Arquitecto por convicción, Ludwig Mies van der Rohe fue un visionario, siempre en la vanguardia de su profesión. Perteneció a la escuela Bauhaus y, justo hace 80 años, tuvo que emigrar a Estados Unidos por el auge del nazismo (que, de hecho, cerró la escuela). Asentado al otro lado del Atlántico, Mies Van der Rohe fue el responsable de los Lake Shore de Chicago, emblema de la ciudad.

Por SERGIO MUÑOZ

Tras luchar en el frente en la Primera Guerra Mundial, dirigir la escuela de la Bauhaus desde 1930 hasta su cierre en 1933 y mantener una ambigua relación con los nazis en su Alemania natal, Mies van der Rohe decidió trasladarse en 1937 a Estados Unidos. Justo hace ahora ochenta años.

Al arquitecto le habían propuesto dirigir el futuro Instituto Tecnológico de Illinois en Chicago, para el que construiría también sus célebres edificios centrales. Era el empujón que necesitaba para emigrar y huir de la catástrofe que se avecinaba en Europa.

Entre 1949 y 1951, Van der Rohe construyó sus primeros rascacielos en el país de los rascacielos. Los apartamentos Lake Shore Drive de Chicago, que se alzan, con sus formas reducidas a la mínima expresión –«piel y hueso»–, frente al lago Michigan.

Sin ornamento, la cuadrícula desnuda de acero y cristal del exterior envuelve unos interiores diáfanos de gran versatilidad y con unas vistas sobrecogedoras del horizonte del lago. Criticados al principio e imitados después, hoy los Lake Shore Drive están considerados una de las obras maestras del siglo XX.