Revolucionó la fotografía de moda con su uso del blanco y negro, sus poses teatrales y su iluminación contrastada. Y ahora, cuando se cumplen cien años de su nacimiento, el MET de Nueva York le rinde un homenaje.

POR SERGIO MUÑOZ

En 1944, Irving Penn se encontraba en Roma como voluntario para la American Field Service. Con la Segunda Guerra Mundial en pleno apogeo, Penn colaboraba con el ejército británico haciendo labores de fotógrafo y de conductor de ambulancias. Al poco de llegar a la capital italiana, el joven Irving vio descender por la escalinata de la Plaza de España a una figura que reconoció «al instante, sin lugar a dudas», explicó años más tarde en su libro Passage. Era el pintor Giorgio de Chirico, fundador de la escuela de pintura metafísica, que volvía del mercado cargado de bolsas llenas de verduras. Penn dejó la ambulancia en mitad de la calle, corrió hacia él y lo abrazó. «Debió de pensar que yo estaba loco. Para mí era el heroico De Chirico; para él, yo era un absoluto desconocido, probablemente un demente». El pintor, conmovido, invitó a Penn a comer a su casa y durante los dos días siguientes le hizo de guía por la Ciudad Eterna. De ese encuentro queda un retrato del pintor italiano coronado de laureles.

Irving Penn, el ojo del siglo XX 4Retrato de Picasso (1957)

 

Esta anécdota ilustra muy bien la vocación artística de Irving Penn. Hasta su muerte en 2009, y tras 70 años de carrera, el fotógrafo estadounidense revolucionó la fotografía de moda del siglo XX y la elevó a la categoría de arte. ¿Por qué fue original Irving Penn? Por enfrentarse a las instantáneas en el estudio con la minuciosidad del pintor ante el lienzo y por darle el mismo estatus en sus fotografías al ser humano y al más humilde de los objetos. La máxima de Penn era que todo, desde una colilla a una estrella de cine, podían ser arte. En sus imágenes no dejaba nada al azar: la iluminación de fuerte contraste, los fondos planos blancos o grises, la pose medida al milímetro… todo estaba al servicio de una composición absolutamente meditada.

Ahora, coincidiendo con los cien años de su nacimiento, el Metropolitan Museum de Nueva York expone una amplia retrospectiva de la obra de este artista y fotógrafo. Irving Penn: Centennial estará en el museo neoyorquino entre el 24 de abril y el 30 de julio y estará formada por 200 instantáneas, 150 de ellas donadas por la Irving Penn Foundation.

Penn abordaba sus trabajos en estudio con el mismo mimo  por el detalle que un pintor ante el lienzo

Hijo de un relojero y una enfermera, Irving Penn nació en Plainfield, New Jersey, el 16 de junio de 1917, pero su familia se mudó pronto a Filadelfia. Allí, en 1934, un joven Penn con inquietudes artísticas se matriculó en la Escuela de Artes Industriales del Museo de Filadelfia –actual University of the Arts–. Quería ser diseñador gráfico. Uno de sus profesores fue Alexey Brodovitch, el célebre director de arte de Harper’s Bazaar. Brodovitch, un inmigrante ruso afincado en Estados Unidos, llevó de Europa los preceptos de la Bauhaus, del dadaísmo y del constructivismo, ideas que volcó en sus diseños. Penn bebió de estas influencias vanguardistas en sus primeros años.Irving Penn, el ojo del siglo XX 7Retrato de Truman Capote (1948)

 

Durante su etapa de estudiante, y después de licenciarse en 1938, Penn trabajó a las órdenes de Brodovitch como ilustrador freelance y publicó algunos dibujos en Harper’s Bazaar. En 1940, los almacenes de lujo Saks de la Quinta Avenida de Nueva York contrataron a Brodovitch como director de arte y este se llevó consigo a Penn. Allí, el estadounidense permaneció un año y, después, se marchó a México para dedicarse por completo a la pintura. Penn volvió a Nueva York, su ciudad, en 1943 y Alexander Liberman, recién nombrado director de arte de Vogue USA, quiso contar con él. Para el número de octubre de ese año, Liberman le pidió a Penn que tomara una imagen de moda. Este compuso un bodegón con un bolso, unos guantes, una tela gris, una lámina con cítricos y una nota al fondo anunciando los contenidos del número: «Nuevos accesorios». Fue su primera portada para Vogue y el espaldarazo definitivo a su carrera como fotógafo. Después vendrían otras 162. En 1953 fundó su propio estudio creativo.

En seis décadas de trabajo hizo 163 portadas para ‘Vogue’. La última, de 2004, fue con Nicole Kidman

Penn fue colaborador fiel de Vogue durante toda su vida. En seis décadas hizo 163 portadas para esa publicación. La última, en 2004, la protagonizó Nicole Kidman. Además, firmó algunos de los retratos más icónicos de Pablo Picasso, Marlene Dietrich, Salvador Dalí o Truman Capote. En ellos, iluminó y fotografió al personaje como un objeto. Pero, a la vez, ese artificio pretendía captar el alma del retratado y Penn llevó al límite esta premisa. En los años 60, viajó con un estudio portátil a Camerún, Marruecos o Nueva Guinea y fue muy criticado por retratar a los nativos como si fueran modelos de Manhattan, sin fondo, descontextualizados en imágenes sin conciencia social. El tiempo acabó dándole la razón: hoy sus imágenes cuelgan de las paredes de los mejores museos del mundo porque tienen algo que nos pellizca el alma. «Una buena fotografía es aquella que cuenta algo, tocal el corazón y cambia al espectador después de haberla visto». Palabra de Irving Penn.