El Mercedes-Benz 770K Grosser que montó Adolf Hitler al inicio de la II Guerra Mundial se subasta en Estados Unidos. Un pujante ofreció siete millones de dólares por él, pero al propietario le parece que un coche con tanta historia vale más.

Por ISMAEL PÉREZ

¿Le doy siete millones de dólares por el coche? No, no son suficientes. El propietario del Mercedes-Benz 770K Grosser con matrícula IA 148461 que montó Adolf Hitler entre 1939 y 1941 rechazó la semana pasada una oferta de tal calibre durante una subasta celebrada en Scottsdale, Arizona (EE.UU.).

Este Mercedes de cuatro puertas, seis metros de largo y dos de ancho, se conserva en perfecto estado pese a sus casi 90 años y es uno de los ejemplares en peligro de extinción, con menos de una decena en todo el mundo. Éste, por supuesto no es uno más. Era el automóvil utilizado por Hitler para los desfiles nazis y las visitas oficiales durante los primeros años de la II Guerra Mundial.

7 millones de dólares no son suficientes para el Mercedes de Hitler 1

Adolf HItler y Benito Mussolini durante un paseo triunfal por Munich el 18 de junio de 1940.

A la caída del nazismo, este Mercedes inició un tour infinito por el mundo. Las tropas estadounidenses se hicieron con él en Francia y de ahí pasó a manos privadas: Austria, un museo de coches en Las Vegas, Mónaco, en las manos de un rico empresario de la cerveza, un coleccionista ruso y los que no se conozcan entre medias.

El beneficio económico logrado gracias a un coche con una historia tan trágica detrás ha provocado que en cada operación aparezca la polémica. Por eso la casa de subastas Worldwide Auctioneers ha decidido sortear la controversia donando el 10% de los beneficios de la venta a un programo social sobre el Holocausto.

Este Mercedes-Benz 770K Grosser se presentó por primera vez en el Salón del Automóvil de París y fue una elección personal de Hitler gestionada por el oficial de las SS y conductor Erich Kempka. Alcanza los 180km a la hora, cuenta con un motor de 8 cilindros y dos compresores volumétricos que le hacen alcanzar los 400 caballos. Una pieza de lujo incluso aunque Hitler no la hubiera tocado. Para ésta, siete millones de dólares no bastan.