata de una carretera estrecha, sinuosa, con unas panorámicas ilimitadas de los lagos y las islas occidentales. Y así, suavemente, esta ruta nos conduce hasta el castillo de Eilean Donan, a la entrada del lago Duich. Es la postal de Escocia. Un fortín que se levanta sobre un islote al que se accede por un puente empedrado. Este centinela de roca lleva ejerciendo como guarida desde hace siglos, lo que provocó que la marina inglesa lo hiciera explotar en 1719 tras ser tomado por tropas españolas aliadas de los católicos escoceses; posteriormente, fue restaurado a principios del siglo XX. Es, sin duda, el mejor representante de esa Escocia eterna y fantasmagórica.
Tras iniciar el camino de vuelta, realizamos una última parada en Stirling. En la cima de un promontorio rocoso, este imponente castillo controla la ruta de las Highlands, lo que lo ha convertido en objeto de deseo y lugar de numerosas batallas. La más conocida se remonta a 1297 y fue la primera que ganaron los escoceses a la armada inglesa. El autor de esta hazaña no fue otro que William Wallace. Su fama entre la población autóctona se debe a que esa batalla dio inicio al camino hacia la independencia en 1314. Wallace fue capturado en 1305 y pagó su osadía a precio de oro. fue torturado, capado y descuartizado (quemándole las vísceras) delante de la población londinense, antes de ser decapitado y desmembrado. Sus miembros se enviaron a todos los rincones del reino y su cabeza se clavó en el puente de Londres. Todo, para dar ejemplo. En 1869, el pueblo escocés le levantó un imponente memorial, el Monumento a Wallace, en los alrededores de Stirling. Una historia conmovedora.

Pero lo bueno se acaba y tenemos que regresar a Dollar, deolverle las llaves a Alex Stewart, y decir adiós a los castillos escoceces y, a nuestro pesar, al Morgan.


BALMORAL
Este castillo es la residencia veraniega de la familia real de Inglaterra. La reina Victoria, enamorada de Escocia, adquirió la propiedad en 1852 por 30.000 libras. Un buen negocio.

ESCOCIA en descapotable.


STALKER
Algunos castillos no se visitan, como esta casa-torre medieval encaramada en una isla en mitad de un lago.

ESCOCIA en descapotable. 1


DUNROBIN
Es medieval, aunque el edificio actual y los jardines fueron añadidos entre 1835 y 1850 por Charles Barry. Está abierto al público.

ESCOCIA en descapotable. 2


CRAIGIEVAR
Tras años de abandono, se reabrió al público en 2010 bajo los auspicios del príncipe Carlos.

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BALLINDALLOCH
Se levantó en 1546 y ya van 23 generaciones de la familia Macpherson-Grant que han vivido en él.

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GLAMIS
En este castillo pasó su infancia la Reina Madre de Inglaterra y tiene el dudoso honor de ser el castillo más encantado de Escocia. Sus empleados dicen que así es, pero nadie lo ha demostrado.

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