Lleva el exceso por bandera y disfruta mostrando su vida privada en las redes sociales. El diseñador alemán que arrasa en el mundo capitanea una compañía de éxito que factura más de 200 millones de euros al año. Y todo lo ha conseguido en una década.

POR JOSÉ LUIS DÍEZ GARDE

Si no fuera por el éxito de los datos –en solo 12 años ha levantado un imperio que solo en 2015 facturó 200 millones de euros–, por su forma de actuar podríamos pensar que Philipp Plein es italiano. Pero no es así. El diseñador, amigo íntimo del Flavio Briatore, al que hace unas semanas compró el 51% de su firma Billonaire, es alemán, de Múnich para ser exactos, pero poco encontramos en él del discreto carácter teutón. De allí solo ha heredado la pasión por el trabajo (se define como un auténtico workaholic) y una manía por cuadrar los números. Es el diseñador alemán del momento y podría reunirse con Angela Merkel, pero él prefiere ir de fiesta con Kim Kardashian o Kanye West.

Plein se ha convertido en un tiempo récord en un icono del exceso en la moda. Con clientes como la propia Kim Kardashian, Kanye West o Justin Bieber, el creador ha sabido rentabilizar al máximo el éxito de sus propuestas imposibles cuajadas de cristales de Swarovski y calaveras destinadas sobre todo a un público seguidor del lado más exhibicionista de este mundo (Messi y Ronaldo entre ellos). Dicen que sus diseños están pensados para satisfacer los deseos de los nuevos ricos y a la vista de los resultados, debe de haber muchos. Prueba de ello son por ejemplo las cazadoras exclusivas que diseñan en la casa. Tienen un precio de 80.000 euros y, aunque sean pocos, hay gente que las demanda.

Philipp Plein, revival punk 1Su mansión es un paraíso del ocio: presume de piscina, bar, sala de cine, un increíble sistema de sonido y sauna. 

 

«Tengo éxito, dinero y mujeres», parece gritar a los cuatro vientos sin ningún tipo de reparos Plein siempre que tiene ocasión. Un ejemplo de ello son sus redes sociales, que no son de la marca, sino suyas personales. Allí le vemos como la encarnación contemporánea de lo que en otra época se denominó la jet set: posa con su avión privado, que le traslada de un lado a otro del mundo; muestra sus espectaculares mansiones o sus fiestas en la piscina; exhibe sin ningún tipo de contemplaciones sus tatuajes y sus músculos tras horas de gimnasio; nos narra cómo evolucionan las obras de su nueva casa en Bel Air o nos da a conocer su colección de coches, que incluye desde un Lamborghini a un Bentley o un Rolls Royce. Incluso, en lo que puede ser considerado un exceso de demostración de poderío, se atrevió a publicar de manera irónica el documento de paralización de las obras de su nuevo jacuzzi en su apartamento neoyorquino: «Cuando recibes una orden del Ayuntamiento de Nueva York para parar las obras de tu jacuzzi porque tus vecinos no están contentos con él», decía en Instagram.

En las redes sociales, Plein enseña sin tapujos su avión privado, su nueva mansión en Bel Air o su colección de coches

Pero, pese a lo que pueda parecer, detrás de todo este mundo de extravagancia se encuentra un hombre de negocios que tiene claro que aquí ha venido a ganar dinero. No le interesa tanto el mundo de la tendencia en sí. Se fija una serie de objetivos que tiene que cumplir y lucha para conseguirlos. De hecho, así comenzó su historia: todo empezó con sillones para perros que si bien parecían una idea arriesgada en un primer momento demostraron ser todo un éxito. Después de esto llegó un encargo de Moët & Chandon para una feria en Düsseldorf, donde puso como condición poder vender los muebles que él diseñaba. Para mostrar los tipos de pieles que podían ser utilizado en el tapizado de estos confeccionó unos pequeños bolsos de mano. Los clientes que se acercaban acaban interesándose más por los bolsos y preguntando el precio de ellos. Tras esto, en la feria Bread & Butter, se le ocurrió añadir cristales a unas cazadoras militares. Otro éxito inmediato: «En América todo el mundo me dice: ‘Oh, me encanta tu chaqueta’ o ‘me he enamorado de tus zapatos’, pero en Alemania, créeme, cuando alguien te para por tu chaqueta tienes que hacer algo», afirmaba en una entrevista que le realizó hace unas semanas el periódico Financial Times. A partir de ahí todo empezó a funcionar como la seda. Incluso se metió en el bolsillo a los miembros de la Camera Nazionale della Moda de Milán, reticentes en un primero momento a incluirle en el calendario oficial.

