Gary Oldman: «Ser Winston Churchill ha sido aterrador»

Es el mejor actor sin Óscar, pero puede llevárselo por interpretar al mítico primer ministro británico Winston Churchill en ‘El Instante más Oscuro’… Un personaje al que no se parece ni de lejos. Aunque Gary Oldman ya nos tiene acostumbradosa esos malabarismos.

Por JUAN VILÁ

Parecía imposible pero con su nueva película vuelve a sorprendernos. Le habíamos visto transformarse en otros personajes que forman parte de la historia, como Beethoven o Lee Harvey Oswald, pero ahora Gary Oldman da un salto mortal y se convierte en el mismísimo Winston Churchill. El Instante más Oscuro se estrena en España el 12 de enero y revive el momento en el que el político británico accedió al cargo de Primer Ministro en plena Segunda Guerra Mundial y las difíciles decisiones que tuvo que tomar. Sobre todo una: ¿firmaba la paz con Alemania o luchaba por liberar a Europa del avance imparable de las tropas nazis?

«Es el trabajo más duro que he hecho nunca como actor. Fue aterrador. Algunos días pensaba: “¿Cómo he podido meterme en esto?”. No solo por el aspecto físico del papel, también por la figura icónica de la que se trata. Había miedo. Pero una vez que empecé a descubrir quién era ese hombre, lo disfruté más que ninguna otra cosa en mi vida», ha declarado el actor a la revista Vanity Fair, y ha recordado las sesiones de cuatro horas diarias de maquillaje que sufría antes de ponerse frente a las cámaras.

La crítica se ha deshecho en elogios ante su interpretación y la palabra Óscar se ha repetido mil veces. ¿Conseguirá, por fin, Gary Oldman su primera estatuilla? Por extraño que parezca, el actor, uno de los más respetados de su generación, aún no se ha hecho con este premio. Más que eso: solo le han nominado una vez, en 2012, por El Topo.

Peor aún resulta lo de los Globos de Oro: hasta este año nunca había sido nominado y muy pronto, el 7 de enero, sabremos si se lo lleva o no. Aunque en este caso quizá sí existía una explicación para semejante ‘olvido’: sus reiteradas críticas a estos galardones. «Son un evento sin sentido. La Asociación de la Prensa Extranjera te toma el pelo haciéndote creer que está pasando algo. Son ridículos, 90 ‘donnadies’ y todos están borrachos. Boicoteémosles. Digámosles que no vamos a jugar este juego tan tonto nunca más. Los Óscar son diferentes». Esto, pero plagado de palabras malsonantes, comentó el actor a Playboy en 2014, en una explosiva entrevista en la que despotricó contra todo y contra todos, también contra sí mismo. Le acusaron de racista, sexista, antisemita… Y casi vuelve a acabar con su carrera.

Decimos «vuelve» por el extraño parón que sufrió su vida profesional con el cambio de milenio y después de rodar Candidata al poder. ¿Incluyeron a Oldman en una lista negra por sus ideas políticas? Eso se ha dicho. El actor ha contado la extraña llamada que recibió de Dustin Hoffman felicitándole por su trabajo y avisándole de que había escuchado a un importante ejecutivo de Hollywood calificarle como perteneciente a la extrema derecha y eso podía hacer que no trabajara durante años. «Me sentí fatal porque dijeran esas cosas sobre mí. Pasé de ser el loco y siniestro Gary al loco, siniestro y fascista Gary», contó a la revista GQ. Ante la pregunta de si se identificaba con esta definición, respondió con un contundente «no».

Luego vinieron los años en los que priorizó otras facetas de su vida frente al cine. Porque tras esa imagen polémica se encuentra el amantísimo padre de familia. «He tenido una buena carrera, pero mi mayor logro son mis hijos», declaraba en 2011 refiriéndose a Gulliver, de 13 años entonces, y Charlie, de 12, fruto de su tercer matrimonio, con Donya Fiorentino, y de los que el actor obtuvo la custodia tras un difícil divorcio.

Antes había tenido otro hijo, Alfie, con su primera mujer, la actriz Lesley Manville. «Tuve una especie de ‘descarrilamiento’ doméstico y me encontré con esos dos niños. Quería estar con ellos», ha explicado. También contó Oldman lo bien que le vinieron en esa época sus papeles en la saga de Harry Potter, donde interpretaba a Sirius Black, y en tres entregas de Batman, en las que encarnó al policía James Gordon. «Me permitieron, desde el punto de vista financiero, estar con mis hijos. Hago una película de Harry Potter durante seis semanas, ellos viajan conmigo parte del tiempo, y luego estás siete meses en casa con ellos. Ha sido maravilloso».

Poco tiene que ver esta relación familiar con la infancia del actor. Hijo de un padre alcohólico que le abandonó a los siete años, Oldman creció en las duras calles del sur de Londres y se puso a trabajar a los 16 en una tienda de deportes tras dejar el colegio. Un ambiente y unas experiencias que años después recrearía en Los golpes de la vida, su primera película como director y en la que debutó su hermana, Laila Morse.

La revelación que le sacó de esa gris existencia llegó de la mano del actor Malcolm McDowell y de su película Amor es mi vida. «Nunca había participado en ninguna obra del colegio, pero viendo esa interpretación sentí una especie de despertar espiritual y pensé que yo quería hacer eso», ha explicado.

Desde hace años, Oldman está intentando sacar adelante Flying Horse, su segunda película como director, basada en la vida del fotógrafo Eadweard Muybridge y del asesinato que cometió de un crítico teatral por tener una aventura con su mujer. «Tengo el reparto, pero me falta la financiación. En parte es por el tema. Si aparecieran zombis y Leonardo DiCaprio tendría que quitarme de encima a la gente», se quejaba en 2014, y el elenco que había reunido era impresionante: Benedict Cumberbatch, Ralph Fiennes, Amanda Seyfried…

Ahora, la estatuilla dorada podría abrirle todas las puertas. También dejaría de tener validez una de sus frases más célebres: «No voy a estrenos. No voy a fiestas. No ambiciono el Óscar. No quiero nada de esto. No salgo. Ser famoso es un trabajo completamente distinto. No tengo energía para ello». Lo dijo en 2007 y, al menos lo del Óscar, habría que cambiarlo. El resto, seguramente lo siga manteniendo, aunque de vez en cuando toque hacer alguna excepción. A punto de cumplir los 60 años, resulta muy difícil imaginar a Gary Oldman renunciando a las pautas, fobias y certezas que han marcado su vida.