Willem Dafoe es, desde hace más de tres décadas, un actor clásico e imprescindible en Hollywood. Su rostro ha reflejado como pocos en el cine el terror, la maldad y las tormentas interiores. Sin embargo, el actor se viste ahora de humanidad en su última película, ‘The Florida Project’.  Y después de dos nominaciones, esta vez sí suena en serio para el Óscar.

Por MARÍA ESTÉVEZ

«Yo no actúo, saco a pasear al animal que hay en mí». Así definió una vez Willem Dafoe su trayectoria profesional en el cine. Pero a sus 62 años, Dafoe se olvida por una vez de los personajes antagónicos, crueles y monstruosos para regalarnos a Bobby, el director de un motel barato pródigo en amabilidad, en su última película, The Florida Project. El actor, profundo e intelectual, suena para el Óscar por este papel, el que posee más humanidad de los que ha interpretado en toda su carrera. Además, el filme tiene el atractivo de contar con un elenco lleno de actores amateurs como Brooklyn Prince, la niña de siete años que protagoniza la cinta.

Pero que nadie se llame a engaño. En The Florida Project, la golosina envuelta en papel de colores hará que nos atragantemos en algunos momentos. En el personaje de Dafoe el público descubre la honda cicatriz de vivir tan cerca del dolor. Al idealista sargento de Platoon, el Cristo de Martin Scorsese o el Max Schreck en La sombra del vampiro se les suma Bobby en The Florida Project para alargar la versatilidad inagotable de Dafoe.

Tuvimos la oportunidad de conversar con el actor durante el Festival de Cine de Toronto. Poco dado a entrevistas, esta vez está dispuesto a conversar sobre Trump, la realidad social estadounidense y la aventura de ser uno de los mejores actores de la actualidad.

– CÓDIGO ÚNICO: ¿Conocía el submundo de los moteles en Florida?
– WILLEM DAFOE: No, para nada. De hecho, tengo algunos familiares que viven no muy lejos del barrio en que se desarrolla la película, pero yo no conocía ese mundo. Cuando hablé con Sean [Baker, el director] y me dio información sobre mi personaje, mis ojos se abrieron.


 

WILLEN 2«Cada vez hay más gente deprimida, utilizando fármacos para sobrevivir. Necesitamos darle más valor a la comunicación y la familia»


– CÚ: Pasa mucho tiempo en Florida. ¿Entendía el aspecto subliminal del personaje?
– WD:
Sí. Vengo de una familia grande y una de mis hermanas está casada con un tipo de allí. Le grabé para conseguir su acento, aunque luego me dijeron que no era el correcto porque Florida tiene muchos tipos de acento.

– CÚ: En este filme los niños no son actores. ¿Cambió su aproximación al personaje al trabajar con ellos?
– WD: 
No. Cuando empiezo un proyecto, trato siempre de comenzar con una actitud fresca. Uno de los elementos más atractivos de esta cinta fue saber que íbamos a estar trabajando con niños y jóvenes que se ponían delante de las cámaras por primera vez. Me pareció una idea muy atractiva porque la gente que no es profesional puede no saber nada de la cámara, pero a cambio consigues su presencia. Brooklynn, por ejemplo, demuestra una inclinación natural hacia la interpretación. Es fantástico colaborar con niños que siguen siendo niños y no se comportan como actores. Cuando trabajas con actores, te olvidas que sigue existiendo esa frescura.

– CÚ: Entrega una humanidad a su personaje en The Florida Project a la que no estamos acostumbrados.
– WD: 
Entiendo lo que dices, pero deberías abrazar a todos mis personajes porque hay algo humano en todos ellos. Lo cierto es que uno no sabe lo que va a surgir de ningún personaje hasta que llega al rodaje y lo interpreta. Bobby tiene truco porque es una autoridad en este pequeño mundo y, por ello, necesita mostrarse emocionalmente distante, aunque sabe que es un tipo ordinario, normal. Su compasión, su empatía, es el resultado de verse reflejado en los demás. Se da cuenta, porque vive allí, de que pertenece a la comunidad. Necesita que la comunidad funcione. No es un altruismo elevado, es pragmatismo. Es ahí donde radica la belleza de la historia.

– CÚ: ¿Qué destacaría de la colaboración con Sean Baker?
– WD: 
No conocía su trabajo en profundidad. Había visto Tangerine y poco más. Me parece un tipo comprometido que a la vez es guionista, editor y director. Paquete completo. A mí me gustan los cineastas que permiten una colaboración fluida. Este es un proyecto de poco presupuesto que echa sus raíces en personas reales, en el que tengo que mantener los pies ligeros por la responsabilidad. No es un documental, es ficción. Sin embargo, marida ambos mundos, la realidad y la ficción.

– CÚ: Se prodiga con frugalidad en la pantalla.
– WD: 
Para mí, cada película debe ser especial. Espero y deseo haber conseguido que todas mis películas tengan algo diferente.

– CÚ: ¿Siente que ha alcanzado lo que deseaba cuando empezó?
– WD: 
Sigo persiguiendo mi carrera. Entiendo que ser actor se parece al sentimiento de despertarse por la mañana en un lugar desconocido. Es algo que te mantiene alerta, aprendiendo de lo que ves a tu alrededor. Me asombra el ser humano y todo lo que le rodea.

