Conciliar éxito profesional y personal no es tarea fácil para nadie, excepto si te llamas Tommy Hilfiger. A sus 64 años, el creador estadounidense vive uno de los mejores momentos de su carrera gracias, en parte. a su esposa y musa Dee. En esta entrevista, el diseñador habla sin tapujos de su obra, su familia y de sus grandes pasiones.

POR OLIVIER O’MAHONY

A imagen y semejanza de su sonrisa, su éxito a deslumbrante. Con una esposa guapa, dos docenas de warhol en las paredes de sus casas y casi seis mil millones de euros de cifra de negocio en 2014, Tommy Hilfiger ha tocado el éxito con sus manos. Hace treinta años que este empresario hecho a sí mismo empezó a vestir al planeta, de Hollywood a Pekín. Su marca está presente en más de mil puntos de venta, de los cuales 125 están en China. Su concepto de sport chic americano ha seducido por igual a celebridades del mundo del espectáculo tan dispares como Mick Jagger y Britney Spears. Creador y hombre de negocios, hijo de una familia modesta, reivindica otro de sus talentos: «Siempre he sabido rodearme de las personas adecuadas».

¿Cómo se convierte uno en Tommy Hilfiger? ¿Estudiando?

No, yo era muy mal estudiante. Era disléxico. Aún hoy tardo mucho en leer y me cuesta mucho también. Las palabras se chocan unas con otras. Por el contrario, lo que se me dan bien son los números, afortunadamente, ¡porque es muy importante para mi empresa saber leer un balance! Pero lo que hago mejor es mirar fotografías. En ellas veo cosas que los demás no captan. Una fotografía o un cuadro me cuentan una historia. Tengo ojo. Fue así como me lancé al mundo de la moda. Creé mi primer negocio con 18 años porque sabía que nadie querría saber nada de mí en una Universidad. Me habría gustado mucho entrar en Harvard o en Yale. Ahora las universidades organizan pruebas específicas para disléxicos, pero no en mi época. ¡Yo ni siquiera sabía que lo era! Lo supe mucho más tarde…

¿Sabe de todas formas dibujar un vestido o un traje?

Sí, sé hacer un esbozo. De niño me pasaba las horas dibujando coches, casas. Y me encanta la arquitectura. Pero cuando se convierte en algo demasiado técnico, confío en los que estudiaron dibujo. Estoy rodeado de gente mucho más inteligente que yo.

¿De dónde sacó, siendo tan joven, la energía para emprender?

Mi verdadero resorte es el miedo al fracaso. No quería ser pobre o vivir en una casa demasiado pequeña para mí y mi familia. De adolescente, me encantaba el rock. Jimi Hendrix, los Rolling Stones, los Beatles… Soñaba con convertirme en una estrella del rock. Como no tenía suficiente talento, decidí empezar a vestirme como una de ellas. Fue así como lancé, en 1969, mi primera marca, People’ s Place. Vendía vaqueros de pata de elefante en los campus.

¿Qué pensaba su familia?

Todo el mundo estaba en mi contra. Mis profesores y también mis padres, que me decían que no lo conseguiría nunca porque no conocía a nadie en el mundo de la moda. Mi padre era un artesano de joyería de Elmira, en el estado de Nueva York. Mi madre era enfermera, muy católica. Éramos ocho hermanos. Y no éramos ricos. Con 150 dólares compré una veintena de vaqueros que revendí a una tienda después de transformarlos. Empecé con lo mínimo y rápidamente me desarrollé. Pero no entendía nada de negocios. Con 23 años, quebré. ¡Un recuerdo espantoso! Me repuse aprendiendo solo cómo dirigir una empresa siendo al mismo tiempo creativo y un visionario.

En su colección de otoño/invierno 2016/17, el diseñador ha vuelto fusionar moda y entretenimiento.

