Con la inauguración de la basílica de Santa Sofía, el 27 de diciembre del año 537, el emperador bizantino Justiniano se ‘regaló’ un símbolo a la altura de sus ambiciones.

Por RODRIGO PADILLA

Con toda la pompa de la corte de Constantinopla, cubierto por un manto de púrpura, envuelto en el humo del incienso y acompañado por un nutrido séquito, Justiniano, cabeza del Imperio Romano de Oriente, juez supremo, protector de la Iglesia y elegido de Dios, hace su entrada en la Basílica de la Santa Madre Sofía. El vencedor de persas, vándalos, ostrogodos y visigodos, restaurador de la gloria de los antiguos césares, deja pasear su mirada por la sucesión de bóvedas que conforman un gigantesco espacio solo lleno de aire y luz. Columnas traídas del Templo del Sol de Roma, zócalos de pórfido rojo de Egipto y mármol verde de Tesalia, arquerías cubiertas de motivos vegetales, frisos polícromos, mosaicos dorados… Emocionado hasta las lágrimas y henchido de orgullo, el emperador exclama: «Salomón, te he superado».

Porque ese era su único objetivo, construir un templo que superara a todos, incluido el levantado en Jerusalén por el mítico rey de Israel. Así se lo había pedido cinco años antes a los dos arquitectos encargados del proyecto. Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto, griegos de Asia Menor, cumplieron el encargo levantando una enorme cúpula de 31 metros de diámetro y 55 de altura, cuyos empujes eran contrarrestados por dos grandes bóvedas de cuarto de esfera, sostenidas a su vez por otras de menor tamaño, y finalmente, por dos bóvedas de cañón, una sinfonía matemática que se convertiría en cumbre de la arquitectura bizantina y modelo para posteriores obras.


Dos protagonistas para una obra monumental

Santa Sofía cumple 1.485 años 3Justiniano I (483-565). Nacido en territorio de la actual Macedonia, fue coronado emperador de Oriente en el año 527. Impulsado por el sueño de recuperar el esplendor del antiguo Imperio Romano, se lanzó a una serie de campañas militares exitosas que en realidad no fueron más que un canto de cisne y el comienzo de un largo declive.

 

Santa Sofía cumple 1.485 años 4Mehmet (1432-1481). Séptimo sultán de la dinastía de los Omaníes, Mehmet fue el político y guerrero que se hizo con el premio que los turcos otomanos llevaban persiguiendo desde el año 1390, cuando fracasó el primero de los siete asedios a los que someterían a la capital bizantina. La ciudad cayó finalmente en el año 1453. Y Constantinopla se convirtió en Estambul y Santa Sofía en mezquita.


Solo un edificio tan magnífico podía igualar el brillo de su impulsor. Desde su trono en Constantinopla, Justiniano soñó con recuperar el esplendor de un Imperio Romano del que se sentía heredero. En sucesivas guerras, reconquistó buena parte de los territorios perdidos y logró que el Mediterráneo volviera a ser el Mare Nostrum. También reforzó la administración, recopiló el derecho romano clásico, promovió la cultura, encargó edificios destinados a cantar su poder… Quiso dar paso a una nueva era pero, acosado por persas y musulmanes, el imperio bizantino fue menguando en tamaño y poder. Reducido con los siglos a poco más que la capital, cayó en manos de los turcos en 1453. Constantinopla pasó a llamarse Estambul, el Corán ocupó el lugar de la Biblia y cuatro airosos minaretes se alzaron con el tiempo en las esquinas de una Santa Sofía romana y griega, islámica y cristiana, orgullo de emperadores y sultanes, obra de arte total.


Hace 1480 años

El 27 de diciembre del año 537, el emperador Justiniano, acompañado por Eutiquio, patriarca de Constantinopla, y su esposa, la emperatriz Teodora, inauguraba una obra monumental ejecutada en un tiempo récord: un ejército de 10.000 trabajadores, dividido en dos equipos que competían entre sí, la finalizaron en solo cinco años y diez meses. Santa Sofía cumple 1.485 años 2