En la ciudad del mundo que más ha crecido en la última década les gusta hacer todo a lo grande. Entre rascacielos, vehículos de alta gama y lingotes de oro que salen de los cajeros automáticos, el lujo se ha convertido en algo ordinario. Sin perder su esencia costumbrista y milenaria, la perla del Golfo Pérsico abre las puertas al turismo con una oferta hotelera y de ocio que no tiene parangón en ningún otro lugar del planeta.

POR VÍCTOR GODED

Entre interminables dunas, bañado por el Golfo Pérsico, un calor incisivo y con las tormentas de arena en la pole position se descubre la ciudad que mejor se atribuye el vanguardismo del siglo XXI. Aterrizar en Dubái es como alcanzar la cumbre de la ostentosidad. Con un vistazo al aparcamiento del aeropuerto -el tercero con más tránsito mundial- se hace evidente que incluso el lujo puede estar desatendido. Ferraris, Porches o Rolls Royce se alinean abandonados por sus dueños, en una estampa de abulia parecida a la que visualizó Casey Newton al apearse en Tomorrowland. Pero el leve descuido acaba en la puerta de entrada -o de retorno según se mire-, como quien se quita los zapatos como paso previo a la visita a una mezquita.

Dubái, un mundo de récord Guinness en el desierto 7Dubai recibe cada año con un show pirotécnico en el Burk Khalifa.

 

La bienvenida más universal la sirve el Burj Khalifa, el rascacielos más alto del mundo. Sus 828 metros de altitud son argumentos suficientes para contemplarlo durante unos segundos como si fuera la sesión fotográfica de una modelo. No solo reluce por fuera. En su interior se acoplan impactantes récords que contextualizan las dimensiones adquiridas, como tener el honor de ser el inmueble con mayor número de plantas (163), tener el mirador más elevado (a 555 metros) o la piscina situada a mayor altitud en un edificio (piso 76). Dubái, un mundo de récord Guinness en el desierto 8Los paseos en camello por la playa es una propuesta habitual para los turistas.

 

El sillón preferencial para los turistas está en el Burj Al Arab, el único hotel conocido con siete estrellas, que flota sobre el agua con su forma de vela. Dormir en una de sus 202 suites –no hay habitaciones ‘normales’–, decoradas por mármoles preciados y paredes revestidas de oro de 22 quilates, tiene un precio de salida de 1.300 euros la noche. Pero esa oferta es para un cuchitril de 169 metros cuadrados, lejos de los 780 que mide la más cara. En las zonas comunes llama la atención la fuente del lobby que emite cada media hora géiseres de 30 metros de altura. Si la intención del cliente es salir por la metrópoli, la dirección del establecimiento pone a su disposición un servicio de transfer con vehículos de alta gama o un helicóptero privado. Dubái, un mundo de récord Guinness en el desierto 5Vista aérea del complejo de islas Palm Jumeraih.

 

Precisamente el cielo es la mejor tribuna para apreciar el Palm Jumeirah, una maravilla arquitectónica moderna. La mano del hombre ha convertido a esta isla con forma de palmera datilera gigante en un artificio de la que se pueden tomar imágenes incluso desde las ventanillas de la Estación Espacial Internacional. Y no es solo un reclamo para dar un paseo; constituye una urbe en sí misma. Sobre su superficie de 31 kilómetros cuadrados, bajo un esqueleto de rocas y tierra, hay volumen para acoger hasta 65.000 residentes que se interconectan por carretera y monorrail. Al final de la misma, dándose la mano con el mar, se impone el fastuoso Hotel Atlantis, que alardea de hospedar el mayor parque acuático de Oriente Medio, el Aquaventure Water Park. No le falta ningún detalle: toboganes que en vez de bajar suben, un tubo que atraviesa un acuario por su interior, y rampas mecánicas para ascender a los atracciones.

Palm Jumeirah, el icono arquitéctónico de Dubái, se puede ver desde la Estación Espacial Internacional

Con lo acuático como hilo conductor y sin perder el argumento del catálogo Guinness caemos al Aquarium, ubicado en las grutas del Dubai Mall que, cómo no, es el centro comercial más grande de la Tierra.  Unas 140 especies se amanceban en este zoo que  respeta el descanso de los animales merced  a un novedoso sistema de ilumnación. Pirañas, cocodrilos o peces tigres desfilan por el panel acrílico más largo conocido hasta ahora. Los más atrevidos tienen la opción de sumergirse con los tiburones bajo la tutela de instructores de buceo. En la variedad está el gusto. De la fauna a la flora solo hay un paso, el que desemboca en el Miracle Garden, un jardín con más de 45 millones de tipos de plantas en floración repartidas en 72.000 metros. Huelga decir que no hay otro igual en ningún continente. Con las flores como denominador común se forman pirámides, estrellas, iglús o corazones que alegran la vista.Dubái, un mundo de récord Guinness en el desierto 2El hotel Burj Al Arab tiene 321 metros de altura. Llama la atención su fuente del lobby.

 

En Dubái los extremos se tocan. Al contraste de modernidad y tradición le hace sombra la disparidad de poder presumir, con el bochorno típico en los emiratos, de la pista de esquí indoor más colosal del globo terráqueo. Sobre una longitud de 400 metros, cinco pistas están más cotizadas que cualquier estación tradicional.  Dubái, un mundo de récord Guinness en el desierto 3En 2005, Andre Agassi y Roger Federer jugaron un partido de exhibición en los alto del Burj Al Arab, a 321 metros.

 

¿Hay algo inimaginable para el ser humano? No hay problema, al fondo hay sitio. Junto a los expendedores de lingotes de oro repartidos por las calles o las carreras teledirigidas de camellos. Y se avecinan nuevos proyectos con la Exposición Universal de 2020 a la vuelta de la esquina. Todo es real. Dubái is different.