Steve Anderson es un ‘lobo solitario’ en el mundo de las inversiones. Su mayor acierto: apostar por Instagram cuando ni siquiera tenía un nombre.

Por Víctor Goded

Steve Anderson está sentado en la mesa de una cafetería escuchando atentamente a Kevin Systrom y Mike Krieger, dos jóvenes a los que ha conocido apenas seis meses antes, cuando el primero aún trabajaba en Google. La propuesta que le presentaron en aquel momento le convenció tanto, que Anderson no dudó en entregarles un cheque de 250.000 dólares para que desarrollaran su idea de negocio.

Pero ahora, en junio de 2010, solo medio año después, la idea ya no parece tan buena, y ni sus propios creadores están seguros de ella. Su propósito de crear una red social de geolocalización echa el freno antes incluso de echar a andar. Pero entre medias, Systrom y Krieger han madurado otro proyecto: crear una una aplicación para compartir fotografías. Anderson, tras las explicaciones, mira al techo durante unos segundos antes de preguntarles ingenuamente por qué han perdido tanto tiempo con aquella idea inicial.

«Si tengo dudas escucho a mis tripas. Ellas me dijeron que tenía que invertir en Instagram»

De los tres, quizá él es el único que intuye que se encuentran ante uno de esos trenes que solo pasan una vez en la vida. Y decide apostar a esa carta. A la carta ganadora de una aplicación hoy conocida como Instagram.

Esta es la historia con el final más bonito de este notorio inversor, pero no la única. Todos los negocios los ha sellado con el nombre de su compañía, Baseline Ventures, que fundó en 2006 con la ayuda del veterano Ron Conway –un inversionista en cuyo currículum ya tenía escritas con letras de oro sendas financiaciones a Google y Paypal– y donde sigue como CEO: «Aunque sobre el papel parece que ha sido un paseo en línea recta hacia el éxito, realmente no ha sido así. Ha sido un camino de altibajos. Quería montármelo por mi cuenta, concentrándome todo el tiempo en buscar y trabajar con emprendedores. Ese es mi modus operandi», ha asegurado Anderson a Economic Times. Steve Anderson, el 'Rey Midas' de las inversiones 1Como suele ocurrir en estos casos, la inspiración le llegó por una necesidad: la de «tapar la laguna que había entre los inversores individuales y los inversores institucionales». Su nicho de mercado (y clave de su éxito) son las firmas prematuras, las que aún no han roto el cascarón. Es la fase donde las buenas ideas están en boxes antes de posicionarse en la parrilla de salida. Y ahí aparece él como mecenas. Es donde más cómodo se siente. «Lo que busco es alguien que esté trabajando en un área que considero interesante –asegura–. Y que ese alguien esté recibiendo información y respuestas de las personas que lo rodean».

Para saber si se monta en el barco, Anderson siempre hace caso a una particular bola de cristal: «En los momentos en los que tengo dudas escucho a mis tripas. Con Instagram, ellas me dijeron que debía invertir en la idea de Kevin y Mike».

En ese momento, la maquinaria se pone en marcha. Y extiende un talón de hasta un millón de euros, lo que suele equivaler a una participación de entre el cinco y el quince por ciento, que en términos empresariales se traduce en un plazo de entre 12 y 18 meses para que los creadores desarrollen un producto sin apenas presión.

En el mundillo le conoce como el ‘lobo solitario’. Un apodo del que no rehuye. Sí que desertó en cambio del ruido de los negocios financieros de Sand Hill Road (San Francisco). Quería tranquilidad y tener su propio espacio. Se movió al otro lado de la ciudad, al barrio de Cow Hollow –conocido por sus desayunos y el yoga–,  y allí montó su despacho en lo que antes era un estudio de fotografía infantil. Era la empancipación definitiva. Antes había roto con Ron Conway por discrepancias empresariales. Mientras Anderson buscaba diversificar el negocio, su socio pretendía centrarse en las redes sociales. Casualidades de la vida, Baseline Ventures alcanzó la gloria con Instagram sin Conway en el equipo.


