Quizá los escándalos de la juventud de Madonna queden lejos, pero no las polémicas. Esas le acompañan siempre. También ahora, ya sea por su vida privada o por sus declaraciones políticas.

Por  JUAN VILÁ

Que nadie espere grandes sorpresas. ¿Para qué, si el negocio sigue funcionado? El trabajo que ahora presenta Madonna se llama ‘Rebel Heart Tour’ y es un doble en directo con DVD en el que recoge su última gira. O sea, la que recaudó casi 170 millones de dólares y la convirtió en la cantante que más dinero ha ingresado con sus conciertos: 1.131 millones. En toda la historia de la música tan solo la superan dos grupos: The Rolling Stones y U2.

«Nadie sabe lo que yo sé y lo que he visto. Solo yo puedo contar mi historia. Cualquier otro que lo intente es un charlatán y un tonto». Lo escribió hace unos meses la diva en su cuenta de Instagram cuando se enteró de que estaban preparando una película, sin contar con ella, sobre la que seguramente sea la época más interesante de su trayectoria: sus primeros años en Nueva York. En Código Único haremos caso de la advertencia y evitaremos cometer ese error. Sí que citaremos algunos datos que la propia Madonna ha contado.

Como que su llegada a la Gran Manzana se produjo hace ahora 40 años, en 1977, cuando tenía 19. «Sentí como si hubiera metido los dedos en un enchufe. Al principio estaba en shock. No conocía a nadie y no sabía cuál iba a ser mi futuro». Nunca antes Madonna había montado en un avión o un taxi, quería ser bailarina y llevaba solo 37 dólares en el bolsillo. Pasó por mil problemas y estrecheces, robaron varias veces en su apartamento, vivió en una sinagoga abandonada, la violaron, realizó todo tipo de trabajos, posó desnuda, rodó una espantosa película erótica y junto a dos novios montó un par de bandas de rock. Tuvieron que pasar cinco años hasta que su carrera empezó a despegar con el single ‘Everybody’, aunque para el gran pelotazo de ‘Like a Virgin’ hubo que esperar dos años más.

En esa canción, y en el disco homónimo, ya está todo lo que iba a ser Madonna después y, por extensión, los requisitos que debe cumplir cualquier otra diva del pop: la importancia de la imagen y los videoclip, la necesidad de crear un estilo propio y encima tener que renovarlo cada dos por tres, el afán por escandalizar, la omnipresencia del sexo…


«Soy fuerte, ambiciosa y sé exactamente lo que quiero. Si eso me convierte en una zorra, perfecto».


Madonna, en su primer videoclip, se presentó ante el mundo como una especie de Marilyn postpunk: pelo rubio mal teñido, ropa interior a la vista, encajes, un crucifijo colgado del cuello… Bailaba sobre una góndola en Venecia, mezclaba la melodía pegajosa con los sintetizadores y su voz, que entonces se fingía ingenua. Era, como los 80, hedonista, frívola, provocadora y no ocultaba ni su ambición ni su materialismo. Hasta presumía de todo ello y si le preguntaban qué pretendía conseguir, la aspirante a estrella no dudaba en responder: «Quiero dominar el mundo» o «ser tan famosa como Dios». Y no era una broma. Lo consiguió, e incluso ha logrado lo que parecía imposible: conservar el éxito hasta 2017, más de 30 años después, y sobrevivir a experiencias tan variadas como una triple excomunión de la Iglesia, que se cansó de sus provocaciones, o su turbulento matrimonio con Sean Penn, que empezó a tiros, con él disparando en la boda contra un helicóptero que pretendía captar imágenes del enlace. Imagínense el resto.

La Madonna de hoy vive en otra galaxia, la de las superestrellas, junto a sus cuatro hijos adoptados en Malaui. Los mayores, Lourdes María y Rocco, ya volaron del nido o, en el caso de él, huyó junto a su padre, Guy Ritchie, harto de la mano dura de la madre. Dicen que la cantante se instala este año en Sintra (Portugal) y que se ha gastado 7 millones en comprar un palacete del siglo XIX lleno de símbolos masónicos y rodeado de leyendas. El motivo de esta mudanza es cumplir el sueño de su hijo David Banda, de 11 años. El pequeño quiere ser futbolista y ha fichado por el Benfica. También debe influir la relación de ella con Kevin Sampaio, modelo portugués al que dobla la edad.

Hay cosas que no ha conseguido. Como triunfar en el cine. Ganó un Globo de Oro por su actuación en ‘Evita’, pero también tiene el récord de premios Razzie: 16 nominaciones y nueve de ellos logrados. Su relación con el séptimo arte es tan complicada que en 2013 una cadena de EE.UU. le prohibió la entrada en sus salas por el numerito que montó en el estreno de ’12 años de esclavitud’. Otro espectador le pidió que dejara de utilizar el móvil y de mandar mensajes y ella, muy airada, le respondió: «Es por trabajo, esclavista».


«Sí, estoy furiosa. Sí, estoy indignada. Sí, he pensado en volar la Casa Blanca»


Tampoco estuvo demasiado acertada durante la última campaña a la presidencia de Estados Unidos. Su apoyo a Hillary Clinton fue incondicional e incluso llegó demasiado lejos. En el Madison Square Garden y ante miles de espectadores prometió sexo oral a los hombres que votaran por su candidata. Para terminar de convencer a los que aún tuvieran dudas, detalló sus puntos fuertes: «Soy muy buena, nada patosa, me tomo mi tiempo y hago mucho contacto visual». La broma no terminó de entenderla todo el mundo. Lo mismo ocurrió meses después. Con Trump ya en la presidencia, Madonna participó en la Marcha de las Mujeres y dijo en su discurso: «Sí, estoy furiosa. Sí, estoy indignada. Sí, he pensado en volar la Casa Blanca». Al día siguiente tuvo que aclarar en Instagram que hablaba en sentido metafórico y que ella no era una persona violenta.

¿Habrá alguien capaz de sucederla como reina del pop? La cosa no está nada clara. Son muchas las que lo han intentado pero han acabado quemándose antes de tiempo, entre ellas Kylie Minogue, que llegó a ser conocida como la princesa del pop, Christina Aguilera o Britney Spears. Madonna fue capaz de predecir la caída de esta última. «Tiene un gran éxito, pero por alguna razón la veo muy indefensa», comentó cuando la otra estaba en su mejor momento. ¿Tal vez Miley Cyrus ahora que se ha relajado un poco o Taylor Swift, que con su último vídeo intenta provocar en serio? ¿Quizá Lady Gaga? Parecen con más posibilidades Rihanna y, sobre todo, Beyoncé. Aunque Madonna, de momento, no ha mostrado la menor debilidad o interés por ceder el trono. Además, no imaginamos a ninguna de ellas soltando frases como la que durante años ha sido el lema de Madonna: «Soy fuerte, ambiciosa y sé exactamente lo que quiero. Si eso me convierte en una zorra, perfecto».