Así nació Tommy Hilfiger

Sí, en 1985. La moda hippy estaba desfasada. Había posibilidades en el nicho del estilo pijo clásico americano, pero dándole un toque moderno, sexy, cool. Mi padre siempre se vistió de una forma muy estricta, con traje y corbata, y eso tuvo mucha influencia sobre mis gustos. La idea era quitarle la naftalina a ese look con detalles sorprendentes que hacen que la ropa se convierta en algo único y diferente y a la vez siga siendo accesible para la mayoría. Este es el ADN de Tommy Hilfiger desde su creación.

¿Y cómo logró imponerse siendo nuevo en el sector?

La gente seguía diciendo: «Nunca has ido a una escuela de moda, no sabes nada de costura, no eres un verdadero diseñador». Yo respondía que sabía contratar a la gente capaz de hacer realidad mis ideas, mis sueños. Siempre he sabido rodearme de las personas adecuadas. Así que la marca Tommy Hilfiger despegó muy rápido. Pero no tenía los medios para pagar publicidad. Tuve la suerte de conocer a un hombre de negocios indio, Mohan Murjani, que confió en mí y me permitió lanzar una campaña ambiciosa pero muy arriesgada en la que me comparaba con los más grandes, Calvin Klein y Ralph Lauren. Todo el mundo se rió y tuve miedo de haber cometido un gran error. Fue entonces cuando regresé a mi primer amor: el rock.

¿Qué quiere decir?

Andy Warhol ejerció una gran influencia sobre mí.  Yo iba mucho a Studio 54, donde Mohan Murjani me lo presentó. Andy me llevó a la Factory. Me enseñó todo lo que hacía. Me preguntaba: «¿Quieres comprar un cuadro? Cuesta 2.000 dólares». Por desgracia  yo no tenía ese dinero.

«En el mundo de la moda la gente va y viene… ¡pero yo sigo aquí!»

Lástima…

Efectivamente, pero me fascinó su capacidad para mezclar la moda, el arte, la música y el mundo del espectáculo. ¡Era increíble! Un día, cuando estábamos en la Factory, me encontraba con Mohammed Ali; otro con Sylvester Stallone, con Liza Minnelli… Él les hacía fotos, los retrataba, hacía películas con ellos… Eso me dio la idea de utilizar los métodos de la cultura pop en la moda. Supuse que vistiendo a las estrellas con mi ropa, les daría a sus fans ganas de comprarla. Fui el pionero en este tipo de promoción. Mi pasión por el rock me llevó hacia los músicos, y funcionó. Lenny Kravitz, David Bowie, Beyoncé, Britney Spears, Sheryl Crow, Mick Jagger… todos aceptaron vestirse con mi marca. Después pasé a vestir a sus hijos, los de Rod Stewart, Sting, Keith Richards, Quincy Jones… Y entonces pensé: «¿Por qué no intentarlo con las estrellas de cine?». ¡Hollywood es tan americano! Kate Hudson, Jennifer Lopez y otras estrellas empezaron también a llevar mi ropa.

En los años noventa, su marca se convierte también en el emblema del mundo del rap y el hip-hop…

Las cosas me sobrepasaron sin darme cuenta de lo que sucedía. Mi hermano Andy, que es músico, me presentó a unos jóvenes que literalmente estaban obsesionados con mi ropa. Lo compraban todo, pero en talla XXL, con los grandes y vistosos logos y con gorras del revés. De golpe, la marca se convirtió en omnipresente en las calles de las ciudades. Un día Snoop Doggy Dog vino a vernos porque iba a salir en el famoso programa Saturday Night Live [el late show del sábado por la noche de la NBC con una gran audiencia], y a partir de ese momento explotaron las ventas. ¡Fue de locos!

Su despacho, un ‘altar’ a América y los suyos

¿Qué pasó después?

Digamos que la demanda se desbordó súbitamente con respecto a la oferta. La empresa cotizaba en Bolsa. Los accionistas estaban encantados. Les hicimos felices. Pero con los clientes todo el rato era «ya llega, ya…». Hoy en día nadie se viste de pies a cabeza con la misma marca. La verdad es que todo aquello nos perjudicó mucho.

