50 años sin Martin Luther King

Segregación racial, desigualdad, pobreza… Martin Luther King se alzó contra todas las injusticias, pero una bala acalló su voz la tarde del 4 abril de 1968, hace ahora 50 años. 

Por RODRIGO PADILLA

Martin Luther King había llegado a Memphis unos días antes para apoyar a los basureros locales, en otro capítulo más de su lucha contra la discriminación racial y los abusos a los más desfavorecidos. El 3 de abril pronunció uno de esos discursos suyos tan cercanos a un sermón, llenos de pasión y alusiones bíblicas. Esta vez, sus palabras resultaron premonitorias: «No tengo miedo. No temo a ningún hombre». Al día siguiente, el 4 de abril, mientras se despedía de sus seguidores en el balcón de su hotel, el cañón de un rifle Remington 760 apuntó a su cabeza. Una bala le impactó en la mejilla y le seccionó la yugular. Martin Luther King falleció en minutos.

Las huellas en el arma abandonada y en la escena del crimen identificaron a James Earl Ray, que fue detenido en el aeropuerto de Londres dos meses más tarde. Condenado por el asesinato, aseguró que él solo era la cabeza de turco de una conspiración mayor. Las teorías sobre la verdadera autoría son tan numerosas como los enemigos que King se labró a lo largo de su intensa carrera de activismo.

Licenciado en Teología y pastor de la Iglesia bautista, se involucró desde muy joven en la lucha contra la segregación racial. La campaña de protestas que dirigió en Montgomery, Alabama, en 1955 tras la detención de Rosa Parks, una mujer negra que se negó a cederle su asiento de autobús a un blanco, marcó su paso a la primera línea y el triunfo de su estrategia de desobediencia civil y resistencia pacífica. En los años siguientes se sucedieron campañas similares en Albany o Birmingham.

La extensión del movimiento y la violenta represión policial desembocaron en la Marcha sobre Washington por el Trabajo y la Libertad, de 1963, a la que acudieron más de 250.000 personas y en la que King pronunció su famoso «I have a dream». No llegó a ver cumplido su sueño, pero sí los primeros pasos hacia una sociedad más justa, como la aprobación de las leyes de derechos civiles y de voto para los negros. Su labor se vio premiada con el Nobel de la Paz de 1964.

El lugar donde murió Martin Luther King, el motel Lorraine, acoge hoy el Museo Nacional de los Derechos Civiles. A pocas manzanas están los estudios Sun, donde grabaron Elvis Presley, Johnny Cash o Roy Orbison. Y el club donde tocaba B. B. King. Y un poco más lejos, Graceland. Memphis es la ciudad donde nació el rock and roll pero, por encima de todo, un memorial de las virtudes de la convivencia.