Gracias a una película, a los cinco años descubrió qué sería de mayor. Y cuando llegó a la edad adulta, invirtió sus ahorros y los de su familia en cumplir ese sueño. Ahora, Christian von Koenigsegg construye los coches más potentes del mundo.

Por VÍCTOR GODED

Como cualquier niño, Christian von Koenigsegg tenía un sueño. Y surgió de la manera más tonta. A los cinco años se quedó prendado de una película animada, Flåklypa Grand Prix. Eran finales de los años 70 y por las carreteras ya circulaban modelos míticos como el Porsche 911 turbo, el Ferrari Daytona o el Lancia Stratos HF. Pero eso no fue lo que impresionó a este chaval sueco. Lo que le rompió los esquemas fue cómo el protagonista de esa película, Reodor Felgen, pasa de ser un reparador de bicicletas a convertirse en un diseñador de coches: «El personaje construía en la cima de una montaña con sus amigos una máquina de carreras. Competía con las mejores marcas ya establecidas… y ganó –rememora Koenigsegg–. Recuerdo haber salido del cine y decir a mis padres: ‘Eso es lo que quiero me quiero dedicar de mayor’».

Así que con la ilusión propia de un crío, el pequeño Christian salió del cine decidido a pilotar su propio futuro. Y mientras la mayoría de sus amigos se imaginaban en el espacio, dando patadas a un balón o cantando en estadios, él proyectaba su porvenir sobre ruedas.

Hubo otro momento clave: aún no había soplado las seis velas de la tarta cuando se montó por primera vez en un kart. El ruido del motor y la sensación de velocidad se le quedaron grabados. Y aunque han pasado casi 40 años desde aquello, aún lo recuerda como «uno de los mejores días» de su vida. Ahí lo tuvo claro: ese era el camino que quería seguir, y el ingenio sería su vehículo para llegar a la meta.


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AGERA RS1, EL COCHE MÁS POTENTE DEL MUNDO

El Koenigsegg Agera RS1 ha sido el coche que más flashes ha acaparado en el reciente Salón del Automóvil de Nueva York. Con su motor V8 biturbo de cinco litros y sus 1.360 CV es el más potente del mundo. Más que un F1. 


Aparte de por los coches, Christian mostró desde bien temprano mucho interés por el diseño, y disfrutaba descubriendo nuevas soluciones técnicas. Aún no le había salido ni pelo en la barba y Koenigsegg ya montaba y desmontaba videograbadoras y tostadoras para comprobar cómo funcionaban y, sobre todo, si podían mejorarse.

Pero su pasión por el motor era tan exagerada que su primer trabajo fue lavando autos en un concesionario de Suzuki. El resto del tiempo lo dedicaba al tunning de motocicletas, por lo que llegó a ser bastante famoso en Estocolmo. Pero los coches eran su obsesión.

Para dar rienda suelta a su creatividad decidió, recién entrado en la veintena, montárselo por su cuenta. Su creación llevaría su apellido: Koenigsegg Automotive AB. No era su primer intento, pero sí el único que echó a rodar. Antes lo había intentado con Chip Player, una aplicación para guardar música de forma barata y cómoda, y con Click, una solución para unir tablas de suelo sin necesidad de clavos o pegamento. Ninguna funcionó.

Con su empresa en marcha, ya se lo podía guisar sin tener que pedir permiso a nadie. Pero en aquella época, en 1994, Suecia acababa de salir de la recesión y diseñar un coche deportivo caro tenía un punto utópico: «Cuando me lo propuse sabía que era una tarea imposible». Arrancó páginas de viejas revistas de automóviles para hacer crecer la imaginación y estudió manuscritos especializados con la idea de construir un coche descapotable con un motor de gama media y de peso ligero: «Fueron muchos años a pan y agua, pero me alimentaba de mi pasión desmedida». El esfuerzo tuvo su recompensa. La firma asomó la patita en el Festival de Cannes en 1997 con el Koenigsegg CC. Dos años después recibió una inyección monetaria: «No hacía algo imaginativo, como los emprendedores digitales. Estaba creando un producto rápido y ruidoso. Y eso convenció a los inversores». En 2002 sacó al mercado el modelo CC8S, en ese momento con el motor más potente en un vehículo de producción.

Pero se le cruzó la mala suerte: un grave incendio destruyó el edificio donde se montaban a mano los primeros Koenigsegg. Por suerte, pudo salvar gran parte del equipo y los coches ya terminados mientras las llamas devoraban hasta el último centímetro cuadrado de su nave.


Los coches más veloces del mundo son suyos135 MODELOS DIFERENTES

En sus 22 años de historia, Koenigsegg ha producido 135 modelos. Cada coche se fabrica de forma artesanal y solo se producen, como máximo 20 unidades.

En 2016, la empresa generó unos beneficios de 25 millones de dólares, ocho más que en 2016. Con ese dinero, Christian von Koenigsegg ha comprado acciones de la compañía a sus inversionistas.

Para arrancar su empresa, Christian von Koenigsegg recibió en 1999 una inversión de dos millones de dólares. Antes, su padre le había prestado 300.000 dólares para cumplir su sueño. En total, en todas las rondas de financiación ha obtenido 25 millones de dólares.


 

Eso no desanimó a Koenigsseg; solo le hizo más fuerte. Y más aún, contar con el apoyo del Ejército de su país. Tras el incendio, las fuerzas armadas suecas se compadecieron y le dieron permiso para instalar la sede de la compañía en un hangar cerca de su antigua fábrica, lo que le sirvió de ayuda para probar sus creaciones en las pistas de pruebas del Ejército.

Desde 2004, Koenigsegg emplea técnicas 3D y escáneres láser para el diseño de unos vehículos que tienen que ser «extremos y competitivos. Solo tendremos éxito –explica– si somos eficientes en el desarrollo de tecnología extrema y seguimos con nuestro un bajo volumen de producción».

Bajo esas premisas ha ido presentando los últimos gritos en el sector del motor: las matrices y versiones de los modelos  CCX, CCGT, CCRX, Quant, Trevita, Agera, One:1 y Regera. Modelos únicos. Como sus clientes. Y Koenisegg también logra que estos se sientan especiales. Por eso les entrega personalmente sus pedidos e instala en los coches una aplicación que permite rastrearlos para detectar cualquier fallo. Potencia y atención personalizada con el sello (y el precio) Koenigsegg.


¿Quién tiene un Koenigsegg en su garaje?

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Floyd Mayweather (boxeador). El garaje del único exboxeador que ha sido campeón del mundo en cinco categorías es un museo del motor. Su joya es un Koenigsegg CCXR Trevita valorado en 4,8 millones de dólares y que acelera de 0 a 100 en tres segundos.

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Hans Thomas Gross (empresario). El que fuera novio de Paris Hilton también tuvo en su poder un Koenigsseg CCXR Trevita. A este multimillonario suizo pareció no importarle su precio. Lo dejó abandonado en un garage de Zúrich al mes de comprarlo.

 

Christian von Koenigsegg: los coches más rápidos del mundo son suyos

Cristiano Ronaldo (futbolista). Entre la flota de deportivos que tiene la estrella del Real Madrid destaca uno de los solo catorce Koenigsegg CCX que hay en el mundo. Se gastó 525.000 euros para presumir por las calles madrileñas de línea y sus 888 CV.