Cuando se inauguró, el Centro Pompidou descolocó a los parisinos. Hoy es un edificio emblemático de la ciudad.

POR RODRIGO PADILLA

La fábrica de gas, la refinería, Notre Dame de la Cañería… El nuevo edificio se convirtió pronto en una fuente de inspiración para la inventiva de los parisinos: un amasijo en apariencia caótico de tubos, cables y soportes, cada cosa de un color; debajo de ese andamio que resultó ser definitivo, debajo de ese exoesqueleto industrial, mucho cristal; y, a sus pies, una plaza con el suelo inclinado y grandes chimeneas de ventilación como las de las cubiertas de los barcos. Y todo esto en plena Rue Saint-Martin, una de las calles más antiguas de la ciudad, entre los barrios de Les Halles y Le Marais, cerca del Hôtel de Ville, el corazón de París. Es comprensible que encontrara cierto rechazo entre unos vecinos encantados con el plan de rehabilitación del Beaubourg, barrio que se había vuelto insalubre, pero que, a la vista de los resultados, se preguntaban si no habría sido mejor dejar como estaba la explanada que llevaban décadas usando para aparcar.

La idea había partido del presidente de la República, Georges Pompidou. En 1970 propuso levantar un museo de arte contemporáneo para ayudar a revitalizar la zona. Se convocó un concurso internacional al que se presentaron 681 proyectos. El ganador fue el del italiano Renzo Piano y el inglés Richard Rogers. Su concepto se basaba en una idea muy sencilla: sacar al exterior el armazón y las instalaciones que suelen ir detrás de las paredes y los falsos techos y dejar un interior libre para el disfrute del arte. El resultado es un rectángulo de 166 metros de largo y 60 de ancho, con siete niveles y 90.000 m2 que acogen salas de cine, espectáculos y conferencias, una biblioteca pública, un centro de documentación y 6.000 m2 dedicados a exposiciones temporales. Lo espacios son de una luminosidad inesperada gracias a las fachadas acristaladas y a pesar de ese entramado exterior, mucho menos caótico de lo que pudiera parecer, en el que las líneas rectas crean equilibrio y hasta los colores siguen su propio código: amarillo para circuitos eléctricos, azul para los de climatización, verde para los conductos del agua y rojo para escaleras mecánicas y ascensores.

La combinación de todos estos elementos dota al Centro Pompidou de esa fuerte personalidad que acabó seduciendo a parisinos y turistas, atraídos no solo por las excelentes colecciones del Museo Nacional de Arte Moderno, sino también por el propio edificio y el ambiente que ha generado a su alrededor. Y por las excepcionales vistas desde el último piso, una perspectiva acristalada que aporta una escala más humana al París que siempre sorprende desde las alturas del Sacré-Coeur y abruma desde la Torre Eiffel.


Hace 40 años…

El 31 de enero de 1977, el presidente Valéry Giscard d’Estaing inauguró el proyecto impulsado por su predecesor al frente de la República y gran amante de la cultura y las artes, Georges Pompidou, que falleció en 1974, a los dos años del inicio de las obras del edificio. La apertura al público, que tuvo lugar el 2 de febrero, fue todo un éxito.


48 horas en Bogotá 3

 

 

Renzo Piano (1937)

Nacido en Génova, gran parte de su actividad se ha centrado en esa ciudad. En los años 70 colaboró con Richard Rogers. También remodeló el edificio entre 1997 y 2000.

 

 

48 horas en Bogotá

 

 

Richard Rogers (1933) 

Inglés aunque nacido en Italia, formó equipo con Norman Foster antes de colaborar con Renzo Piano. Uno de sus proyectos más premiados es la Terminal 4 del madrileño aeropuerto de Barajas.