¿Cómo vivió ese fracaso?

Todo se precipitó a finales de 1999. Me divorcié de mi primera esposa; mis socios vendieron sus acciones y me asocié con otros. Fueron dos grandes cambios en mi vida. No soy una persona paciente. Tengo tendencia a avanzar a marchas forzadas y en aquella época las cosas iban mucho más lentas. Entonces me dije: «Vamos a calmarnos y hacer una pausa». Cerramos tiendas en Estados Unidos y nos reforzamos en Europa, donde la marca marchaba muy bien. Fue Europa la que nos salvó. Desde 2005, pudimos desarrollarnos otra vez en Estado Unidos, nuestra tierra de origen.

Ese mismo año, 2005, conoció a su segunda esposa, Dee Ocleppo.

Sí, en Saint-Tropez, en el Club 55, donde voy cada verano. Creo que se parece a Grace Kelly. Es mi musa. En vaqueros o en traje de noche, siempre es igual de chic. Dee vivió muchos años en París y en Mónaco. Es una americana de cultura europea. Las dos cosas van muy bien juntas. Es exactamente lo que intento hacer con mis creaciones. Si lo que lleva Dee le sienta bien, sé que gustará a mis clientes.

Su hijo Sebastian nació en 2009. Tenía usted 58 años. ¿Cómo cambió su vida con su nacimiento?

Todas las mañanas lo llevo al colegio en Connecticut, donde residimos habitualmente. Sebastian tiene autismo. Recaudo fondos a través de mi fundación para financiar la investigación sobre este trastorno, mal conocido e incurable. Tengo siete hijos. De mi anterior matrimonio, cuatro: Richard, Elizabeth, Ally y Kathleen. Dee, por su parte, tuvo dos hijos que son como si fueran míos. Pasamos la Nochevieja juntos en Mustique, donde tengo una casa, al lado de la de Mick Jagger. De hecho, nuestras familias tienen mucha relación.

¿Uno de sus hijos será su sucesor al frente de Tommy Hilfiger?

Creo que la empresa se ha convertido en algo demasiado grande para ellos. Trabajar en ella llamándose Hilfiger no es fácil. El resto de la gente los trataría de manera diferente y yo no quiero eso para ellos. Y además, cada uno tiene sus propios proyectos.

¿A qué se dedican?

Una de mis hijas es pintora y escritora. Otra, creadora de moda. Mi hijo es músico. Todo lo que deseo para ellos es que se diviertan tanto como lo hago yo. Eligieron ámbitos en los que es muy difícil tener éxito y trabajan mucho para conseguirlo. Pero todavía son jóvenes y tienen tiempo para demostrar lo que valen.

¿Cuáles son sus aficiones?

Me gusta esquiar. En Mustique, practico paddle board [surf de remo] y juego al voleibol. Soy, por encima de todo, un gran coleccionista de arte. Además de mis Andy Warhol, poseo obras de Damien Hirst, Basquiat, Marc Quinn, Tracey Emin… Tenemos una hermosa colección. La mayoría de las obras se encuentran en mi casa de Miami, en Golden Beach.

Se dice que tiene usted el coche más caro de Greenwich, Connecticut, el enclave para millonarios en el que vive.

Es un Ferrari Enzo. Me gustan los coches buenos, los barcos, los jets privado…

Su trayectoria recuerda a la de Donald Trump, candidato a la investidura republicana para las presidenciales de noviembre de este año. ¿Qué opina de él?

Su hija Ivanka apareció en una de mis campañas publicitarias. Dice al tiempo cosas buenas y cosas malas, como todos los políticos. Todavía no he decidido a quién voy a votar en noviembre. Un día soy republicano y al siguiente demócrata.

¿De qué está más orgulloso en su vida?

De mi familia, por supuesto. Pero también de haber conseguido seguir en este negocio tanto tiempo. En el mundo de la moda, la gente va y viene, ¿sabe? Pero yo, ¡ahí sigo!