Nos colamos en el despacho donde se toman decisiones que generan miles de millones de dólares, el despacho del CEO de Nike, la mayor empresa del mundo de calzado y equipamiento deportivo.

POR SERGIO MUÑOZ ROMERO

«Me atrae la gente intensa, incluso obsesiva. La irreverencia me inspira». Con estas premisas, no es de extrañar el horror vacui que reina en el despacho de Mark Parker, CEO del gigante del calzado y la equipación deportiva Nike. No parece, a simple vista, el lugar donde se toman las decisiones de una empresa que ingresa más de 25.000 millones de dólares al año y que cuenta con 44.000 empleados alrededor del mundo.

El despacho que ocupa Parker en el cuartel general de la compañía, en Beaverton (Oregón), está lleno hasta el techo de obras de arte, merchandising de Nike, prototipos de zapatillas, objetos de coleccionista, rarezas cinematográficas, recuerdos, piezas únicas… Así, encontramos una guitarra que perteneció a Jimi Hendrix, un manual utilizado por los astronautas de la misión Apollo, unas zapatillas firmadas por Michael Jordan o las botas que el actor Michael Keaton calzó en la película Batman de 1989. Bajo el cristal del escritorio se amontona la historia de la compañía en forma de miniaturas de zapatillas, fotografías del propio Parker con personajes conocidos y estrellas del deporte o material promocional de la firma.

Parker nació en Poughkeepsie, una pequeña ciudad del área metropolitana de Nueva York, en 1955, pero se crió en el estado de Pennsylvania. En la universidad del estado se graduó en ciencías políticas «porque tenía que escoger algo». Sin embargo, su futuro estaba unido al deporte y a la cretividad. Desde la adolescencia, Parker destacó en las carreras de larga distancia y llegó a formar parte del equipo de la universidad. Para conseguir mejores marcas, customizaba sus propias zapatillas. Recortaba las suelas y experimentaba con la gomaespuma y con los revestimientos interiores del calzado.

En 1979 Parker entró como diseñador de calzado en el departamento de investigación y desarrollo de Nike, con base en Exeter (New Hampshire). Su ascenso por la compañía hasta que en 2006 fue nombrado CEO fue una acumulación de buenas ideas es el cerebro tras las Nike Air, por ejemplo, pero ya ha perdido la cuenta de cuántas patentes ha registrado y, sobre todo, creatividad, una palabra que le define más que ninguna otra. De hecho, la revista Time lo bautizó como «el CEO más creativo del mundo». Y él mismo añade que al ser diseñador, mucha de la gente que frecuenta es creativa. «Me gusta la excentricidad, que me sorprendan».

Quizá por eso, el arte más ecléctico y la cultura popular están presentes entre el millar de objetos que colapsan el despacho de Parker. Tras su silla vemos obras del pintor Mark Ryden, uno de los principales exponentes del arte lowbrow, o un bajorrelieve del escultor Kris Kuksi, tan abigarrado como el propio despacho. Pero también piezas de Andy Warhol o de artistas pop como Tim Biskup, Sas Christian, Scott Musgrove o Charles Krafft junto a objetos de atrezo de los filmes Mars Attacks! o Regreso al futuro.