230 millones de discos vendidos la avalan. Aunque para Rihanna eso no es suficiente: se ha propuesto también triunfar en la moda, en el cine y hasta divertirse. En 2017 celebra 10 años de su primer gran éxito y, también, de la rebelión personal que empezó entonces.

Por JUAN VILÁ

Este verano no saldrá de gira ni estará promocionado ningún disco. Pero los compromisos se le van a acumular igual, y todas las miradas seguirán puestas en ella. El 4 de agosto, por ejemplo, Rihanna estrena en España Valerian y la ciudad de los mil planetas, película de ciencia ficción que ha rodado a las órdenes de Luc Besson junto a su buena amiga Cara Delevingne, además de los actores Clive Owen y Ethan Hawke. Esperemos que esta vez la experiencia resulte menos traumática que cuando hace unos meses vio su participación en la serie Bates Motel y escribió en Instagram: «Esto es muy raro, oh, Díos mío. No puedo. No puedo oír mi voz. ¡Es asqueroso!».

Nadie entonces hubiese asociado la palabra timidez con ella. O quizá sí, pero hace mucho tiempo. A los 15 años, tal vez, cuando fue descubierta en Barbados por un productor que estaba de vacaciones en el país. Después de eso, se trasladó a vivir a Nueva York y todo cambió muy rápido. Justo ahora se cumplen diez años del momento en el que su carrera y su vida dieron un giro de 180 grados. «Básicamente adopté la actitud de la chica mala, me rebelé de verdad e hice todo de la forma que quería. No escuché ni consulté a nadie. Solo quería divertirme un poco más con la música, experimentar con mi imagen y mi sonido. Me reinventé a mí misma», ha contado sobre esa experiencia. Ocurrió en 2007. Tenía 19 años y estaba preparando su tercer disco, Good Girl Gone Bad, que se convirtió en su primer gran éxito. Entre los temas incluidos estaba Umbrella, canción compuesta para Britney Spears, pero que tanto ella como Mary J. Blige rechazaron. En manos de Rihanna y de Jay-Z –una de las primeras personas que apostó por la cantante– logró el número uno en todo el mundo.

Rihanna: la diva que se volvió mala y triunfó 1


«Pongo toda mi vida en Instagram, ya esté en un club de striptease o leyendo la Biblia»


Desde entonces Rihanna no ha renunciado ni a esa actitud ni al éxito. Incluso cada vez ha ido un poco más lejos entre constantes cambios de imagen y de corte de pelo. Según publicó en 2014 la revista británica Look, la cantante gasta 30.000 euros a la semana en cuidados estéticos, incluidos los 1.500 euros al día que paga al peluquero que viaja siempre con ella y que a lo largo de los años le ha hecho más de 150 cortes diferentes. Rihanna, eso sí, sigue considerándose «normal» o, al menos, eso dijo hace tiempo cuando le preguntaron: «No es una prioridad para mí ser un símbolo sexual o demasiado sexy. Me halaga, pero también me incomoda cada vez que lo oigo. Solo soy una mujer normal».

Su posicionamiento como chica mala también sirvió para dejar definitivamente atrás todas las comparaciones que hasta entonces hacían con Beyoncé y le otorgó una personalidad bien definida en el competitivo mercado de las divas del pop, que en esta última década se ha llenado de nuevas intérpretes como Lady Gaga, Katy Perry o Taylor Swift. Rihanna, sin embargo, las supera a todas y, de hecho, es la única que puede presumir de haber vendido más de 200 millones de discos –230 para ser exactos–. Tantos, que solo hay una mujer que le gana en toda la historia de la música: Madonna.

Y si ella es mala, lo mismo asegura que le atrae en un hombre: «Amo a los chicos que implican un alto riesgo, no me gustan blandos o demasiado sensibles, los que son encantadores y nunca te van a hacer daño. Con ellos todo es perfecto y aburrido. Me gusta el riesgo y moverme en el filo. Eso es lo que me excita», declaró en 2009.


«No me gustan los chicos blandos. Me excita el riesgo y moverme en el filo»


Para tipo peligroso, su contable, que ese mismo año estuvo a punto de arruinarla. Rihanna se quedó con solo dos millones de dólares en la cuenta e inició un largo proceso judicial que se cerró en 2014 con una indemnización para ella de 10 millones. La cantante se recreó en la venganza con la canción Bitch Better Have My Money –algo así como: Perra, mejor que tengas mi dinero–. Peor aún era el videoclip. Lo estrenó en 2015, estaba codirigido por la cantante y contaba en clave cinematográfica cómo ella y un grupo de amigas secuestraban y torturaban primero a la mujer de su contable y luego a él. La historia, de siete minutos de duración y muy violenta, acababa con Rihanna metida en un baúl lleno de billetes, cubierta de sangre y fumándose lo que parecía un porro. Porque otra de sus señas de identidad ha sido la pasión por la marihuana y por fotografiarse consumiéndola. Hasta se disfrazó de esa planta en Halloween en 2012. E incluso hace dos años se dijo que iba a sacar su propia línea de cannabis, llamada MaRihanna y con distintas variedades de hierba. Todo el mundo se lo creyó. Al final tuvo que salir su representarte a desmentirlo. «Cuelgo en Instagram toda mi vida, ya esté fumando hierba, en un club de striptease o leyendo la Biblia. Es muy loco. ¡Lo sé!», contó en su día sobre esta costumbre y su enganche a las redes sociales, aunque el año pasado dijo en un concierto que estaba intentando dejar de fumar.

Existen también otras Rihanna. Una muy distinta y menos frívola es la que este mismo año premió la Universidad de Harvard por su labor humanitaria, que abarca distintas causas, desde becas para que estudien las personas con menos posibilidades hasta la construcción en Barbados de un centro para diagnosticar y tratar el cáncer de mama.

Otra faceta mucho más conocida y rentable es la de diseñadora. Empezó en 2011 preparando una colección para Armani y después vinieron Dior, Manolo Blahnik, Chopard y, sobre todo, Puma. En 2016 se llevó el premio al zapato del año por una creación suya para la firma y hace meses sembró polémica, y unas cuantas risas, en las redes con unas chanclas de plástico rosa. «Me imaginé la ropa que llevaría Maria Antonieta para hacer deporte», dijo la diva. Algunos aplaudieron entusiasmados mientras otros pensaron que ella también había perdido la cabeza.