Chris Sacca, el visionario de Google que lo dejó todo

Chris Sacca tiene olfato para los negocios de éxito, y su nombre y su dinero están detrás de muchas de las startups que hoy dominan Silicon Valley: impulsó Google Maps y fue el primero que apostó por Twitter o Uber… y eso sin saber nada de programación. Ahora, convertido en uno de los mayores gurús financieros de EE.UU., ha decidido dejarlo todo.

Por VÍCTOR GODED

Pocos días antes del mayor atentado que los Estados Unidos han sufrido en su historia, el universalmente televisado ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, Chris Sacca se encontró con otra mala noticia: una llamada del departamento de recursos humanos de su empresa le anunciaba que estaba despedido. Corría el año 2001 y había perdido su trabajo como abogado en el bufete Fenwick & West.

Sacca se marchó de allí como salen quienes no anhelan dejar su puesto, triste y por la puerta de atrás, sin una sola promesa de una futura llamada ni un «tomamos un café cuando estés por la zona». En realidad, tampoco le hacía falta. Durante el último año, en el bufete, había sembrado relaciones con interesantes empresas gracias a su trabajo como encargado de transacciones de licenciamiento para clientes de tecnología. Y era el momento de exprimirlas.

Chris Sacca (Nueva York, 1975) era abogado, sí. Y de los buenos. Pero no era un letrado al uso: él veía más allá de normas, papeleos, artículos, jurisprudencia. El despido le abrió los ojos y los meses posteriores al 11-S los invirtió asistiendo a todos los eventos de networking posibles, redactando borradores de contratos que no alcanzaban los 50 dólares y desempeñando las tareas más diversas como freelance.

Siempre estaba con el teléfono en la mano y no tenía reparo en marcar el número de cualquier alto cargo que saliese en la lista Forbes para que le fichara. Era la época del estallido de las puntocom y nadie contestaba a sus llamadas. Finalmente aterrizó en una de las compañías de distribución de medios digitales más grandes del planeta, Speedera Networks. Y tuvo el privilegio de ser el último responsable de su desarrollo legal y operativo antes de ser adquirida por su máximo competidor, Akamai Technologies.

Todo ese ímpetu que le sirvió para meter la cabeza en Speedera Networks y el valor del esfuerzo los aprendió en casa, donde sus padres le inculcaron que la vida no es un camino de rosas. Durante su juventud, sus padres le organizaban unos veranos sweet and sour, que consistían en pasar la mitad de las vacaciones con actividades divertidas y la otra mitad dedicada a arduas tareas sin una pizca de ocio.

Ademas, su familia se aplicó a fondo en su educación. Chris guarda en su recuerdo los días en que sus progenitores se presentaban en el colegio sin que hubiera acabado aún la jornada escolar para llevarle a un museo de ciencias o para acudir a una presentación de un libro. Toda esa siembra paterna dio sus frutos en la época universitaria, cuando se licenció cum laude en Derecho en Georgetown después de unos semestres de trotamundos por la Universidad Católica del Ecuador, la University College Cork (Irlanda) y la Universidad Complutense de Madrid.

Un visionario en Google

El giro de guión definitivo a su carrera aconteció en 2003, cuando Larry Page le incorporó a Google, que por aquel entonces ya era la empresa más importante de Silicon Valley. Su función consistía en buscar zonas con bajos impuestos y un coste eléctrico barato donde fuera rentable levantar los nuevos centros de datos de la multinacional. Es decir, como si buscara localizaciones para una producción de Hollywood.

De película fue su ascenso dentro de la firma. No desperdició el momento y convirtió la oportunidad en una rampa de lanzamiento hasta enfundarse el traje de director de Iniciativas Especiales, desde donde manejó los proyectos más innovadores y visionarios de la marca, como Google Earth, Google VoIP y Google Maps. Susan Wojcicki, actual directora ejecutiva de YouTube y en su época su jefa, le definió así: «Se mueve siempre hacia nuevas ideas interesantes, fijando el próximo gran reto». Unos argumentos que le valieron para auparse con el Founders Award, el honor más alto que puede recibir un empleado de Google.

Sin embargo, Sacca buscó utilizar su genio en beneficio propio. En diciembre de 2007 se fue de Google –esta vez, por la puerta grande– para montárselo por su cuenta. Su órdago se llamó Lowercase Capital y buscaba financiar startups con capital de riesgo. Apenas tenía fondos, por lo que se veía obligado a involucrarse en los negocios para asegurarse de que recuperaría su inversión.

