En una época en la que la velocidad se valora por encima de casi todo, nace otra forma de conocer Japón, uno de los países con los paisajes más bonitos del mundo: los vagones panorámicos del Setsugekka, donde las ventanas no existen.

Propiedad de la compañía Ichibansen/Next Stations, el ferrocarril recorre la región occidental de la Prefectura de Niigata. Con capacidad para 45 exclusivos pasajeros, está compuesto por dos vagones en el que las paredes como  son de cristal -incluso en la cabina del conductor-, con forma de largos tubos. El primero está concebido únicamente para la contemplación del exterior -rodeado de océanos y volcanes-, mientras que en el segundo hay un elegante restaurante donde sirven sake y productos locales, aunque también se puede degustar gastronomía francesa.

El diseño tanto interior como exterior permite que la experiencia mimetice con el entorno. El cuerpo de la estructura es de rojo bermellón para brillar con la naturaleza mientras se mueve a lo largo del paisaje japonés. Por su parte, el mobiliario está hecha de madera natural doméstica.

El trayecto dura aproximadamente tres horas. El billete individual cuesta cerca de 50 euros, que sube a unos 120 si se añade una comida o cena a bordo. En el precio también se incluye una visita al Parque Nacional de Yoho.

En el país nipón no solo existen trenes balas.