Por segunda vez en la historia, el premio Pritzker, el galardón mundial más importante en el campo de la arquitectura, cae en España. Veintiún años después de que lo consiguiera Rafael Moneo en 1996, el estudio catalán RCR Arquitectes se ha hecho con el premio. Toma el relevo del arquitecto chileno Ricardo Aravena, que se lo llevó el año pasado.

Considerado el Nobel de la Arquitectura, es la segunda vez que eel Premio Pritzker se queda en nuestro país. Rafael Moneo lo obtuvo en 1996 y veintiún años después, el estudio RCR Arquitectes, de Olot (Girona) ha revalidado un título que recibirán solemnemente en una ceremonia que tendrá lugar en Tokio (Japón) el 20 de mayo.

El jurado, formado por Glenn Murcutt, Stephen Breyer, Yung Ho Chang, Kristin Feireiss, Lord Palumbo, Richard Rogers, Benedetta Tagliabue, Ratan N. Tata y Martha Thorne  ha concedido el premio a Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramón Vilalta, fundadores de RCR Arquitectes,  por «su profunda integridad y un insobornable compromiso con el lugar y su narrativa. Su arquitectura –ha apuntado el jurado en el fallo del Pritzker, es emocional y vivencial; sus edificios tienen una increíble fuerza y sencillez».

El premio Pritzker, concedido anualmente y patrocinado por la fundación estadounidense Hyatt, que lo ha dotado con cien mil dólares en esta ocasión, es el galardón de arquitectura de mayor prestigio internacional. Fue creado en 1979 por Jay A. Pritzker y que su familia a seguido impulsando desde entonces.

El premio se entrega a un arquitecto vivo que haya mostrado a través de sus proyectos y obras construidas las diferentes facetas de su talento como arquitecto, contribuyendo con ellas al enriquecimiento de la humanidad. Una de las cualidades que constituye el requisito principal para obtenerlo es la demostración de un alto nivel de creatividad en el diseño de las obras que, además, deben ser funcionales y de buena calidad en la construcción.

Como apuntan los expertos, entregando el premio a un estudio de arquitectura en vez de a un arquitecto individual, el jurado ha querido ‘premiar’ el trabajo en equipo en detrimento de los arquitectos estrella.

La arquitectura «emocional y vivencial» que ha destacado el  jurado se ve muy bien en su propio despacho de arquitectura en Olot, el Espacio Barberí, de 2007, un viejo edificio que en tiempos albergó una fundación que se ha conservado con mimo y a la que se han agregado, solo cuando y donde fuese esencial, elementos nuevos.

Espacio Barberí es solo la punta de lanza, porque las obras  de RCR, realizadas mayoritariamente en territorio catalán, reflejan esa arquitectura emocional y vivencial y, además, la integración de la arquitectura con su entorno, prácticamente sin alterarlo. Ejemplos de ello son el restaurante Les Cols o el estadio de atletismo Tussolls Basil, ambos en Olot (Girona); el Museo Soulages, en Rodez (Francia); la bodega Bel Lloc, en Palamós (Girona); el Teatro de la Lira, en Ripoll (Girona) o la colorista guardería Els Colors, en El Manlleu (Barcelona).