Bajo el nombre de Burberry Tielocken nació en 1912 una de las prendas más icónicas del último siglo, el ‘trench’ de gabardina de Burberry. El mimo en cada detalle es hoy el mismo de entonces, pero las nuevas prendas vienen ahora con un plus: pueden personalizarse con sus iniciales.

POR DAVID GARCÍA

El tiempo parece haberse detenido en la pequeña ciudad de Castleford (Inglaterra), donde aún hoy, más de cien años después de su nacimiento, se confecciona como entonces una de las prendas más exclusivas: el trench de Burberry, la cumbre del estilo british.

Creada en origen para proteger del viento y de la lluvia a los oficiales británicos –a los que dotaba, al mismo tiempo, de una marca distintiva con respecto al resto de los soldados–, la prenda dio pronto el salto fuera del ámbito castrense. Aviadores y exploradores, que buscaban una prenda que repeliera el agua y los protegiera del aire, comenzaron a utilizarla. Como el comandante F. G. Jackson, famoso por sus expediciones al Círculo Polar Ártico a finales del siglo XIX, en las que trazó los mapas más exactos hasta entonces de ese territorio helado e inhóspito vestido de Burberry. Después lo vestirían estrellas de cine, artistas, políticos y hasta la realeza.

Hoy, esas virtudes que lo hicieron popular hace cien años se han mejorado y se han adaptado a los tiempos para conseguir que el trench de Burberry siga siendo una de las prendas más elegantes y un símbolo de calidad y artesanía, refinado durante el último siglo y perfeccionado a través de generaciones de expertos. Fruto de ese ejercicio de perfección continua aparecen nuevas colecciones, como la Heritage, la última y más exclusiva de la firma británica. O nuevas posibilidades, como la novedad que ofrece esta temporada la marca de Castleford: personalizar con nuestras iniciales cualquier trench, de la misma forma que antes lo permitió con sus bufandas de cachemira, sus ponchos y mochilas, y hasta con sus eau de toilette y eau de parfum, a las que se puede realizar un monogramming para que sean tan únicas como sus dueños.

El patrón del éxito de los trench de Burberry es sencillo, pero no está exento de complicaciones: un proceso de diseño y confección artesano que respeta la tradición y espíritu con el que nació la prenda ideada por Thomas Burberry.

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El proceso se inicia con la elección de un tejido único: la gabardina. Su invención también es cosa de Thomas Burberry, que en 1879, cuando contaba 42 primaveras, revolucionó con ello el campo de las prendas contra la lluvia. La ligereza y la transpirabilidad fueron los dos motivos que guiaron el diseño y el desarrollo del algodón de gabardina del que está hecho el trench.

Antes de esta innovación de la firma británica, los tejidos se enceraban o se cubrían de una capa de goma para repeler el agua, aunque esta fórmula los hacía más pesados e incómodos para llevar durante periodos largos de tiempo. Por contra, la gabardina de Burberry se hace de hilos tejidos en una compacta construcción de sarga (tela cuyo tejido forma líneas diagonales) con más de cien hebras intercaladas por centímetro. Los microscópicos espacios en el tejido permiten la ventilación, mientras que la estructura compacta protege de la lluvia impermeabilizando el tejido, que después de reforzarse acaba formando un abrigo ligero, transpirable y resistente.

Son estas técnicas tradicionales las que hacen que la prenda sea diferente al resto, a lo que hay que sumar las aportaciones de las últimas tecnologías, que perfeccionan los acabados y la hacen más resistente al agua.

Desde los tejidos puros hasta los últimos detalles, cada paso de la producción está cuidadosamente pensado. El algodón es elegido en función de la pureza y la longitud de las fibras, lo que consigue una superficie de textura lisa y favorece la durabilidad. Estas fibras permiten crear ovillos de hilo muy fuertes y resistentes gracias al uso de dos hilos retorcidos en un proceso conocido como duplicación. El color de la gabardina se controla rigurosamente y está supervisado por expertos del taller de Burberry. Tras la aprobación final, el tejido pasa a la fase de acabado y se vuelve a revisar por un equipo para asegurar que se encuentra en perfectas condiciones y que responde a los estándares de calidad y exclusividad que caracterizan a la marca.

