Villa K, ubicado en una zona boscosa la región alemana de Thüringen, es el mejor ejemplo de un proyecto de alto standing que puede ser sostenible, innovador, discreto e integrado en la naturaleza que la rodea, disminuyendo su impacto al mínimo.

La mansión, de 242 metros cuadrados, es obra del estudio de Paul de Ruiter Arquitectos. Diseñada a partir de los deseos del cliente, los materiales utilizados fueron simples y tradicionales: únicamente hormigón, acero y cristal.

Villa K está orientada hacia el sur para aprovechar el mayor número de horas de sol. En esta zona se sitúan el salón y los dormitorios. Una fachada de cristal desde el techo hasta el suelo delimita la sala de estar. Alrededor de la misma se ubica una terraza en forma de U.

Uno de los elementos más innovadores es la piscina del patio, construida de manera perpendicular y con una plataforma que aporta continuidad a la zona exterior. Alrededor de la terraza hay un pequeño huerto para que los propietarios puedan cosechar sus propios cultivos.

En la parte norte, construida en la ladera de una pequeña colina, se halla la entrada, las áreas de servicio, la sala de caza y un amplio garaje con capacidad para seis vehículos.

La estructura está cubierta de musgo y sedum, con lo que por un lado reduce la carga de refrigeración y, por otro, el techo verde se integra estéticamente en el entorno natural. Por encima del garaje y la entrada se instalaron células solares dirigidas hacia el sur para dar energía a la villa.

Eficiencia climática

Como el sol da mucho más calor a la parte sur que la norte, y para evitar las diferencias térmicas que se pudieran producir en el interior, se optó por colocar un intercambiador de calor que regula la temperatura dentro de la vivienda durante todo el año. Este recoge aire frío y caliente y lo transporta a la bomba de calor, que contiene el aire frío para enfriar en el verano y ahorra el aire caliente para calentar la casa durante la época de invierno.