Quería ser arquitecto, pero estudió banca y, finalmente, se consagró a la industria relojera. El suizo Ulrich W. Herzog, presidente de Oris, ha estado en Madrid y hemos aprovechado para charlar con él.

Por SERGIO MUÑOZ

Oris creó su primer reloj para submarinistas en los años 60. Desde entonces, la firma suiza ha estado implicada en la conservación de los océanos. Ulrich W. Herzog, presidente de Oris desde 1978, ha estado en Madrid para presentar la exposición El guardián de los océanos, que repasa la relación de Oris con la conservación del medioambiente. Amable y pausado, Herzog fue uno de los artífices de la transformación de la compañía en los años 80. Con alma de arquitecto, confiesa su atracción por las cosas bellas.

¿Por qué está Oris interesada en las causas medioambientales?
La idea surge hace unos 15 años. En 1965, Oris había lanzado su primer reloj para submarinistas y para diseñarlo colaboró con la Asociación Australiana de Conservación Marina. Esa institución nos pidió que les ayudáramos a luchar contra la degradación de la Gran Barrera de Coral. Esa primera colaboración hizo que saltara la chispa. Ahora estamos presentes en Australia, Filipinas, Maldivas, el Mar Rojo, la isla de El Hierro…

¿Qué proyectos tienen ahora entre manos?
Estamos trabajando en tres proyectos principales. El primero es la segunda edición del proyecto en la Gran Barrera de Coral. Colaboramos con la Unesco. El segundo es la conservación del staghorn, un coral de los cayos americanos. Y tenemos un tercer proyecto con los tiburones martillo.

¿A qué desafíos se enfrentó cuando llegó a la compañía en 1978?
Estaba en pleno apogeo la crisis de los relojes en Suiza. Había empezado la producción de relojes baratos de cuarzo en Asia y tiraron los precios. La industria relojera suiza no podía competir y, desde los años 70 hasta 1986, se pasó de 90.000 empleos a 30.000. El principal reto era pensar qué hacer.

¿Y qué hicieron?
Eran mediados de los años 80 y nos fijamos en que muchos jóvenes, sobre todo japoneses, empezaban a buscar un reloj que pudieran controlar, oír, darle cuerda… Un reloj emocional. Entonces decidimos centrarnos en fabricar relojes mecánicos. Pasamos de ser un fabricante tradicional a convertirnos en el líder mundial en relojes mecánicos a un precio razonable.

«Oris fue el reto de mi vida» 1

El lema de Oris es «Real Watches for Real People» (Relojes reales para gente real). ¿Qué significa?
Hacemos relojes funcionales, que puedas usar a diario, para gente que tiene sus ideas, su trabajo, que gana su dinero y tiene sus metas. En definitiva, relojes para gente con los pies en la tierra, no para quien hereda mucho dinero y no sabe qué hacer con él.

Usted estudió banca. ¿Por qué viró hacia el márketing?
Cuando estudiaba banca sabía que no me gustaba, aunque fue una buena experiencia. Cuando acabé mis estudios pensé que necesitaba un producto que pudiera tocar, que no fuera tan etéreo, y entré en la petrolera Chevron. Pero la compañía vendió su parte en Suiza y me encontré en el año 1978 buscando trabajo. Y entré en Oris. Fue todo un reto, pero el mejor de mi vida.

Al principio no sentía una gran pasión por los relojes…
Mi primer reloj me lo regaló mi abuela. No he sido coleccionista de relojes, pero siempre me han gustado. Yo quería ser arquitecto, pero mi familia no me podía costear los estudios de arquitectura. Con esto te quiero decir que siempre me han gustado las cosas bonitas, la belleza, sobre todo el diseño.

¿Cuál es la estrategia de Oris para los próximos años?
Seguir con nuestro lema «Real Watches for Real People». Hacemos relojes suizos puramente mecánicos y somos innovadores. Esa línea nos ha traído mucho éxito. Incluso en tiempos difíciles: el año pasado ganamos cuota de mercado. ¿Para qué vamos a cambiar si algo funciona?