¿Encasillamiento? Ella no sabe qué significa eso, o ha sido lo suficientemente lista como para evitarlo y sobrevivir, encima, a un éxito tan tremendo como el de ‘Mad Men’. Ahora podemos verla en ‘Tin Star’ y muy pronto habrá más: más series, más películas, más sorpresas… Más Christina Hendricks.

Por JUAN VILÁ

Presume de sentirse muy cómoda con su cuerpo. Y se nota. Quizá sea ese su secreto y la clave de la pequeña revolución que supuso su papel como Joan Holloway, la jefa de secretarias en Mad Men. Hasta entonces no era habitual ver mujeres como Christina Hendricks en la televisión o en la gran pantalla. Ni siquiera ahora. De hecho, solo está ella, y después de haberse enfrentado con innumerables prejuicios y rechazos a lo largo de su carrera. Tal y como acaba de contar al diario británico The Times: «Debería haber un millón de diferentes tipos de cuerpo en la televisión. Es indignante que no ocurra así». Hasta hace nada, explica, los directores de casting solían echarse para atrás cuando le preguntaban su talla, o se justificaban diciendo que no consideraban que una médica, por ejemplo, pudiera tener un físico tan rotundo como el suyo.

Hasta que llegó Mad Men y lo cambió todo. La serie, por aquello de desarrollarse en una época en la que lo cánones de belleza eran distintos, supuso la gran oportunidad para demostrar su talento. Ahora, su nueva serie es muy distinta. Se llama Tin Star, transcurre en la actualidad, comparte protagonismo con Tim Roth y ella, aquí sí, interpreta a una mujer ‘normal’. O más o menos normal: una brillante directiva de una petrolera que acaba de instalarse en un idílico pueblo canadiense con la misión de que sus habitantes acepten la refinería que allí quieren instalar. Hasta que empiezan a ocurrir crímenes y las cosas se complican. «Ella es ambiciosa. Creo que sus intenciones son buenas, pero está en una situación en la que es imposible ganar y va a sobrevivir siempre, haga lo que haga», ha dicho sobre este papel. Aunque mejor no contar más y dejarse llevar por una historia llena de giros de guión e intriga.


«Hace tiempo entendí que el ‘sex appeal’ tiene que ver con proyectar seguridad y encanto»


Christina Hendricks nació en Knoxville (Tennessee) hace 42 años. Su madre era psicóloga y su padre, de nacionalidad inglesa, trabajaba para el servicio forestal. Cuando aún estaba en el colegio cambió el color de su pelo, del rubio al pelirrojo, por su obsesión con el personaje de Ana de las tejas verdes, y a los 18, dio el gran salto. «Lo que de verdad quería era vivir en Nueva York. Trabajar como modelo fue solo la forma de lograrlo», ha contado sobre esa etapa.

El siguiente gran cambio ocurrió en Italia. Engordó siete kilos por culpa de –o gracias a– los capuchinos y la pasta. «Me sentí estupenda. Me desnudaba enfrente del espejo y parecía una mujer. Empecé a verme muy guapa y ya nunca intenté bajar de peso». Menos sencillo resultó el paso a la televisión y al cine. Entre otras cosas, porque se lo tomó en serio y se preparó a conciencia dando clases durante año y medio: «No quería ser una modelo que de repente empieza a actuar». A partir de ahí fue enlazando una serie con otra.

La nueva vida de Christina Hendricks después de 'Mad Men'

Noam Galai – WireImage

Mad Men, además de su gran oportunidad, le enseñó unas cuantas lecciones. «Entendí hace tiempo que el sex appeal tiene que ver con proyectar seguridad y encanto. Joan sabe muy bien quién es y lo que quiere en la vida. Cuando está trabajando, es autoritaria, valiente, hábil. Se maneja con orgullo y aplomo, y no le gusta que la reten. Algunos hombres se sienten amenazados por la idea de tener una mujer socia y ella no les permite que lo olviden. Por eso tiene ese aura tan imponente. Ella me inspira», comentaba cuando estaba metida de lleno en el papel.

Y por si todo esto fuera poco, la serie aún le trajo otra cosa buena: Vincent Kartheiser, uno de sus compañeros, le presentó al que acabaría convirtiéndose en su marido, el también actor Geoffrey Arend, conocido por El cuerpo del delito y en estos momentos por la serie Madam Secretary.


«Los hombres siempre van a mirarme y no puedo hacer nada salvo decirles que lo hacen con demasiada intensidad»


El final de ‘Mad Men’ fue complicado. Incluso Christina Hendricks reconoció que le hubiera gustado una o dos temporadas más. «No sé si alguna vez voy a volver a interpretar un personaje tan interesante», se lamentaba antes de emitirse los últimos episodios. Pero desde entonces no ha parado de trabajar y parece que la racha va a seguir. Tiene seis películas pendientes de estrenar, entre ellas La casa torcida, adaptación de una novela de Agatha Christie en la que comparte cartel con Glenn Close y Gillian Anderson. Además, va a repetir con dos viejos amigos de Mad Men: su creador, Matthew Weiner, y John Slattery, que interpretaba a Roger Sterling, su amante de ida y vuelta en la agencia de publicidad, o quizá resulte más apropiado considerarle su amor imposible. Christina Hendricks volverá a coincidir con ambos en The Romanoff, la serie que están preparando sobre la dinastía imperial rusa.

Ahora reconoce que en las entrevistas, poco a poco, le van preguntando menos por su físico y más por su trabajo y por los personajes que interpreta, y ella lo agradece, aunque solo sea para cambiar de tema. En la calle también le ocurre. En septiembre comentaba que, en esos momentos, podía pasear tan tranquila por Nueva York sin que la reconocieran. Todo depende de si en ese momento se está emitiendo alguna serie suya en televisión o no. «Los hombres van a mirarme siempre y no hay nada que pueda hacer, excepto comunicarle a alguno que está mirando con demasiada intensidad», asegura. Quizá ahora tenga la oportunidad de llevarse la contraria a sí misma y pueda dejar atrás esa frase.