Eddie Redmayne: «Era muy doloroso retorcerse en la silla de ruedas como Stephen Hawking»

Eddie Redmayne le debe mucho a Stephen Hawking. En concreto un Oscar por su interpretación del astrofísico en ‘La teoría del todo’. Acostumbrado a los papeles difíciles, Eddie no para.

Por JUAN VILÁ

Lo suyo, hasta ahora, eran los papeles duros o, al menos, complicados: amante de su propia madre en Savage Grace, pedófilo y drogadicto en Hick, primera persona que se sometió a una operación de cambio de sexo en La chica danesa… Eddie Redmayne incluso bromeó en alguna entrevista sobre esos dos primeros trabajos en el cine que compatibilizaba con los clásicos en el teatro: «Tengo una trayectoria un poco bipolar. Estoy atrapado entre los personajes isabelinos y los locos».

,,,,,,,,,,,,,,Ahora, sin embargo, le llega un respiro frente a tanta intensidad: Animales fantásticos y dónde encontrarlos. O lo que es lo mismo, la precuela de la saga Harry Potter, escrita por la mismísima J. K. Rowling. Si la cosa funciona, tendrá el trabajo asegurado durante un montón de años y encabezará todas las clasificaciones de los actores mejor pagados. Y es que los productores ya han anunciado su intención de iniciar con esta película una nueva saga que, según Rowling, su autora, tendrá cinco entregas.

La historia arranca en el Nueva York de los años 20. Allí llega Newt Scamander, mago que interpreta Redmayne y que pretende escribir la guía de criaturas mágicas que da título a la película y que en el futuro se convertirá en uno de los libros de texto de Harry Potter y sus compañeros en el Colegio Hogwarts. El resto ya pueden imaginarlo: fantasías, aventuras y mucha magia. Tanta, que hasta su protagonista se acabó contagiando: «Es extraño porque te sientes como si tuvieras nueve años. Me pidieron que cogiera una varita al empezar el rodaje y es como si fueras un niño experimentando el momento más importante de su vida. Pero también tenía un miedo escénico absoluto».

El actor, además, ha explicado el duro programa de ejercicio al que se sometió para preparar la película: «Tuve que entrenar durante siete meses porque había una escena en la que J. K. dijo: ‘Quiero que te quites la camiseta y que se vea que te han mordido y todas las heridas de guerra que tienes’». Él obedeció y trabajó duro sus abdominales pero finalmente esas imágenes fueron suprimidas del montaje final. «Es probablemente lo mejor que podía pasar», bromea ahora.

Mucho más duro para Eddie Redmayne fue meterse en la piel de Stephen Hawking para La teoría del Todo, papel con el ganó el Óscar al mejor actor el año pasado. Redmayne visitó a personas que sufren la misma enfermedad que el científico, trabajó cuatro horas al día durante meses para preparar su cuerpo y hasta necesitó la ayuda de un osteópata: «Era muy doloroso retorcerse en la silla de ruedas como lo hace Stephen Hawking».

También estudió sus teorías, recibió clases de uno de sus alumnos y, por fin, cinco días antes de empezar el rodaje, tuvo la oportunidad de conocer al físico: «Cuando nos encontramos, estaba tan nervioso que no paré de hablar durante 35 minutos, no le dejaba la oportunidad de contestarme, le estaba soltando toda la información que había encontrado sobre él. Entonces metí la pata porque le dije: ‘Stephen, tú naciste el 8 de enero, el mismo día que Galileo –aunque en realidad era el día que él había muerto– y  yo el 6, así que todos somos Capricornio’. Y él me respondió con su ordenador: ¡‘Soy astrónomo, no un astrólogo!’». Al científico, sin embargo, le acabó gustando la película, y así se lo transmitió al actor cuando tuvo la oportunidad.

