Siete whiskys para paladear frente al fuego

Whiskys hay muchos. Tantos como bebedores. Pero una cosa está clara: solo o con hielo el whisky es, sobre todo en los días de invierno, cuando el frío aprieta en el exterior y el fuego de la chimenea crepita en el interior, una bebida para degustar con calma. De la mano del padre de la literatura americana, Mark Twain, que lo tenía como remedio para todo, paladeamos siete whiskys con los que pasaremos un rato inmejorable.

«Lo que no cura el whisky, no tiene cura». Mark Twain, uno de los periodistas, oradores, escritores y humoristas estadounidenses de más éxito en el siglo XIX, autor de obras como El príncipe y el mendigo, Un yanqui en la corte del Rey Arturo y las celebérrimas Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn, lo tenía claro: el whisky es la bebida de los dioses, un placer que cura las penas físicas y también las del alma.

Twain, cuyo verdadero nombre era Samuel Langhorne Clemens, era un bon viver, y uno de sus mayores placeres era paladear un buen whisky. Como buen americano sureño de Missouri, a Clemens  le encantaban los whiskys americanos, pero siempre reconoció que su favorito era el Scotch.


 

 

Siete whiskys para paladear frente a la chimenea 9«¿Es el amor el que hace girar al mundo? En absoluto. Es el whisky, que lo hace girar dos veces más rápido»
Compton Mackenzie. 1883-1972


Cuando era un joven que trabajaba como buscador de oro y cuando, con el tiempo, se convirtió en periodista en el oeste, Clemens desarrolló el gusto por la cerveza lager y el whisky. Era un gran bebedor que cesó en sus excesos en 1870, cuando se casó, pero nunca lo abandonó del todo.

Además de con su mujer, Olivia, Twain tuvo otra relación amorosa amorosa. Fue con el whisky escocés. Y todo comenzó en un viaje a Inglaterra en 1873. 

Mientras cruzaba el Atlántico rumbo a las Islas Británicas a bordo del SS City of Chester, Twain conoció, a través del médico del barco, una nueva bebida. La llamaban ‘cola de gallo’ y la mezcla incluía whisky escocés y jugo de limón.

Así, mientras cruzaba el Atlántico, aquella versión temprana del Old Fashioned fue su mejor compañera. Y ya nunca la abandonó. Ni en su larga estancia en Inglaterra ni a su vuelta a Estados Unidos, donde además de en el padre de la literatura estadounidense, se convirtió en el mejor embajador del Scotch.

Y lo demostró en sus libros, en su vida en las decenas de frases para enmarcar que nos dejó. Una de ellas, sobre el whisky, que es una verdad como un templo: «Demasiado de algo es malo, pero demasiado de un buen whisky es apenas suficiente».