Justin Bieber, Paris Hilton o Kim Kardashian están en su cartera de clientes

«Estamos creando un imperio», publicaba recientemente en Instagram. Y es cierto. En estos momentos tiene 80 tiendas en el mundo bajo el nombre de Philipp Plein, quiere triplicar en cinco años el tamaño de su última adquisición, Billonaire (ha creado el personaje de Mr. Plutus, su álter ego, para este proyecto) y una legión de celebrities se rinden a sus pies. Y no hablamos de cualquiera. A los antes citados Bieber, West y Kardashian habría que incluir a Naomi Campbell, Lena Gercke, Kate Hudson, Steven Klein, Selena Gomez, Paris Hilton, Pierre Sarkozy… Todos han caído rendidos ante el poder magnético de un hombre que un día se planteó un problema: si todo el mundo va a ir al desfile de Gucci o Prada y no al mío… hagámoslo a última hora y que la gente se quede de juerga. ¿Quién se puede resistir entonces a un show que más que una presentación de moda es una macrofiesta que se seguirá recordando durante muchos días? Y no solo eso. Plein no repara en gastos y para ello contrata a Etienne Russo, habitual productor de los desfiles de Chanel.

Philipp Plein, revival punk 2Su palacete en Cannes hace las veces de extravagente escaparate de su línea de ropa. Un Mickey gigante de Jeff Koons lo preside.

 

Es en esos momentos donde el universo del alemán se exhibe en su mayor esplendor y sin ningún tipo de complejos. Es capaz de transformar la pasarela en un espectáculo en el que podemos encontrarnos a los Harlem Globetrotters, a cheerleaders animando el ambiente, camiones que hacen las veces de escenario o una orquesta de 30 músicos tocando en directo La cabalgata de las Valkirias.

Y no solo eso. La maquinaria Plein está perfectamente engrasada para ser una máquina de hacer dinero. Sabe lo que el público quiere y se lo da. Su próximo objetivo, según confesaba en una entrevista a la edición online de Vogue América el enero pasado, son los Estados Unidos: «Es el nuevo público al que quiero enfocarme».

Destino, U.S.A.

«Es un mercado difícil, saturado, pero lo intentaremos». Y seguro que el experimento le saldrá bien: ha fichado para esta expansión a Graziano de Boni, ex de Armani y Prada, y cuenta con el apoyo de algunos de los iconos pop más potentes en estos momentos en Estados Unidos. Si a esto le sumamos su nueva casa en Bel Air, desde la que podrá seguir de cerca esta expansión, está claro que el objetivo se va a cumplir y podrá beber para celebrarlo el combinado de champán y Red Bull que tanto le gusta.

Plein sabe que aparecer en un editorial de una revista le reporta prestigio

Puede ser más o menos criticado por todo esto y él es consciente. Sabe, como reconocía en la entrevista en el Financial Times, que aparecer en una editorial de una revista no tiene por qué repercutirle en ventas inmediatas pero sí en prestigio en el sector y que anda necesitado de eso. Pero también es consciente que él mismo es un personaje muy atractivo que cuenta con el beneplácito de dos nombres pesados de la moda: Franca Sozzani, directora de Vogue Italia, y Carine Roitfeld, exdirectora de Vogue París y actual editora de CR, su propia revista. «Pedí conocer a Philipp –reconocía Roitfeld en la misma entrevista en el diario económico–. Es un personaje atípico en el mundo de la moda. Siempre me ha gustado la gente que actúa de manera distinta al resto. Encuentro su camino al éxito muy sorprendente. Me atrae el hecho de que sea tan diferente».

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Plein trabaja seis meses al año en su casa de la Costa Azul. Su laboratorio está en el sótano. Allí diseña y prueba sus prendas a modelos reales.

 

Estamos en un momento donde la moda está ante un cambio de paradigma. Los desfiles no funcionan como antes y las redes sociales arrasan. El ‘más es más’ parece que se ha instalado protegido por personajes como Kardashian, Beyoncé, Rihanna o Lady Gaga, mujeres de fuerte personalidad donde el exceso siempre es bienvenido. Ya no nos preocupamos tanto por el buen gusto e Instagram es solo reflejo de una vida plenamente satisfactoria. Y para vestir esa vida está Philipp Plein.


Cuero negro y Batman 

En sus trabajos más recientes, Plein apuesta por el negro y por guiños al mundo de los superhéroes. Presenta trajes con referencias anatómicas que dejan ver su visión de la sastrería actual. Su lado más sport aporta prendas de punto en gris y negro y una colección de chaquetas y abrigos (en piel y terciopelo) que reflejan los dos puntos de vista que el alemán quiere transmitir.

Primavera/Verano  

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Otoño/Invierno

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