Los Celtics están pasando una mala racha. Otra más. Pero, aun así, siguen siendo el equipo más laureado de la NBA. Su leyenda, que descansa sobre un pasado glorioso y, sobre todo, sobre su indómito carácter, cumple 70 años.

POR RODRIGO PADILLA

Había una vez un parqué de madera de Tennessee que recibió los primeros botes de un balón allá por 1946. Cuando el vetusto Boston Arena cerró en 1952, los 247 paneles se trasladaron al Boston Garden, donde echaron raíces a lo largo de innumerables noches de gloria y alguna para el olvido. Por eso, el parqué fue lo primero que se metió en el camión de la mudanza cuando los Celtics se trasladaron en 1995 a su nuevo pabellón, el actual TD Garden. Cuatro años después, el club se resignó a cambiar el achacoso suelo. Consciente de que se trataba de un momento traumático, organizó una despedida oficial y permitió el acceso del público a la pista. Miles de aficionados recorrieron el parqué, rememorando tantos momentos históricos y haciéndose fotos junto al famoso Leprechaun, el geniecillo irlandés con bombín y chaleco adornado de tréboles.

Boston Celtics, 70 años en verde 1

Este es uno de los muchos relatos que conforman la saga que los Boston Celtics han ido escribiendo en sus 70 años de historia, y que hace tan especial a un club capaz de cargar con su viejo suelo de un pabellón a otro porque sabe que en esos paneles de madera reside parte de su alma. Y el alma lo es todo para los Celtics. El alma y la memoria, imbricadas ambas desde la noche de los tiempos del baloncesto profesional, desde aquel 1946 en el que varios propietarios de recintos deportivos, entre los que se encontraba Walter Brown, mánager del Boston Garden, acordaron apostar por el baloncesto como forma de rentabilizar sus instalaciones. Nació así una liga de once equipos en la que ya figuraban los Celtics recién fundados por Brown. El directivo bostoniano también fue motor de las negociaciones que acabarían un par de años después con la creación de la NBA.

Como ocurre en casi todas las leyendas, los primeros años fueron sombríos, con malos resultados temporada tras temporada. Todo cambió con la aparición del héroe. Es este caso, un pelirrojo de carácter explosivo conocido como Red Auerbach.

Red Auerbach, desde el banquillo primero y desde los despachos después, hizo vivir a los celtics sus dos etapas más gloriosas

Desde el banquillo –con un estilo basado en el juego de equipo, la defensa y el contrataque fulgurante– y desde los despachos –creando y rehaciendo plantillas ganadoras–, marcó la primera edad dorada de los Celtics. Tres jugadores formaron su primer big three: el base Bob Cousy, Bill Russell, muralla infranqueable y rey del rebote, y Thomas Heinsohn, un cuatro de mano rápida. Estos hombres, junto a otros como Bill Sharman o Sam Jones, fueron la base de los once títulos que los Celtics ganaron entre 1957 y 1969, seis de ellos contra los Lakers.

Con la retirada de las viejas glorias y Auerbach fuera del banquillo, los años siguientes fueron de altibajos, con solo dos títulos, los de 1974 y 1976. Aunque menos brillante que la anterior, este capítulo de la saga también tuvo su héroe, John Havlicek, un alero que llevaba en el equipo desde los 60 y que ganaría ocho anillos en sus 16 temporadas en Boston, y un momento culminante: el quinto partido de la final de 1976 ante los Phoenix Suns, un encuentro interminable, con alternancias constantes, tres prórrogas, invasión de campo, canastas imposibles… para muchos, el mejor partido de playoff de todos los tiempos. Boston Celtics, 70 años en verdeEl ‘señor de los anillos’. Red Auerbach en un tiempo muerto de la final de la NBA de 1965 contra los Lakers. Fue su octavo título consecutivo.

 

Gracias a la labor desde los despachos del incombustible Auerbach, los años 80 vieron la consolidación de otro big three, el formado por Robert Parish, el intenso Kevin McHale y otro de esos nombres que se escriben con aureola: Larry Bird. La leyenda de los Celtics se agrandó gracias a la reaparición del enemigo jurado, némesis necesaria en todo relato mitológico: los Lakers de Earvin Magic Johnson y Kareem Abdul-Jabbar. Aquellos duelos entre Magic y Bird, dos jugadores que encarnaban dos estilos opuestos –la garra y el juego de equipo del bostoniano frente al show time del angelino–, dispararon las audiencias y rescataron a la NBA del letargo en el que había caído. Los Celtics sumaron otros tres títulos, el último de ellos en 1987.

Del techo del TD Garden cuelgan las 17 banderas de sus 17 peleados títulos y veinte camisetas de míticos jugadores

Y, tras la gloria, la travesía del desierto, dos largas décadas de fracasos, fichajes fallidos y tragedias como la muerte de dos jugadores llamados a ser estrellas, Len Bias y Reggie Lewis. Las temporadas en blanco se sucedían y los aficionados de los Celtics vivían solo de recuerdos. Tuvo que entrar algo de savia vieja para que el equipo recuperara la fe. Con Danny Ainge, antiguo escudero de Larry Bird, como nuevo general manager, llegaron los dos hombres que completarían el siguiente big three junto a Paul Pierce: Ray Allen y Kevin Garnett. Y por fin, 22 años después, el título de 2008, en una final que sonaba a otros tiempos y que, estaba escrito en las estrellas, le ganó a los Lakers.

Del techo del TD Boston Garden cuelgan 17 banderolas de 17 peleados campeonatos, y 20 camisetas de jugadores míticos, más otras tres en homenaje a Walter Brown, Red Auerbach y el locutor Johnny Most. Los Celtics cumplen 70 años sostenidos y también lastrados por ese pasado que a veces se les hace demasiado grande. Es difícil que el futuro esté a la altura del mito, pero hay una cosa clara: los Celtics nunca han tirado la toalla sin luchar. Y, como el rey Arturo de esa otra leyenda celta, volverán.