Cuatro fuentes y tres obeliscos: ¿Dónde está el cruce de calles más bello?

Por supuesto, en Roma. En el estrecho cruce de las calles Via delle Quattro Fontane y Quirinale cada esquina tiene una fuente escultórica más bella que la anterior y pueden verse en lontananza hasta tres de los trece obeliscos de la ciudad.

Por ISMAEL PÉREZ

El cruce de Times Square, en Nueva York, quizá sea el más famoso; el de Shibuya, en Tokio, el más transitado; y el de Abbey Road y Grove End Road, en Londres, el más fotografiado por su paso de cebra. ¿Pero cuál es el más bello? Quizá haya que acudir a uno bastante más antiguo. A uno que pese a su estrechez tiene una fuente coronada por una espectacular escultura en cada una de las cuatro esquinas y una iglesia barroca obra del famoso Borromini. ¿Dónde? En Roma, claro.

El cruce de las calles Quattro Fontane (cuatro fuentes, el nombre no engaña), Quirinale y Venti Setiembre significa también el punto más alto de la colina del Quirinal, una de las siete sobre la que se empezó a levantar la antigua Roma. Por eso llegar a esta confluencia significa tener cuatro toboganes por los que bajar y volver a subir a otros altos de la ciudad, y permite que desde el mismo centro del cruce se vean hasta tres de los trece obeliscos de la ciudad.

El más cercano, a apenas 500m, es el que se levanta delante del Palacio del Quirinal, sede de la Presidencia de la República Italiana. Y según el lado de la calle Via del Quattro Fontane al que se mire, a lo lejos se aprecia el que se alza delante de la iglesia Trinità dei Monti, encima de las famosas escaleras, tan cinematográficas de Plaza de España, o, el más difícil de ver, el que en el otro extremo precede a la Basílica de Santa María Mayor, aunque apreciaremos con más calidad la torre románica de este templo.

El proyecto de las cuatro fuentes fue encargado por el Papa Sixto V y realizado entre 1588 y 1593 con mármol de travertino, el mismo que inunda de arte toda la ciudad. El diseño de las fuentes-estatuas que representan al Río Tíber, Arno y el dios Juno, símbolo de fortaleza, se atribuye a Domenico Fontana (irónicamente, su apellido en italiano significa fuente) mientras que la de la Diosa Diana, símbolo de la fidelidad, parece obra de Pietro Da Cortona, aunque ninguna de estas autorías parece clara y los que de verdad tallaron la piedra fueron escultores anónimos a los que hay que agradecerles tanta belleza.