Conducir tu propio submarino es posible gracias al DeepFlight Super Falcon, un vehículo sumergible biplaza ideado para conocer el fondo marino.

El ingeniero naval e inventor Graham Hawkes ha diseñado esta embarcación para dos personas equipada con las últimas novedades tecnológicas. Su principal innovación está en los mandos. Para su pilotaje no es necesario una preparación específica, cualquiera puede hacerlo. Gracias a que los controles son intuitivos, al más puro estilo Apple, un entrenamiento de siete días es suficiente para su conducción.

Otro de sus puntos fuertes es la seguridad. El submarino se mantiene sumergido mientras esté desplazándose. Si se para o deja de funcionar, inmediatamente sube a la superficie por precaución. Además, puede navegar alrededor de nadadores o cualquier gran animal marino sin ocasionar molestias.

Las dimensiones son generosas. Las cabinas, cómodas, están formadas por una pantalla de cristal que le permite la visión de 360º de todo lo que hay alrededor. La longitud de la nave es de 5,9 metros, con una altura de 1,6 m y un peso de 1.800 kilogramos.

Filosofía eficiente

El Super Falcon es rápido, limpio y silencioso merced a su motor brushless de alta eficiencia y su batería de litio-ferrofosfato. Alcanza una profundidad máxima de 120 metros, una velocidad de 6 nudos y tiene una autonomía de seis horas. Solo necesita dos horas de recarga para volver a surcar los océanos.

Eso sí, no está al alcance de cualquiera. Para hacerse con uno hay que desembolsar 1,7 millones de euros. Algunos hoteles de lujo lo incluyen en sus packs, como por ejemplo el Hotel Laucula, en las islas Fiji, que se convirtió en el primer centro turístico del mundo que lo ofreció como experiencia.