La llamada de un chaval, Evan Williams, le lanzó al estrellato. Contactó con él porque quería financiación para una idea de microblogging. Sacca le extendió un cheque de 25.000 dólares. Intrigado por cómo funcionaba esa nueva red social, escribió sobre un accidente automovilístico convencido de que se trataba de un mensaje privado. Su inocente gesto se considera uno de los primeros errores públicos en Twitter.

Ante la mayor crisis económica de la historia, Sacca se alzó como el bote salvavidas para las pequeñas aventuras empresariales. Su reputación en el sector pasó al estatus de mito cuando mantuvo la fe en sus amigos Garrett Camp y Travis Kalanick. Durante una lluvia de ideas le contaron la posibilidad de montar una aplicación para reservar coches negros que llevaran a los usuarios por la ciudad de San Francisco. Entre las risas del resto de presentes se impuso su determinación: «Contad conmigo». En la actualidad, Uber funciona en 507 ciudades de todo el mundo.


Chris Sacca: «He crecido rápido porque nunca he tenido que proteger una gran empresa» 


Le siguieron Instagram, Omnity, MakeSpace, Gumroad… A Chris Sacca le iba la marcha. Por eso se animó a participar primero como invitado y luego como colaborador habitual en el reality de la televisión americana Shark Tank. No obstante, parece que los focos han terminado por cegarle.

En la cima, considerado por The Wall Street Journal como «posiblemente el hombre de negocios más importante de América» y posicionado como número dos en la Lista Midas de Forbes en tecnología, acaba de decir «basta» en alto: «Es difícil dejar todo esto cuando las cosas van tan bien».

Su retirada de la primera línea es el último capítulo de una historia de éxito inédita. Nunca ha estudiado empresariales ni ingeniería. Su truco radica en escoger bien a sus compañeros de viaje, consolarlos cuando están decaídos y convencerles si desconfían de los riesgos: «Nunca he sentido que tenga que proteger una gran institución. Eso me ha hecho crecer más rápido que otros grandes inversores».

Ahora podrá dedicarle más tiempo a su familia, descargar adrenalina en nieve, mar y aire, prepararse el ironman o buscar otro desafío más arriesgado. Recorrer Estados Unidos en bicicleta, como hizo en 2009, se le ha quedado obsoleto.

YES, HE CAN

Para llegar a la Casa Blanca en 2008, el expresidente Barack Obama se rodeó de un equipo altamente cualificado. Y al frente de su plan de medios digitales estaba Chris Sacca. La fórmula funcionó tan bien que volvieron a juntarse para las elecciones de 2012. En esa ocasión, Sacca fue miembro del Comité Nacional de Finanzas de la campaña y copresidente del grupo Tech for Obama. Demócrata convencido, también apoyó la candidatura de Hillary Clinton y no oculta su sentimiento antiTrump. También está involucrado en causas humanitarias como el acceso al agua, la creación de parques públicos en barrios con bajos ingresos o la igualdad de género y razas.

KOBE BRYANT Y LOS CELOS

Cuando Kobe Bryant se retiró de la NBA quiso meterse en el mundo de las finanzas. Para eso contactó con Chris Sacca. Al principio, el gurú no estaba por la labor, pero el exjugador le llamaba a todas horas, hasta el punto de que la mujer de Sacca llegó a preguntarle si tenían un affaire. Al final colaboraron en un proyecto. «¿Cómo deberíamos llamarlo? ¿Mamba o algo similar?», preguntó Sacca a Bryant. «No. Quiero llamarlo ‘13’. ¿Sabes por qué? Porque no he olvidado que en su momento seleccionaron a doce cabrones antes que a mí en el draft de la NBA».

1.100 millones de dólares es, según Forbes, la fortuna estimada de Chris Sacca, lo que le coloca en la segunda posición en la lista Midas de los más ricos en tecnología.

92 son las startups en las que aún tiene inversiones Sacca. Por el camino ha vendido sus participaciones en 45, entre ellas Twitter e Instagram.

4 % es el porcentaje que Lowercase Capital posee de Uber. Mantener este porcentaje le ha costado la amistad con Travis Kalanick.