Lo presentan como la panacea para curar todos los males: ansiedad, artritis, fatiga, dolores crónicos… pero, ¿son realmente tan milagrosos como nos cuentan los tratamientos de aislamiento sensorial? Lo analizamos en Código Único.

Por A. LOBO

Con apenas 50 minutos de tratamiento puede conseguir un profundo estado de relajación física y mental, lo que disminuye la tensión muscular, reduce la fatiga, combate el estrés y la ansiedad y equivale a cuatro horas de sueño. Además, mejora los dolores crónicos, acelera la recuperación física y los procesos de rehabilitación, desintoxica el organismo, aumenta la concentración y la creatividad, tonifica y mejora la circulación sanguínea. Y todo eso, simplemente flotando en agua salada dentro de un contenedor hermético, dicho de forma sencilla. Es lo que se conoce como aislamiento sensorial y, después de varios años triunfando en América y el norte de Europa, tímidamente empieza a despegar en España.Aislamiento sensorial, el bien para todos los males

Ahora bien, ¿realmente funciona? A juzgar  por las opiniones de los usuarios que lo han probado, todo apunta a que sí, pero habría que tener un cierto grado de autosugestión para sentir los efectos del tratamiento milagro. Porque la cosa es bien sencilla: consiste en aislarse del exterior dentro de una cápsula, cámara o tanque de flotación (dependiendo de si el formato es mayor o menor), con unos 600 litros de agua a temperatura corporal (entre 35º y 37,5º) y 300 kilos de sales Epsom o sulfato de magnesio.

Una combinación que crea una densidad parecida a la que hay en el Mar Muerto, donde la densidad salina impide cualquier intento de sumergirse en sus aguas. Si ha visto la serie de ‘Stranger Things’ de Netflix, sabrá de lo que estamos hablando: Eleven se aísla sensorialmente en una piscina para viajar a una dimensión paralela.

Los efectos del aislamiento sensorial

Quienes lo han probado solo tienen palabras de halago para sus efectos. Según afirman, son todo beneficios para el cuerpo y la mente. «La mente se despega del cuerpo», «es como una vuelta al útero materno» o «dormir sin estar dormido» son algunas de las descripciones de quienes se han atrevido con el aislamiento sensorial. Un descubrimiento del controvertido neuropsiquiatra americano John C. Lilly en los años 50.

Sin embargo, no todo el mundo ha tenido la misma maravillosa experiencia. El profesor de psiquiatría clínica y colaborador de ‘The New York Times’ Richard A. Friedman asegura que no sintió nada. Así lo narra en su artículo dedicado al aislamiento sensorial.

«Después de unos momentos me hice muy consciente de que no podía sentir mi cuerpo, lo que supongo que es el punto en que se priva al cerebro de cualquier conexión con el mundo físico. Comencé a mover las manos y piernas lentamente para asegurarme de que seguían ahí. Tenía una imagen muy vivida de mi cuerpo fantasmal; sabía racionalmente que estaba presente, pero no podía detectarlo de forma normal».

Y justo en en ese momento, se movió y le entró agua salada en el ojo, acabando con todas sus posibilidades de separar cuerpo y mente. Su conclusión entonces fue la siguiente: «Lo que hacemos con el cuerpo puede influir en el cerebro», de tal forma que «un tanque de aislamiento puede quitarle peso y visibilidad al cuerpo, pero a tu cerebro no puedes engañarlo».