Otro de los hitos en la vida de Eddie Redmayne fue su paso por Eton, el elitista colegio británico en el que compartió aula con el príncipe Guillermo. «Jugábamos juntos al rugby y estábamos en la misma clase de francés. Me parecía totalmente normal que él estuviera allí. Bueno, quizá no fuera normal, pero es que Eton no es normal, es un sitio donde todo el mundo lleva frac», ha comentado el actor. También allí conoció a su mujer, la relaciones públicas Hannah Bagshawe, con la que se casó en 2014, y ambos este año han tenido a Iris, su primera hija.

Al acabar el colegio, Redmayne estudió en la universidad de Cambridge. «Era un estudiante algo perezoso y mi carrera, Historia del Arte, no era muy difícil. Teníamos que hacer un trabajo a la semana y cinco clases», ha recordado. Su trabajo final fue sobre el azul Klein, color creado por el pintor Yves Klein. «Soy daltónico, pero puedo distinguir ese azul en cualquier parte. Escribí 30.000 palabras sobre él y podía haber escrito otras 30.000; no me canso del tema», asegura.

Sin embargo, su carrera sobre los escenarios había empezado mucho antes. A los 11 años se presentó a unas pruebas para el musical Oliver, que dirigía Sam Mendes, y le cogieron, aunque para un papel muy pequeño: «Decía una frase, estaba eufórico y aterrado. Esa obra fue como un rito de paso», explicaba muchos años después, al igual que contaba cómo también había vuelto a coincidir luego con la mitad de niños que participaron junto a él en la función.

Tras finalizar sus estudios y con el título en la mano, Eddie Redmayne se concedió a sí mismo un año para probar suerte como actor: «El gran privilegio que tuve fue que mis padres vivían en Londres, así que no tenía que pagar un alquiler. Ahora recibo cartas de gente que quiere ir a la escuela de interpretación y necesita pagarse una casa. Ocasionalmente les ayudo, porque es carísimo vivir en Londres, casi imposible», comentaba este mismo año en una entrevista.

A él, sin embargo, le fueron las cosas muy bien, y muy rápido. Fue compaginando trabajos en el teatro con otros como modelo. Y un año y medio después ya estaba en Estados Unidos rodando El buen pastor a las órdenes de Robert DeNiro e interpretando al hijo de Angelina Jolie. «Dudo que me cogieran por mi talento, creo que si me eligieron fue por mis grandes labios», ha bromeado en alguna ocasión el actor. «Fue el momento más asombroso y aterrador de mi vida. Había paparazzi en la calle esperando a Angelina y Matt Damon. Los decorados eran fantásticos y podías ver el dinero por todas partes. Te ponías tu vestuario y estabas con la adorable pero también la superestrella Angelina, la cámara se encontraba justo ahí y alguien decía ‘¡acción!’. Entonces todo ese dinero dejaba de importar y lo único que contaba era lo que tú pudieras hacer con tu cara», ha explicado sobre esa primera experiencia en una superproducción.

A partir de ahí todo vino rodado. Hubo películas mejores y otras peores, pero la carrera de Eddie Redmayne en ningún momento dejó de crecer y su nombre fue haciéndose cada vez más conocido y respetado. Aunque el miedo, por lo que él asegura en muchas de sus declaraciones, siempre sigue ahí. «Actuar ha tenido efectos extraños en mí. De vez en cuando me siento y pienso que amo este trabajo, pero nunca pondría a mi hija en un escenario», ha llegado a decir.

O explicado de otra forma: «Aunque parece fantástico, y es fantástico, también hay momentos en los que te sientes fatal y si las cosas te van bien, no te está permitido quejarte. Pero tus amigos actores entenderán los problemas con un director difícil o la soledad de estar en un hotel bonito en algún lugar exótico sin nadie a tu lado durante seis meses y tú pensando que te gustaría compartirlo con alguien. Quiero comprarme una casa y establecer algún tipo de raíces porque, si no, estás enlazando un trabajo con otro, mirás atrás, ves todas esas experiencias extraordinarias con gente extraordinaria pero no hay una continuidad en ello».

Claro, que eso lo dijo Eddie Redmayne en 2011, antes del Óscar, de su boda y de ser padre. Ahora ya parece que lo ha conseguido todo y hasta da la impresión de que la magia de J. K. Rowling está de su parte, sin camiseta o con ella.