¿Qué le parecería brindar apoyado en la barra del bar de Cheers? ¿O reclinarse en el asiento del avión de Sawyer Ford en Perdidos? ¿O vestir como en un episodio de Star Trek?

POR VÍCTOR GODED

Todos esos deseos solo se pueden cumplir hablando con una persona, James Comisar, un tenaz coleccionista de memorabilia televisiva que comenzó con su obsesión cuando ni siquiera existía el término friki.

Comisar era un jovenzuelo de 19 años que escribía comedias para los estudios de Hollywood. Un día preguntó a sus compañeros adónde iban a parar todos los elementos de atrezzo que ya no se necesitaban. Se encogieron de hombros. «Ni siquiera les preocupaba lo que ocurriese con ellos», asegura. Así que poco a poco fue llenando su apartamento con esos pequeños tesoros sin vida útil. Cuando la casa se le quedó pequeña recurrió a su garaje. Y un día, cuando fue incapaz de aparcar el coche porque estaba ocupado por una nave de Mi marciano favorito, decidió alquilar un almacén. «Al principio fue solo uno, pero luego acabaron siendo diez más».

Hipnotizado por la magia de la televisión, en 1989 creó la Comisar Collection para conservar, al menos, una parte de su historia. La colección ha ido creciendo gracias a pujas, acuerdos con las productoras y donaciones, y hoy acumula más de 10.000 artículos: sets de rodaje, vestuario, accesorios, decorados, miniaturas… «Ganamos dinero para la colección comprando y vendiendo piezas que no nos parecen esenciales, como el traje de León Cobarde de la película El mago de Oz, que vendí en 2014 por tres millones de dólares». Una minucia comparados con los cien millones de dólares que los expertos estiman que Comisar se embolsaría si sacase a subasta toda su colección.

Pero lejos de dejarse embaucar por esos cantos de sirena, Comisar está centrado en cuidar con mimo todas las piezas y en poner en marcha su futuro Museo de la Televisión, que está levantando en Santa Mónica y que contará con doce galerías organizadas por décadas –desde los años 50 hasta hoy–. Allí compartirán protagonismo objetos de series como Los Soprano, Twin Peaks o Urgencias, de programas como The Oprah Winfrey Show, y, cómo no, la pieza más antigua de su colección: la túnica del llanero solitario de la serie homónima de los años 50.