Inaugurado en 1953 por Gregory Peck y alojamiento oficial de The Beatles durante su paso por España, en julio de 1965, el hotel Gran Meliá Fénix contempla desde su privilegiada situación en el centro de Madrid el devenir de la ciudad año tras año. La ha visto crecer, arreglarse y convertirse en una gran capital europea. Y acorde con un Madrid más lujoso, como es el actual, ahora es el quien se presenta renovado.

Por AINHOA PASTOR

Erigido en el madrileño Paseo de la Castellana sobre un majestuoso edificio del siglo XIX, el hotel Gran Meliá Fénix es de esos que guardan miles de secretos entre sus cuatro paredes. Y no solo por Peck y los cuatro de Liverpool, que también, sino por todas las personalidades, famosas o no, que se han hospedado en alguna de sus habitaciones a lo largo de los últimos 70 años. ¿O acaso nunca ha imaginado que hacen las grandes estrellas cuando están en la (presunta) soledad de su hotel?

De la visita de John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Star sabemos que ocuparon las suites 123,223,323 y 423, habitaciones que a día de hoy siguen demandando los fans de la banda, vaya usted a saber con qué pretensiones. Parece ser el cuarteto no salió del hotel nada más que para actuar en la plaza de Las Ventas, un mítico concierto reservado a la flor y nata de la sociedad madrileña.

De hecho, hasta la popular foto de The Beatles junto a unas barricas de vino de Jerez y unas flamencas fue tomada en el Fénix. Porque ante la negativa de los de Liverpool a prodigarse por Madrid, habrían sido los responsables de Bodegas Domecq los que prepararon en un tiempo récord una réplica de una de sus bodegas en uno de los salones hotel. Y todo, por una foto (que, dicho sea de paso, ha pasado a la historia).

Desde entonces hasta hoy han pasado 52 años, en los que Madrid ha dejado de ser un pueblo para convertirse en una ciudad de referencia en Europa y el Gran Meliá Fénix se ha modernizado para seguir siendo uno de los hoteles más lujosos de la ciudad. La nueva configuración incluye un restaurante en el último piso, el Aduana, el rediseño de sus habitaciones Red Level, una suite de 200 m² y guiños en su decoración a las siete décadas de aristocrática historia que tiene encima.

Lujo inglés en el hotel Gran Meliá Fénix

La sobria arquitectura neoclásica y la elegancia que ha caracterizado al hotel Gran Meliá Fénix se refuerza esta nueva temporada con una completa reforma que actualiza su clásico encanto british. En total, se estrenan 56 estancias, incluyendo todas las suites y la Suite Presidencial. El rediseño ha corrido a cargo del Estudio de Arquitectura de Álvaro Sans, que sin dejar de lado la sobriedad y la elegancia características de Fénix, con su reconocible estilo inglés, ha pasado de los tonos ocres y oscuros protagonistas en telas y doseles a un nuevo decorado de materiales y telas en tonos blancos y crudos.

En las habitaciones, el cambio principal es de estilo, que pivota de clásico a moderno con soluciones como el cambio de las telas que cubrían las paredes por murales lisos y blancos. Por su parte, el dosel ha dejado paso a cabeceros más modernos y se ha incorporado el walking closet en las One Bedroom Suites. Además, se han modernizado los materiales constructivos del hotel y se ha cambiado significativamente el aspecto de los baños.

Toda la grifería de las nuevas habitaciones es de la marca de lujo Hansgrohe y las habitaciones Red Level cuentan con ducha de gran tamaño en 3 posiciones (bañera, ducha de mano y ducha cascada). En las suites, además, se incorporan bañeras exentas que permiten la posibilidad de disfrutar de los canales televisivos al tener cristal transparente.

Aduana, cocina abierta con vistas

La segunda gran novedad de esta renovación es la apertura del restaurante Aduana en la séptima planta del Gran Meliá Fénix. El nuevo comedor, bautizado así en recuerdo del lugar del que partió Colón con destino a América en Palos de Moguer, sirve con orgullo una cocina de mestizaje mediterráneo. Eso sí, para un muy limitado número de comensales: 12 en el interior y 16 en la terraza con vistas a la plaza Colón, a la Biblioteca Nacional y al paseo de Recoletos.

La cocina tiene una base mediterránea a la que se le añaden toques exóticos y frescos. El chef ejecutivo Miguel Martín, con tres lustros de experiencia en los fogones del hotel, mima los productos de temporada con platos como Txangurro a la donostiarra, Panaché de verduras y queso de Idiazabal o Pluma ibérica lacada y con delicias de verbena.

La carta también cuenta con platos inspirados en la gastronomía internacional, como las Ostras Rockefeller (inspiradas en elaboraciones estadounidenses y sureñas), el Caviar de Riofrío con blini ruso, la oriental Lubina salvaje al vapor de verduras, jengibre y arroz con leche de coco, la Causa limeña de atún rojo o el Tiradito de salmón noruego con mango en ceviche.

Y como todo lo que sube, baja, tras la cena se puede disfrutar de un cóctel de autor en la terraza Dry Martini que hay a los pies del hotel, establecimiento regentado por el prestigioso bartender Javier de las Muelas.