La mayor colección del mundo de obras de Jeff Koons está en sus manos. Nada menos que 35 piezas adquiridas a lo largo de las últimas tres décadas.

POR ANAÏS OLIVERA

Solo ese dato ya da una idea del tipo de arte que le interesa a Eli Broad, el contemporáneo, el magnate inmobiliario e impulsor de la Broad Foundation, del que se ha hecho con la mayor colección privada del planeta, con más de 2.000 obras. Porque no solo le interesa Koons; también atesora trabajos de Jean-Michel Basquiat, Barbara Kruger, Jasper Johnes, Robert Rauschenberg, Roy Lichtenstein, Ed Ruscha, El Anatusi o John Baldessari. Sin embargo, el primer interés de Broad como coleccionista no fue el arte de vanguardia.

La colección de arte de este magnate, nacido en el Bronx neoyorquino en 1933 y que amasó su fortuna en los mecados inmobiliario y de seguros, comenzó de una forma bastante convencional. Empezó comprando un Miró, luego Matisse, un Modigliani y después un Van Gogh. Pero esta obra, por la que desmbolsó 95.000 dólares, estaba en un estado tan delicado que no podía exponerse a la luz del día. Y no era eso lo que quería este judío hijo de inmigrantes lituanos; quería disfrutar de ella. Así que decidió intercambiarla con otro coleccionista por una obra de Robert  Rauscheberg, Red Painting. Ahí acabó la aventura de Broad con el siglo XIX y empezó a fraguarse la que está considerada como la mejor colección privada de arte contemporáneo del mundo.

La colección en realidad son dos que, desde el pasado mes de noviembre, se exhiben conjuntamente en The Broad, el nuevo museo de arte contemporáneo que Broad ha levantado en el downtown de Los Ángeles. El edificio, obra de Scofidio, Renfro y Gensler, ocupa 12.000 metros cuadrados y ha costado 140 millones de dólares que Eli y su mujer Edythe han abonado de su bolsillo para depositar sus dos colecciones de arte contemporáneo y su biblioteca. «Edythe y yo no queríamos otro museo tradicional –explica Broad–, sino algo muy acogedor donde los jóvenes quisieran ir. Y con The Broad lo hemos conseguido».

Presidiendo todo, en el centro del edificio, hay una galería dedicada a Koons. Y en ella está la mayor pieza de la colección, un azul y refulgente Balloon Dog. Es el recordatorio de que aquí duerme la mayor concentación de obras del artista de Pensilvania