Jeanne Moreau fue leyenda en vida y es un mito tras su muerte, que la sorprendió hace apenas un día con 89 años. “La mejor actriz del mundo”, según Orson Welles, deja huérfanos un buen puñado de personajes intensos y complicados que permanecerán vivos en muchas retinas y que la elevaron al Olimpo del Séptimo Arte.

De Jeanne Moreau puede decirse que fue casi un símbolo del París, más de allá de la etiqueta de abanderada de la corriente conocida como ‘Nouvelle Vague’. Musa de Louis Malle, François Truffaut (con él fue uno de los vértices del triángulo protagonista en ‘Jules y Jim’ y una viuda vengativa en ‘La novia vestía de negro’), Michelangelo Antonioni, Luis Buñuel (quien llegó a decir de ella que “Jeanne busca siempre algo que nunca encontrará. No creo que haya sido nunca feliz. Y es precisamente esa infelicidad endémica lo que cuantifica sus cualidades interiores. Si algún día la Moreau llegara a ser feliz, dejaría de ser lo que es: un ser frágil como una mariposa y dura como una fiera hambrienta”), Jean-Luc Godard, Jacques Demy y Roger Vadim, trabajó también fuera del cine francés con directores de la talla de Elia Kazan, Orson Welles, Peter Brook o Wim Wenders,  entre otros.

Como actriz deja tras de sí decenas de películas, por las que llegó a ser reconocida con una Palma de Oro, 3 premios César (dos de ellos honoríficos), un BAFTA y un Premio Donostia del Festival de San Sebastian, entre otras distinciones. Pero Jeanne Moreau fue mucho más: interpretó obras de teatro, se atrevió con la dirección de cine y hasta probó suerte como cantante, llegando a cantar junto a Frank Sinatra en el Carnegie Hall en 1984.

Ligada casi siempre al cine de autor, tuvo sus éxitos en taquilla, aunque no llegara a ser protagonista de alguno de los 10 mejores besos del cine. Era inteligente, elegante y una mujer de mundo. En 1995, eso sí. fue elegida entre las cien estrellas más sexis de la historia del cine por ‘Empire Magazine’.