Revolucionó la vida sexual de toda una generación gracias a ‘Nueve semanas y media’, fue chica Bond y participó en una de las mejores entregas de Batman. Y este mes de mayo se cumplen 20 años del estreno de su gran película: ‘L.A. Confidential’.

Por JUAN VILÁ

11 PELÍCULAS INOLVIDABLES DE KIM BASINGER

Puede que Titanic fuera la película más taquillera de la historia y la que más Óscar ha logrado –once en total, los mismos que Ben-Hur y El Señor de los Anillos: el retorno del Rey–. Pero con Kim Basinger no pudo. Para ella fue el premio a la mejor actriz de reparto ese año por L.A. Confidential. Como antes también se había llevado el Globo de Oro.

Con la estatuilla dorada consiguió, además, romper lo que parecían dos maldiciones: se convirtió en la primera actriz que ganaba un Óscar después de haber posado para Playboy y fue también la primera chica Bond
–participó en Nunca digas nunca jamás– que logró este reconocimiento.

Y eso que rechazó varias veces el papel de LA. Confidential. Según dicen, porque no quería interpretar a una prostituta. Tampoco estaba en su mejor momento profesional. Tenía 43 años y llevaba tres sin trabajar. Vivía volcada en el cuidado de su única hija, Ireland Baldwin, y se había arruinado por culpa de una inversión disparatada: se compró un pueblo y quiso construir un parque temático en él. También por negarse a protagonizar Boxing Elena después de haberse comprometido a hacerlo, lo que le costó varios millones de dólares que le reclamaron los productores.

Pero el director, Curtis Hanson, insistió hasta que ella aceptó trabajar en la película. Sabía que nadie como Basinger podía interpretar ese personaje de mujer fatal y llenarlo con todo el glamour y toda la sensualidad del Hollywood de los años 50, época en la que transcurría la historia. La cinta se estrenó en Cannes en 14 mayo de 1997, lo que obligó a Kim Basinger a asistir a la proyección y hacer algo que odia: verse a sí misma en la gran pantalla. Al acabar, le dijo a Hanson: «Pues no está mal, ¿verdad?».

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Habían pasado entonces más de diez años de otro de los hitos de su carrera: Nueve semanas y media. «Me convertí en una actriz al rodar esa película», ha declarado. «Recorrí toda la gama de emociones que puedes sentir. Fue un exorcismo para mí». Aunque el rodaje se convirtió en un infierno. El director Adrien Lyne quería que Basinger sintiera miedo auténtico de su compañero y amante en la película, Mickey Rourke, y no tuvo el menor escrúpulo hasta lograrlo: les prohibió a ambos que se vieran o hablaran cuando no estaban rodando, hizo todo lo posible para que ella se sintiera incómoda y hasta Rourke llegó a retorcerle el brazo y a pegarle una bofetada antes de grabar una escena.

La cinta fue un desastre en la taquilla americana, pero cuando llegó a Europa y a los vídeoclubes de Estados Unidos se convirtió en un fenómeno social y mucho más que eso: todo un símbolo de los 80, con su sadomasoquismo light, su estética de videoclip y ese yuppie, interpretado por Rourke, como modelo del éxito social, el materialismo y la psicopatía de la época. Además, la destructiva relación que entablaban ambos personajes revolucionó la vida sexual de muchas parejas de entonces, que quizá no llegaron tan lejos, pero sí se animaron a jugar con la comida, las vendas en los ojos, los hielos…

Aunque hoy en día una de las principales críticas que se le hace a la cinta es que había muy poco sexo. Incluso hay quien se ha preocupado por cuantificar el tema. Según publicó el año pasado la revista People, coincidiendo con el 30 aniversario de la película, apenas había dos minutos y 46 segundos de escenas eróticas, frente a los más de catorce de 50 sombras de Grey.

Tampoco ayudó el filme a resolver los problemas de la actriz con su primer marido, el maquillador Ron Snyder. Aunque la pareja aguantó dos años más. Hasta que Basinger rodó el Batman de Tim Burton, su mayor éxito de taquilla, y se lió entonces con Jon Peters, el productor, y poco después, con Prince. El músico se encargó de la banda sonora y ambos vivieron un tórrido romance. Cuentan que hasta se les oye manteniendo relaciones sexuales en la canción Scandalous sex suite.

Y es que, ya lo dijo ella hace años en una entrevista: «No soy la Madre Teresa de Calcuta, he hecho muchas cosas salvajes en mi vida. Créeme». O quédense si no con esta otra frase: «Amo a los hombres y el sexo». Quienes rodaron con la actriz Ella siempre dice sí pueden dar buena cuenta de ello. Fue la película en la que conoció a su segundo marido, Alec Baldwin, donde iniciaron su relación y no se cortaron demasiado a la hora de aprovechar las pausas para divertirse en el camerino y escandalizar a todo el equipo, si es que aún quedaba alguien en Hollywood capaz de tal cosa.

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Lo más curioso del tema, o lo más paradójico, es que Basinger siempre se ha definido como una gran tímida. En el colegio, por ejemplo, le resultaba imposible hablar en clase. Hasta el punto de desmayarse si tenía que hacerlo, y luego, ya de adulta, sufrió agorafobia y llegó a pasarse meses enteros encerrada en su casa antes de recibir ayuda profesional. Esta imagen de mujer insegura y vulnerable choca con la de la actriz consagrada que todos recordamos y con la de la modelo de éxito que fue en su juventud. «Fui probablemente la peor modelo que ha existido jamás, aunque gané mucho dinero, trabajé sobre todo en publicidad y revistas. Lo llevaba todo en la cartera. Ni siquiera tenía una cuenta en el banco. Iba por la vida con cheques de 25.000 dólares», ha comentado sobre esa etapa de su vida.

La Kim Basinger actual tiene 63 años y su aspecto cambia en función de las atenciones o las torpezas de sus cirujanos plásticos. Ha pasado por épocas terribles y existen fotos que lo demuestran. Ahora parece que está mejor. Mantiene una relación con Mitch Stone, su peluquero, y sigue trabajando de vez en cuando en el cine. Tampoco demasiado. Su último papel ha sido en la segunda entrega de 50 sombras de Grey, donde interpreta a la mujer que introdujo en el sado al protagonista ¿Un guiño a Nueve semanas y media?