Barber & Osgerby: artífices de la belleza

Entre sus piezas figuran algunas de las más sorprendentes y revolucionarias de los últimos veinte años. Los británicos Edward Barber y Jay Osgerby aúnan como pocos diseñadores belleza, practicidad y sostenibilidad. Un libro repasa sus dos décadas de colaboración y todos sus diseños.

Por ELENA CASTELLÓ

Dirigen uno de los estudios de diseño británicos más importantes y reconocidos del mundo. Edward Barber y Jay Osgerby se conocieron en 1992, en el Royal College of Art de Londres, donde ambos estudiaban arquitectura. Pero a ninguno de los dos les gustaba realmente esta disciplina. Su primer encargo les llegó cuando todavía no se habían licenciado: se trataba del mobiliario para un restaurante.

Así nació su primera y emblemática pieza: la mesa Loop, que diseñaron para Isokon Plus. Y así nació también una colaboración profesional que, aún hoy, funciona como una simbiosis. Fundaron su estudio al año siguiente, en el apartamento de Barber. Y, tras el trabajo que había supuesto la mesa Loop, no se plantearon ninguna otra alternativa que no fuera seguir juntos. Son, como dicen, «colaboradores por naturaleza».

«Cuando eres diseñador, el concepto de colaboración flota en todo lo que haces, porque no puedes trabajar de forma independiente: necesitas un fabricante, un ingeniero, alguien que elabore y haga tus ideas posibles –explica Edward Barber–. Nosotros siempre hemos trabajado juntos; todo lo que hemos hecho ha sido en colaboración».

Pero, ¿cómo se desarrolla ese trabajo conjunto? ¿Qué aporta cada una de sus personalidades al resultado? «Ambos hacemos todo –prosigue Barber–. Los proyectos duran mucho tiempo, entre dos y cuatro años. No se trata simplemente de diseñar algo y entregarlo para que lo fabriquen: necesitas tener una muy buena idea de partida y luego investigar y pensar mucho. También necesitas ser muy persuasivo y diplomático con el cliente y entender cómo funcionan los negocios. Ambos hemos aprendido esas cosas en el camino. Podemos discutir mucho sobre los proyectos, pero al final siempre terminamos con una solución que nos satisface a ambos».

Un libro recién publicado por la editorial Phaidon, Barber Osgerby, Projects, recoge sus 21 años de carrera en un amplio y minucioso repaso de sus diseños y proyectos, desde la emblemática silla Tip Ton –sin tornillos, de plástico y apilable– desarrollada con Vitra en 2011 para una escuela secundaria, hasta la antorcha para los Juegos Olímpicos de Londres de 2012, su proyecto más popular, pasando por la lámpara Tab o el paragüero Poppins. La nómina de empresas para las que han trabajado es igualmente impresionante: Cappellini, Dedon, Hermès, Venini, Established & Sons, Vitra, Flos…

«Lo que nos gusta es ir probando cosas, empresas diferentes, nuevos materiales. La experimentación es realmente lo que nos hace seguir adelante. Pero esta es solo la primera parte de nuestro viaje. Creo, de verdad, que lo mejor es lo que está por llegar».

Desde su creación en 1996, su estudio ha crecido de manera exponencial y hoy cuenta con dos pequeñas compañías independientes: Universal Design Studio, un estudio de arquitectura y diseño de interiores que les permite trabajar en proyectos a gran escala; y Map, una consultoría de diseño industrial para evolucionar ideas y conceptos.

Todo su trabajo sigue enraizado en las dos ideas que guían su trabajo desde el principio: la posibilidad de que un objeto cambie la vida de la gente y la necesidad de que sea sostenible. «El buen diseño puede cambiar la forma en que la gente se comporta y trata el medio ambiente –dice Barber–. Hablo del diseño en un sentido amplio. Un panel solar es diseño. Una nueva tecnología y su uso para diferentes propósitos es diseño. También es diseño la tecnología que se usa para purificar agua en el Tercer Mundo. Todo eso es diseño, y todo eso cambia la vida de la gente».    

¿Y la estética también tiene su papel? «Desde luego. Cuando la gente está rodeada de objetos bellos que funcionan bien y son agradables, su vida mejora. Podemos verlo en las escuelas –explica Barber–. Cuando están bien diseñadas, el resultado es radicalmente diferente a cuando la clase es oscura o los muebles son ruidosos o incómodos».

El otro factor esencial en su trabajo es la sostenibilidad. «Todos los objetos, especialmente los industriales que se producen en grandes cantidades, deberían ser reciclables, y los que nosotros producimos lo son. Pero no se trata solo del material, tiene que ver también con el diseño del objeto: se trata de diseñar objetos que duren estética y físicamente mucho tiempo».

¿Y cómo ven su futuro? «Queremos hacer cosas que no hayamos hecho antes, un edificio, un avión, un barco, una silla… Es encontrar algo nuevo, una nueva manera de hacer algo. Eso es lo que nos hace amar el diseño», concluye Barber. Y eso es lo que nos hace amar sus diseños a los demás.