Hace justo 100 años, el 15 de octubre de 1917, Mata Hari fue ejecutada por espionaje. Era el último episodio de una vida que no siempre estuvo a la altura de su leyenda. En Código Único recordamos su historia.

Por RODRIGO PADILLA | Fotos: Getty Images y Cordon Press

Vestida de negro, orgullosa, la espalda erguida. No quiso que le vendaran los ojos, y miró desafiante a sus ejecutores antes de lanzarles un beso. Puede que esta actitud afectase a los 12 hombres que componían el pelotón de fusilamiento, o que su belleza hiciera temblar el pulso de los soldados: solo cuatro disparos dieron en el blanco, uno de ellos en el corazón. Un oficial se acercó al cuerpo y descerrajó el tiro de gracia. El eco resonó entre los muros del fuerte de Vincennes, en las afueras de París. Mata Hari había muerto. A 200 kilómetros, el país seguía desangrándose en las trincheras. La guerra con Alemania entraba en su cuarto año.

Fue la guerra lo que llevó al paredón a esta célebre bailarina, estrella durante años de los teatros europeos. Contaba que había nacido en un templo javanés, donde le dieron el nombre de Mata Hari, ‘ojo del día’ en malayo. Pero en realidad se llamaba Margaretha Geertruida Zelle y había nacido en Holanda. Se casó con un capitán destinado en las colonias. Allí aprendió algunas danzas folclóricas y se familiarizó con las técnicas amatorias orientales, pilares de sus futuros éxitos. La pareja se divorció a su vuelta a Europa y Margaretha probó suerte como bailarina. Y triunfó.

Sus bailes exóticos generaban gran expectación, pero más por lo que tenían de striptease que de artístico. También empezó a frecuentar a la alta sociedad y a mantener relaciones con políticos y militares. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, una Mata Hari que ya había cumplido los 40, y que quería mantener su lujoso tren de vida, aceptó el dinero que unos y otros le ofrecían a cambio de los secretos de almohada que pudiera sacar a sus amantes. Había nacido la espía.


MATA HARI: EL ADIÓS DE LA ESPÍA MÁS EXÓTICA 1

HACE 100 AÑOS. El 15 de octubre de 1917, a la salida del sol, Margaretha Geertruida Zelle, conocida como Mata Hari, fue llevada ante el pelotón de fusilamiento en los fosos de la fortaleza de Vincennes. Según la leyenda, hubo que vendar los ojos de los soldados por temor a que sucumbieran a los encantos de la exótica bailarina; también, que uno de ellos se desmayó, por lo que solo se produjeron once disparos.


Los franceses decidieron poner fin a su carrera como agente doble en febrero de 1917. Cuando los soldados entraron en su hotel de París para arrestarla, la bailarina pidió cambiarse de ropa. Volvió al cabo de unos instantes, desnuda y con un casco en las manos lleno de bombones. Esta vez, sus dotes de seducción no le funcionaron. Fue juzgada por un tribunal militar, acusada de revelar a los alemanes detalles que habrían causado la muerte de miles de hombres. Lo cierto es que nunca pasó de espía de tercera y su información tenía poco valor, pero su fama hacía de ella un perfecto chivo expiatorio que el Ejército francés usó para justificar sus fracasos.

El juicio y la ejecución consolidaron la leyenda de Mata Hari. La prisión de St. Lazare, el fuerte de Vincennes, su piso en la Rue Balzac o el teatro Olympia son algunos de los escenarios parisinos que nos permiten revivir el auge y caída de la espía que llegó de los mares del Sur.