Entre las manos, el volante del Mercedes-AMG GT Roadster. El viento en la cara. Y por delante, 600 kilómetros de carreteras en lo más profundo de los Estados Unidos. El flechazo fue inmediato. Y no opusimos resistencia.

Por PEDRO BERRIO

Para seducir. Para eso nacieron los deportivos biplaza. El espectacular diseño con el que están bendecidos enamora a los que los ven desde fuera, y sus inalcanzables precios los condenan a ser la expresión de la máxima exclusividad. Pero ese toque seductor y romántico también está en el interior, porque su habitáculo, solo para dos y con un espacio justo, recuerda a aquellos antiguos sofás de dos ocupantes pensados para el galanteo y la conquista, en los que la inevitable proximidad con tu acompañante obligaba casi a una cierta intimidad y hasta a probar suerte en el arte de seducir.

Y en ese arte, el Mercedes AMG-GT Roadster es único. Encandila por fuera, por dentro, de cerca, de lejos. Enamora lo mires por donde lo mires. Y lo digo con conocimiento de causa, después de haber tenido oportunidad de conducirlo durante más de 600 kilómetros por los ‘familiares’ paisajes de Arizona. Familiares gracias al cine y la televisión que nos los han enseñado tan en detalle que, una vez allí, tienes la sensación de conocerlos al dedillo.

De entrada, el Mercedes-AMG GT Roadster ya se distingue por su imponente aspecto y sus proporciones: 4,55 metros de largo, dos de ancho y solo 1,26 de altura. Su inmenso capó delantero, como mandan las pautas del diseño de un auténtico roadster, está rematado por un elemento que lo diferencia del resto de la gama Mercedes: la calandra delantera, llamada Panamericana, que con sus 15 líneas verticales y su forma trapezoidal es un guiño a los 300 SL que en los años 50 disputaban la mítica Carrera Panamericana. Visto de perfil, los dos ocupantes parecen ir sentados muy atrás, casi en las ruedas traseras, con un doble objetivo: conseguir un perfecto y equitativo reparto de pesos en cada eje y que la imagen sea la de un verdadero deportivo. Lo mires por donde lo mires es imponente, especialmente por detrás, la vista que más contemplarán el resto de usuarios de la carretera, con unas proporciones visuales que parecen que nada podría hacerlo despegarse del asfalto.

En el interior no hay sitio más que para los dos ocupantes. La americana tendrás que dejarla en el pequeño maletero de 165 litros. Si vas de viaje es mejor que recurras a tu mejor bolsa de mano y dejes el trolley en casa porque es muy posible que no entre en el angosto espacio de carga junto con el de tu acompañante. Eso sí, contemplar el salpicadero y la calidad y el mimo con que están realizados todos los elementos del habitáculo merece un poco de detenimiento para disfrutar de la sensaciones que transmiten las cosas bien hechas y de ese ‘olor a bueno’ que desprende lo realmente exclusivo. Por supuesto, las posibilidades de personalización son muy amplias, para que no haya dos Mercedes-AMG GT Roadster iguales.


Glamour para dos 1AMARILLO EXCLUSIVO. Este sofisticado y elegante tono amarillo metalizado con toques dorados es exclusivo del Mercedes-AMG GT Roadster. ¿Te gusta? Pues toma nota porque tendrás que añadirle 10.966 € al precio final del coche. La capota, de tres capas, puede ser negra, beis o roja. A tu capricho. Lo bueno es que esta opción sí se ofrece sin sobreprecio.  


Este Mercedes puede conducirse como un tranquilo descapotable en carretera o como el más radical de los deportivos en circuito. El secreto está en el AMG Dynamic Select, un mando que permite elegir entre cinco programas de funcionamiento que regulan toda la electrónica: respuesta del motor, cambio, controles de tracción y estabilidad, ABS, dirección, dureza de suspensión y hasta la climatización. Esos programas van desde el modo Confort hasta el RACE, pensado para rodar en circuito y que desconecta todas las ayudas de seguridad, dejando en manos del piloto el control absoluto de las reacciones de este deportivo que, sin pasar por el filtro de la electrónica, son realmente bruscas y llevaderas solo por alguien realmente acostumbrado a pilotar, no a conducir. Incluso el sonido del escape tiene dos ‘sonoridades’: una normal y otra deportiva que se puede accionar con un interruptor o que se conecta al elegir uno de los programas Sport o RACE y que resulta toda una sinfonía para los amantes de los motores poderosos.

En cualquier caso, incluso en el modo Confort, el Mercedes-AMG GT Roadster es un verdadero deportivo y la suspensión es más bien dura, la dirección rápida y por mucho que se retarde la respuesta del acelerador, las reacciones son vivas y rotundas, porque vamos sentados casi encima de las ruedas traseras, con una capacidad de aceleración que permite alcanzar los 100 km/h en solo 3,7 segundos.


Glamour para dos 2

UN CANTO A LA ROTUNDIDAD. En este Mercedes todo inspira potencia. Desde su poderoso motor V8 con doble turbo de 557 CV (con un acabado opcional en fibra de carbono que cuesta 1.962 €), hasta los 1.520 vatios y 24 canales del equipo de sonido Burmester (5.682 €). El alerón trasero, que se despliega automáticamente en función de la velocidad de conducción, es de serie y queda perfectamente enrasado en la tapa del maletero.                                                                                                                            


Para conseguir que este Mercedes sea un deportivo de pura raza y a la vez un coche para disfrutar en el día a día, se han empleado las más avanzadas tecnologías. Buena parte de su estructura y la carrocería están realizadas en aluminio. Pero, además, se emplea un material composite reforzado con fibra de carbono para hacer más ligera la tapa del maletero, y el capó delantero es de magnesio, ligero y con una altísima resistencia. Si esto no te parece suficiente, las ruedas traseras son direccionales para que las maniobras en ciudad sean más fáciles y la conducción más radical más sencilla. Y, por supuesto, no podían faltar unos poderosos y casi indestructibles frenos con discos cerámicos, una opción por la que hay que desembolsar 10.500 € y que hay que sumar a los 190.750 € que cuesta.

No me hiceron falta los 600 kilómetros por las carreteras de Arizona; en los primeros cien metros ya había quedado seducido para siempre por este Mercedes. Lo malo es que es un amor imposible.