El siglo XXI acerca como nunca las grandes firmas de moda, joyas o complementos a los gigantes de la tecnología. Una colaboración necesaria para dotar de exclusividad  a unos y otros

En un mercado cada vez más competitivo, las grandes firmas de moda han decidido apostar también por la tecnología. Bien junto a otras empresas del sector, bien mediante la fabricación propia de gadgets, estas firmas han conseguido dotar de exclusividad a un buen número de artículos tecnológicos de uso común.

Uno de los ejemplos más cercanos es el de Apple Watch. El gigante estaodunidense quería hacer una colección única de relojes y para ello se unió a Hermès en lo que se definió como «una colaboración basada en un pensamiento paralelo y una visión singular». No es el único caso en el que la compañía con sede en Cupertino da a la moda prioridad absoluta: ya en 2013 fichó a la entonces CEO de Burberry para colocarla como vicepresidenta del gigante tecnológico. Todo un aviso para navegantes.

Otro sector en el que moda y tecnología colaboran es en el de los smartphones. Swarovsky, por ejemplo, ha puesto sus cristales en el modelo EGO de Kustom (que fabrica algunos de los terminales más caros del mundo) y en una versión  del Galaxy S6 Edge de Samsung. Y el mundo del sonido tampoco es ajeno a estas sinergias: la marca de auriculares Beats by Dre ha confiado una de sus colecciones al diseñador de Balenciaga Alexander Wang y la francesa de joyas y artículos de decoración Lalique, de la mano de Jean-Michel Jarre, se ha lanzado a crear y comercializar una lujosa estación de sonido para el iPod o el iPhone.

Y conocidas son también las sinergias entre moda y automóvil (Zegna con Maseratti) o la aeronáutica (Givenchy con Singapore Airlines), demostrando que moda, lujo y tecnología empiezan a ser sinónimos.