 

Steve Anderson, el 'Rey Midas' de las inversiones 8Si Anderson está convencido de algo, no duda en ir por ello hasta el final, como  ocurrió con Starbucks. Cuando era joven se le ocurrió la idea de vender bebidas a través de carros de café. No paró hasta que contactó con Howard Behar, la mano derecha del CEO de Starbucks, Howard Schultz (en la imagen). Quizá, que fuera el padre de un compañero del campus facilitó el encuentro, pero el diseño le convenció y Behar decidió contratarlo.


 

Steve Anderson es la excepción que confirma la regla en el mundo del capital. De su armario saca sudaderas y vaqueros para sellar tratos con inversionistas trajeados. Y no le va mal. Puede llegar a cerrar de diez a doce acuerdos al año, y tiene en su historial veinte contratos con empresas que hoy están valoradas en más de 100 millones de dólares. Además de en Instagram, fue uno de los primeros inversores en Twitter, en OMGPop (antes que la adquiriera Zynga por 180 millones de dólares) o Heroku (Salesforce.com se hizo con ella por 210 millones de dólares).

Pero en su camino también hay cicatrices, como su retirada en la ronda preliminar de Dropbox o la doble negativa a Uber, incluso con Travis Kalanick sentado en el otro lado de la mesa.

«Mis reuniones de negocio son muy cortas. Luego, yo y mi otro yo tenemos un largo debate a solas».  Y en esa reunión interna tiene un papel fundamental la música electrónica, su pasión y válvula de escape. De hecho, llegó a desempeñarse como DJ, entre otros trabajos, para ganar unos dólares en su juventud. Un dinero muy necesario para la economía familiar, que naufragó cuando su padre los abandonó. Eso no le impidió licenciarse en Física y Negocios, en contra del deseo de su madre, que soñaba con que su hijo fuera ingeniero aeronáutico. A él, en cambio, le llamaba la atención la tecnología, y acabó pasando por eBay o Microsoft, antes de montárselo por su cuenta. Seguro que su madre ya le ha perdonado esa decisión.


EL ‘HOMBRE ORQUESTA’ EN DATOS

1.000 millones de dólares

Es el precio que pagó Facebook por la compra de Instagram en abril de 2012, cuando la aplicación presumía de 30 millones de usuarios. Anderson tenía el 12% de la compañía.

75 inversiones en empresas

Estas son las compañías en las que ha invertido Baseline Ventures, según anuncia en su biografía de LinkedIn. Entre ellas destacan Crashlytics y GeoAPI, ScanScout, Flowtown o IndexTank. 

100 millones de dólares

Esos eran los resultados que esperaba conseguir Steve Anderson cuando empezó con Baseline Ventures: «Si consigues a un par de los grandes, los beneficios estarán por las nubes».


LOS CINCO INVERSORES MÁS PRODUCTIVOS DEL MUNDO

5. Mary Meeker (Kleiner Perkins Caufield & Byers)

La única mujer de esta lista ocupaba en 2015 la 15ª posición. Fue analista de ‘startups’ en Wall Street y sus inversiones han sido relativamente tardías pero le han funcionado bien: Facebook, Airbnb y Spotify.

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4. Peter Fenton (Benchmark)

Fenton ha descendido dos puestos con respecto a 2015, cuando en 2011 estaba considerado «el inversor más productivo del mundo». La guinda del pastel fue Twitter, aunque también ha invertido en Yelp o Docker. 

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3. Chris Sacca (Lowercase Capital)

Este multimillonario neoyorquino de 41 años se mantiene en el tercer puesto de la lista. Su apuesta más exitosa fue Uber, aunque también tuvo otras aventuras previas, como Twitter, Instagram, Twilio o Kickstarter.

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2. Steve Anderson (Baseline Ventures)

En 2015, Anderson ocupaba el quinto puesto de la lista; este año, el segundo, gracias a su buen ojo y a tocar todos los palos: juegos, finanzas, empredimiento, moda… Sin embargo, su éxito sobresaliente es Instagram. 

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1. Jim Goetz (Sequoia Capital)

Ocupa el puesto más alto de la lista Forbes de los inversionistas más ricos del mundo. ¿Su éxito? Haber apostado por Whatsapp y soportado tres rondas de financiación. Otros de sus ‘touchdowns’ son Palo Alto Networks y Nimble Storage. 

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