Con su eterna gorra y su enorme envergadura, este exjugador de fútbol americano es la gran esperanza del jazz. Gregory Porter estrena disco en homenaje a uno de los grandes, Nat King Cole.

Por CÓDIGO ÚNICO

Iba para jugador de fútbol americano. De hecho, logró una beca de la Universidad de San Diego, pero con solo 19 años sufrió una lesión en el hombro y su sueño se esfumó. Se empleó como chef en un restaurante, pero nunca olvidó las palabras de su madre, enferma de cáncer: «No te olvides de cantar».

Así que por las noches recalaba en los clubes de jazz con su imponente presencia (mide 1,90 m) y su voz prodigiosa templada en la iglesia donde trabajaba su progenitora.

En 2010, ya cumplidos los 40, grabó su primer disco. En 2014, su álbum Liquid Spirit ganó un Grammy y, desde entonces, el mundo del jazz y el R&B se ha rendido a su voz de barítono.

Ahora regresa con Nat King Cole & Me, un homenaje muy personal al crooner que le hizo amar la música, con una sensibilidad que desarma.