– CÚ: ¿Hay alguna cualidad del ser humano que llame su atención?
– WD: 
La amabilidad. Me maravilla cuando la gente es amable y se comporta con educación. Reconozco la empatía cuando la descubro porque siento que falta responsabilidad, en general, hacia esas comunidades olvidadas de la sociedad. Vivo obsesionado con cómo estamos perdiendo contacto unos con otros. Toda esta tecnología, la forma en que recibimos información está haciendo que paerdamos el contacto físico. Cada vez hay más gente deprimida, utilizando fármacos para sobrevivir. Necesitamos darle más valor a la comunicación y la familia.


 

WILLEN«Estoy en paz con mi trabajo, pero el animal sigue hambriento»


– CÚ: Su nombre suena para el Óscar…
– WD: 
Sería maravilloso, pero no tiene sentido desearlo. No voy a negar que a veces pienso que me lo dan, y tengo la suficiente imaginación para soñarlo. Creo que es una validación de mis pensamientos, porque eso me permitiría recordarle a mucha gente que todavía no estoy muerto. Aunque para mí, el Óscar no significa lo que otros creen que significa.

– CÚ: Habla con cierta frustración hacia la industria. ¿Se ha sentido olvidado?
– WD: 
Cuando eres joven intentas encontrar tu camino en el mundo, tu identidad. Ahora me siento cómodo. No contento, no acabado, porque el animal sigue hambriento, pero más en paz con mi trabajo. Digamos que soy más flexible. Quiero llegar a ese punto en el que no deba sentir ningún temor ante cualquier tipo de situación. Pero creo que no lo voy a lograr nunca.

– CÚ: En The Florida Project, la ficción y la realidad caminan de la mano…
– WD: 
En este caso, la línea que separa la ficción de la realidad es muy fina. Durante el rodaje, por la noche, yo me iba a dormir a un hotel estupendo mientras que los niños no sabían dónde iban a dormir. Mucha gente que ha trabajado en la película vive en la situación que vemos.

– CÚ: Disney ha creado en Disney World un mundo mágico, pero en la parte de atrás de su mundo de fantasía hay un universo de pobreza. La película habla de eso.
– WD: 
Este filme no intenta echar basura sobre Disney, aunque creo que no puedes negar la ironía de ese lugar inventado, considerado el lugar más feliz del mundo, que se encuentra junto a uno de los vecindarios más pobres de Florida, rodeado de familias viviendo en los márgenes sociales, en la red de la asistencia estatal que en realidad es nula en Estados Unidos. Es importante ver esta película y entender su profundidad porque habla de la responsabilidad que tenemos unos hacia otros. Disney es un parque temático que contextualiza la pobreza que nosotros iluminamos; un barrio escondido de ‘sin techo’ con niños viviendo en moteles baratos. Pero hay que aclarar que no ocurre solo en Florida, sucede en Massachusetts, California, Kentucky. El filme expresa de manera afilada un mensaje que se amplifica por estar ubicado cerca de Disney.

– CÚ: ¿Cuál sería la solución?
– WD: 
No ofrecemos soluciones, representamos el ciclo de pobreza. Uno empieza a imaginar lo que deberíamos hacer, y está claro que el ambiente político que vivimos necesita mejorar. Todo el mundo se cuestiona la situación social, no solo en Estados Unidos, sino también en Europa, y, sin embargo, eligen como presidentes a financieros para gobernar países. Prefieren hombres de negocios al frente del Gobierno a políticos con un código ético y moral.

– CÚ: El filme se rodó antes de que llegara Trump al poder.
– WD: 
Yo iba a casa por la noche después de grabar y veía la Convención Republicana en televisión.

– CÚ: Usted ha representado en el cine personajes icónicos. ¿Mantiene la misma energía en cada proyecto?
– WD: 
Sin duda. Como actor busco experiencias, es algo que hago todo el tiempo. Es maravilloso participar en una producción modesta que me permite contactar con la realidad. Una película es simplemente vivir la vida, participar de una aventura mientras pretendes ser otra persona. Cada vez que aprendo algo siento que recargo mi energía porque hay un giro en el entendimiento.


 

WILLEN 1«Me maravilla cuando la gente es amable y se comporta con educación»


– CÚ: Mejora como actor con cada proyecto?
– WD: 
Uno espera que sea así. No recuerdo quién fue, me parece que Stella Adler –nunca estudié con ella, pero un amigo que sí lo hizo me lo contó–, quien dijo: «No voy a convertiros en actores, voy a convertiros en personas».

– CÚ: ¿Piensa en su legado a la hora de elegir proyectos?
– WD: 
No, me gusta trabajar junto a artistas que me provocan mientras contamos una historia particular. A veces, es interesante rodar una película comercial, no porque sea comercial, sino porque te permite ejercitar otro tipo de músculo, es un juguete distinto que requiere otro tipo de mentalidad. Generalmente, tiendo a buscar proyectos más personales. No soy un producto que se vende, soy un actor que se transforma, esa es la gran diferencia.

– CÚ: ¿En qué invierte su tiempo?
– WD: 
No me gusta compartir mi espacio privado. Hay una parte de mí que disfruta con la aventura, con los viajes, con aprender, con transformarse cada día. Eso ocurre cuando te involucras en cosas que exigen descubrir pasiones ajenas.

– CÚ: Su próximo filme es Aquaman, con James Wan.
– WD: 
Sí. Me gusta Wan porque sus películas de terror son muy llamativas. Soy un apasionado del género de terror y considero que, aunque popular, también puede moldearse con sentido artístico. Tengo ganas de rodar esa cinta porque los superhéroes se han convertido en un lenguaje de masas, una plataforma que provoca entusiasmo genuino.