Una vez creada la tela, la gabardina, los maestros artesanos de la firma se encargan de darle forma, y lo hacen respetando las tradiciones de hace un siglo. O lo que es lo mismo, hacen de sus tijeras y del corte manual su principal virtud, basándose en patrones hechos a mano también por los diseñadores mejor preparados.


Gracias a su ligereza y transpirabilidad, el ‘trench’ ha conquistado a artistas, políticos, estrellas de Hollywood y hasta a la realeza


Solo así se entiende que el proceso total, desde que se da el primer paso hasta que el trench está completamente concluido, llegue a durar tres semanas para cada pieza. Durante esos 21 días se somete a la prenda a más de cien procesos altamente cualificados con los que se asegura la calidad y el aspecto único por los que se conoce al trench de Burberry.

Los mencionados patrones hechos a mano ponen su acento en ciertos detalles que hacen del trench una prenda inconfundible. Hablamos, por ejemplo, de las hombreras. Y aquí hay que recordar de nuevo los orígenes castrenses de este abrigo, ya que hace cien años permitían conocer el rango de los oficiales. Hoy las hombreras no marcan el rango de quien lo lleva, pero su diseño vanguardista le dota de una elegancia incomparable, sin descuidar otro aspecto fundamental: la comodidad.

Otro de los ejemplos que describe el peso de la tradición en los trench de Burberry es el detalle de la espalda. Como buenos militares, los oficiales británicos debían ser hábiles jinetes. El patrón del trench no pasaba por alto tampoco este detalle, y por eso la espalda del abrigo presentaba un pliegue creado para expandirse al correr o al montar a caballo. El paso de los años y el cambio en los hábitos no han variado para nada el diseño de la espalda, que aún hoy mantiene este pliegue convirtiéndose así en un signo de distinción (uno más) de la prenda.

El gusto por los detalles, como el mencionado pliegue, es otra de las marcas de excelencia que caracterizan a la centenaria firma. Su máximo exponente se alcanza en otro elemento delicado y esencial del abrigo como es el cuello. Por eso su confección es uno de los momentos en los que los maestros de Burberry ponen un mayor cuidado. No es para menos, ya que estos artesanos necesitan más de un año de formación para aprender a coser un cuello de estas características, lo que le da al trench un valor añadido único. Minuciosidad, mimo y cuidado extremo son las cualidades que deben reunir los artesanos que se encargan de esta misión, cuyo éxito depende en gran medida de la destreza que demuestren en el manejo del método que forma parte del legado de diseño de Burberry. Sus manos realizan 11,5 diminutas puntadas por pulgada a lo largo del cuello para crear una curva fluida que asegura su perfecto encaje en el abrigo. El resultado de tal ejercicio de artesanía es extraordinario. Apenas hay rastro de la unión de las partes, y se forma una superficie uniforme y homogénea que se adapta al cuello con la mayor precisión.

Pero tan importante es el diseño exterior como el interior. En él se encuentra una de las señas de identidad de la marca desde 1920. Se trata de los característicos cuadros de Burberry, con su clásica combinación de colores camel, marfil, rojo y negro. Cada forro de checks House (como se le conoce) se corta cuidadosamente para garantizar que el diseño de cuadros sea simétrico y no se entrecruce, con el objetivo de no romper el orden. Este forro se incluye en el cuerpo del trench y en el cuello, lo que supone un trabajo mucho más delicado, ya que en este caso los cuadros del cuello llevan una inclinación exacta de 45 grados, para adaptarse así perfectamente a las líneas marcadas por el propio cuello.

Así, el trench de Burberry mezcla a la perfección un diseño actual con todo un siglo de vida, durante el que se ha reinventado con nuevos tejidos y estampados. n